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Constitución busca eludir la decadencia

Otrora zona de clase media, hoy la dominan la prostitución y la degradación social; pero empieza a vislumbrarse un auge inmobiliario

Martes 21 de septiembre de 2010
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LA NACION
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Calle Lima, hora 20. Acaba de comenzar la fase oscura del barrio de Constitución, un territorio estragado, caído, demolido por la mala publicidad y que, a todo esto, ahora espera un milagro inmobiliario, luego de no pocos años de degradación social y de deterioro urbanístico.

De día unas 700.000 personas y 42 líneas de colectivos transitan la zona, de noche aparece la fase oscura del barrio, prostutución, drogas, peleas callejeras y delincuencia. Foto: LA NACION / Marcelo Omar Gómez
Una Barrio que ha ido decayendo con el correr de los años intenta ahora convertirse en un boom inmobiliario. Foto: LA NACION / Maxie Amena
El bar Quita Penas, atiende con rejas, y deja entrar solo a los parroquianos, trabajan las 24 hs, el dueño asegura que hay mucha vagancia. Foto: LA NACION / Marcelo Omar Gómez
Constitución reúne  a argentinos, peruanos, bolivianos, senegaleses y dominicanos, un crisol multicultural. Foto: LA NACION / Maxie Amena
El bar Quita Penas, atiende con rejas, y deja entrar solo a los parroquianos, trabajan las 24 hs, el dueño asegura que hay mucha vagancia. Foto: LA NACION / Marcelo Omar Gómez
Una zona recientemente refaccionada, sus plazas y las misma estación de trenes fueron remodelados con la intención de que un crecimiento inmobiliario mejore el barrio. Foto: LA NACION / Maxie Amena
La plaza ubicada frente a la estación de trenes alberga a vendedores, vagos y cartoneros durante todo el día. Foto: LA NACION / Fabián Marelli
La enorme iglesia también está siendo refaccionada, el auge del barrio decayó en los años 80 y la clase media que la habitaba migro hacia otros barrios. Foto: LA NACION / Maxie Amena
Los puestos de venta de diferentes artículos permanecen abiertos las 24 hs. Foto: LA NACION / Fabián Marelli
El metro cuadrado en Constitución tiene uno de los costos más bajos de la Capital. Foto: LA NACION / Maxie Amena
La calle Brasil es considerada una frontera entre la salud y la enfermedad, allí se encuentra una de las bailantas más grandes de Buenos Aires. Foto: LA NACION / Fabián Marelli
Bajo la autopista 25 de Mayo, las mejoras realizadas sobre las veredas y las plazoletas suavizaron el paisaje que, de todos modos, alberga a muchos cartoneros que duermen en la calle. Foto: LA NACION / Ricardo Pristupluk
La prostitución es una postal permanente durante todo el día, sólo que en la noche se incrementa. Foto: LA NACION / Marcelo Omar Gómez
Grandes inversores comienzan a apostar a Constitución, allí se encuentran los más viejos y lindos edificios de la Capital. Foto: LA NACION / Maxie Amena

Un plato de mondongo viaja humeante por la barra de la fonda Quita Penas. José Toffoletti, encargado del lugar, aprieta un botón para abrir la reja que habilita el ingreso a un parroquiano. "Hay mucha vagancia y cirujas; trabajamos 24 horas, pero con rejas porque todo está muy mal", acota. En la rocola suena fuerte alguna cumbia y una pareja abrazada se miente bajito lo mucho que se quiere. Cae la noche. Constitución despierta sus demonios. La marginalidad y la inseguridad laten en el ambiente.

"Si antes había 10 travestis, ahora tenés 10.000", dice Héctor, propietario, desde hace 40 años, de una veterinaria sobre Pavón. Baja las persianas muy temprano para el estándar de Buenos Aires. Enfunda sus cosas y se apresta raudo a partir. "Después de las ocho es complicado y todo es más evidente; por eso me voy temprano; acá no te van a cortar el cogote o a meterse en tu casa como en otros lugares, pero el ambiente es denso", explica.

Constitución es un territorio por el que transitan 42 líneas de colectivos y unas 700.000 personas van y vienen de la estación de tren. De día es un caos de tránsito y una escala obligada de los trabajadores del conurbano.

El crisol multicultural reúne a argentinos, peruanos, bolivianos, senegaleses y los últimos pasajeros: los dominicanos de la calle Santiago del Estero, que están abocados al arte de la peluquería. "Nosotros hacemos una comunidad y generamos trabajo; no sólo somos marginales", aclara Benjamín, uno de ellos.

Llegar al "Bronx"

Todos, incluso los más bravos del barrio, señalan la calle Brasil como la frontera entre la "salud" y la "enfermedad". Allí está Radio Studio, la bailanta más grande de la Capital, que abre el viernes y cierra el domingo, después del mediodía. "Es cuando la policía sale a juntar los cadáveres", dice Roberto, un vecino que advierte sobre esa frontera a la que denomina el "Bronx".

