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Huracán fue el de siempre, a pesar de Brindisi

El debut del DT no cambió la realidad del globo, que igualó 1-1 con Godoy Cruz; los mendoncinos jugaron con 10 y merecieron ganar

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LA NACION
Lunes 27 de septiembre de 2010
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"Mirá, mirá, ese señor que es tan aplaudido -señalando a Miguel Ángel Brindisi- fue campeón con Huracán en 1973, es un hijo pródigo de la casa, que vuelve para ser nuestro técnico. Ojalá los jugadores puedan interpretar su mensaje y jugar como aquel equipo." Pleno de entusiasmo, el abuelo trataba de explicarle a su pequeño nieto, que lo miraba con cara de asombro en la platea local, sin entender los aplausos que premiaban el ingreso al Tomás Ducó de Miguelito -como lo conocen en Parque Patricios-, el inicio de su segundo ciclo como entrenador del Globo, luego de su experiencia en el Apertura 2002 y Clausura 2003. El niño, que empezó despierto, mirando todo con ojos vivaces contagiado por el fervor de los hinchas, terminó dormido en los brazos del abuelo, que ya no mostraba la ilusión del comienzo y despotricaba a los cuatro vientos ante el menor error de algún futbolista local.

En la cancha quedó demostrado que ayer se enfrentaron dos equipos con distinto rodaje. Uno, Godoy Cruz, que a pesar de otorgar la enorme ventaja de jugar con un jugador menos desde los 15 minutos, por la expulsión de David Ramírez, una pieza vital en su estructura, nunca se dio por enterado de que estaba con un futbolista menos y mereció irse con los tres puntos, por su actitud de intentar siempre. El otro, Huracán, mostró los viejos problemas en los que deberá trabajar Brindisi: ventajas en defensa, un medio campo sin dinámica ni precisión y delanteros a los que la pelota les llega sucia , con pocas posibilidades de lastimar en el área contraria.

Antes de su salida del campo de juego, Ramírez dejó su sello con un remate cruzado que chocó contra un poste, pero luego reaccionó ante un manotazo que le arrojó en un cruce Gastón Machín, al que bajó con un foul.

Con un hombre menos, Godoy Cruz modificó su esquema, sin perder protagonismo. El colombiano Jairo Castillo, habitual delantero, retrocedió unos metros y se convirtió en la manija por su experiencia. Así, llegó el penal de Ezequiel Filippetto a Leonardo Sigali, en uno de los pocos aciertos del árbitro Diego Abal. Castillo, tras el rebote que otorgó el arquero Gastón Monzón, anotó con un toque de zurda. Huracán era puro desconcierto, y cuando menos lo esperaba, llegó un regalo del otro guardavallas, Nelson Ibáñez, al que se le escapó la pelota como un jabón al intentar descolgar un centro; Machín sólo tuvo que poner la cabeza.

En la segunda etapa, Brindisi intentó con los cambios aprovechar el hombre de más, pero Huracán siguió sumido en la intrascendencia y los nervios -sólo inquietó con un cabezazo de Roly Zárate-, y al final rescató un punto por los reflejos de Gastón Monzón, que tapó un cabezazo de Leonardo Sigalli, y un remate en soledad de Villar.

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