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Enfrentamiento de violencias guardadas

Una noche campestre que no resulta lo esperado

Domingo 26 de septiembre de 2010
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Basavilbaso (el sueño terminó). Dramaturgia y dirección: Andrés Binetti. Elenco: Malala González, Alejandro Lifschitz, Pablo Sciolini y Mariano Saba. Escenografía: Martín Escape. Asistente de dirección: Ezequiel Lozano. Sala: Abasto Social Club. Funciones: sábados, a las 23. Nuestra opinión: buena.

El teatro de Andrés Binetti es de una singularidad arrolladora cuando uno compara sus producciones con lo que habitualmente se ve en los escenarios porteños. Su teatro es una reflexión permanente sobre los otros, sobre aquello que desde la ciudad de Buenos Aires consideramos diferente.

Es por eso que uno de los ámbitos en los que se mueve con soltura es el campo. Llanto de perro fue, en este sentido, uno de sus espectáculos más memorables, ya que supo mirar y representar el ámbito campestre sin ningún tipo de idealización ni forzamiento cultural. El teatro es una de las disciplinas artísticas más claramente urbana y por ello mismo más hostil para con el ámbito gauchesco y campero, más allá de que tengamos algunos muy buenos ejemplos en nuestra historia.

Trabajo actoral que refleja bien la idea del director
Trabajo actoral que refleja bien la idea del director.

Ahora el campo vuelve a ser protagonista en esta nueva pieza de Binetti, pero no es lo que denominamos "campo abierto" sino, muy por el contrario, una versión dibujada del campo para que la disfrute el turista porteño tomando unos días de campamento. Allí, en el camping de Basavilbaso, va a pasar un fin de semana romántico una pareja, Néstor y Osvaldo, que no hace mucho tiempo se conoce. Ese breve viaje romántico tendrá algunas irrupciones con diverso grado de violencia. Primero llega a la parcela inmediatamente contigua Mecha, una joven artista que, guitarra y cámara en mano, viene dispuesta a filmar un corto experimental de dudoso valor artístico aunque fuertemente expresivo. Pero ella no será lo más violento que ocurrirá esa noche. Porque de pronto hará su aparición un típico hombre de campo, con su lenguaje, sus modismos y su protagónica escopeta.

Estos enfrentamientos entre distintos tipos de subjetividades harán que salga a la luz la violencia que cada uno de ellos oculta con particular sigilo. En tal sentido una de las cuestiones más importantes que trabaja Binetti es que no se comporta con "demagogia" hacia ninguno de los grupos humanos con los que trabaja. Cada uno de ellos es visto de manera compleja y sin falsos perdones ni justificaciones.

Los actores comprenden a la perfección las indicaciones de Binetti y por sobre todo Mariano Saba, que es quien debe traer lo siniestro a la escena al tiempo que aporta la mayor cuota de comicidad en una platea porteña sorprendida frente a la diferencia.

El mayor problema es que por momentos el texto pierde el rumbo y no alcanza a profundizar ciertas situaciones a la vez que no encuentra los nexos dramatúrgicos que puedan sostener el realismo con el que fue abordado el espacio.

Federico Irazábal

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