La estación de tren restaurada hace pocos años tiene su propio latir nocturno. Los vendedores callejeros de factura barata y chipá; los quiosqueros madrugadores que esperan el camión; los pasajeros que quedaron colgados y esperan el primer tren de la mañana; borrachos y peleadores; mendigos y vagabundos, y policías a punto de iniciar o terminar su turno conforman la pequeña y mutante población de ese microcosmos porteño.

Cuando salga el sol, esto será otra vez un hervidero de gente.

Bajo la autopista 25 de Mayo, las mejoras realizadas sobre las veredas y las plazoletas suavizaron el paisaje que, de todos modos, alberga a muchos cartoneros que duermen en la calle (detrás de la estación están los acopios de cartón). La plaza que está frente a la terminal hace seis meses que está en remodelación.

"Hay que adaptarse a vivir acá y por ahí hay que explicarles a los chicos qué es un travesti y esas cosas, pero no es peor que otros lugares", desmitifica Carlos Suárez, antes de ingresar en un edificio antiguo.

La cara social más conocida de Constitución es la prostitución, los travestis, la droga (léase paco), las peleas y los robos menores.

El metro cuadrado en Constitución es uno de los más bajos de la Capital: 1270 dólares, según el último informe de Reporte Inmobiliario, contra los 1965 dólares, promedio, de los barrios del Norte.

A unas 20 cuadras del Obelisco, entre San Telmo (US$ 1440) y Barracas (US$ 1530), este barrio fue alguna vez el lugar de la clase media alta porteña. Primero, por la fiebre amarilla, y después quién sabe por qué, los vecinos migraron hacia otras zonas. Detrás de ellos dejaron fastuosos edificios estilo francés, difíciles de encontrar en otros lugares de la ciudad. Hasta hace 30 años la zona todavía albergaba mayoritariamente familias de clase media, pero a comienzos de los 80 el deterioro comenzó a acentuarse y en los últimos años el barrio se mantuvo al margen del auge de otras zonas, como San Telmo.

Pero hay varias capas ocultas bajo la piel de este barrio. Esta zona podría transformarse en una oportunidad inmobiliaria. Suena raro. Pero para quienes no se ahuyentan fácil, mantienen un espíritu de aventura y buscan el batacazo, este barrio puede resultar una ganga.

Goyo Anchou, de 37 años, es uno de los nuevos habitantes del barrio. Dice que con la venta de un departamento pequeño en zona norte se compró hace un año un piso de 120 metros cuadrados. El barrio no lo asusta. Incluso lo entretiene. Sabe que no es para cualquiera. "Si sos una señora paqueta, no te lo recomiendo, pero si sos joven y un poco bohemio, es el mejor lugar para vivir", dijo Anchou, que recomienda la pizza (sin queso) de La Napolitana, al lado de la estación de tren.

"Palermo no tiene la calidad de construcción de acá. Yo creo que es una cuestión ciudadana comprar y venir a vivir a Constitución para preservar el barrio y cambiarlo", invita, y agrega: "A los turistas les encanta porque no escuchan los prejuicios de los taxistas y lo que buscan es justamente aquello de lo que huyen los porteños".

Uno de los emprendimientos que llaman la atención es Torres de Pavón. Donde había un antiguo hotel, una desarrolladora acaba de poner en venta coquetos departamentos con amenities . En una esquina antigua, también, la empresa CI&R remodeló una vieja edificación. Los carteles de venta abundan. En parte, porque mucha gente decide irse del barrio y en parte porque los viejos habitantes del lugar ya no están. Pero el fenómeno es aún incipiente. "El segmento de los usuarios particulares que podrían irse a vivir allí no tienen acceso a créditos. Y las desarrolladoras basan sus inversiones en el aspecto más importante hoy, que es la seguridad. Esa zona todavía no lo tiene", opinó el director de Reporte Inmobiliario, Germán Gómez Picasso.

El barrio, de todos modos, atesora algunas perlas: Les Anciens Combattants, uno de los mejores restaurantes franceses de la ciudad; el Arte Cinema, un complejo para cinéfilos, casi palermitano, y la gran feria del barrio: un vergel de productos frescos.

Los habitantes de Constitución, un territorio que comprende 70 manzanas a escasas cuadras del centro de la ciudad de Buenos Aires, luchan entre la decadencia y el sueño de un nuevo esplendor. Hace mucho tiempo que esperan.

VISIONES

"Hay mucha vagancia y cirujas; trabajamos 24 horas, pero con rejas porque todo está muy mal"

JOSÉ TOFFOLETTI Encargado de una fonda

"Si sos joven y un poco bohemio es el mejor lugar para vivir"

GOYO ANCHOU Nuevo vecino del barrio

"Las inversiones se basan sobre el aspecto más importante que es la seguridad. Esta zona todavía no lo tiene"

GERMÁN GÓMEZ PICASSO Director de Reporte Inmobiliario

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