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Crónicas del país/San Nicolás

Gladys Motta dice que sigue recibiendo mensajes de la Virgen

Información general

Por Mariano Wullich
(Enviado especial)

SAN NICOLAS.- Su vida es un misterio convertido en mito. Sólo su familia, los vecinos y la gente de la iglesia conocen su cara. Trata de no mostrarse y cuando lo hace se mezcla entre la multitud como una peregrina más.

No habla de sus cosas casi con nadie. Y menos con el periodismo. De vez en cuando se acerca al padre Carlos Pérez y le revela algunas de sus videncias. Esta mujer, casada con un jubilado de la ex Somisa, con dos hijas mayores y nietos, tiene 62 años y sigue con su actividad como ama de casa.

La misma que tenía el 25 de septiembre de 1983, cuando su vida cambió por completo. Dicen que estaba en su habitación, rezando, con un rosario entre las manos. Ella contó que se le apareció una virgen y le hizo gesto como para entregarle algo, acaso su propio rosario.

De allí en más se convirtió en una suerte de mensajera de María, cuyo principal pedido relata que fue el siguiente: "Cerca tuyo quiero estar, el agua es una bendición. Soy la patrona de este lugar y me harán un santuario. Cumplid mi palabra."

El mensaje indicaba que su imagen quería estar frente al majestuoso río Paraná y no guardada debajo del campanario de la basílica.

Entonces, Gladys Herminia Quiroga de Motta, porque de ella se trata, se dirigió a la iglesia, contó sus experiencias, que de allí en más no dejaron de repetirse, y describió la imagen de la Virgen. Era la misma que desde el siglo pasado estaba allí escondida.

Lo cierto es que el domingo próximo se cumplirán diez años de la creación del santuario, cuando la imagen de la Virgen del Rosario de San Nicolás pasó a tener su propio templo, que se levantó en un lugar conocido como El Campito y que es visitado por más de 140.000 fieles todos los meses.

Así, por las videncias y revelaciones de Gladys Motta, San Nicolás dejó de ser la Ciudad del acuerdo (por la Asamblea Constituyente de 1852) o la Ciudad del acero (por sus industrias metalúrgicas), para convertirse en la Ciudad de la Virgen.

La casa de Gladys Motta sigue estando en el mismo lugar, en Pasaje Figari 122, a 50 metros del gran santuario. Claro que ya no está media desolada como hasta 1983, sino que hoy se encuentra rodeada de santerías, florerías, más de 80 puestos ambulantes que venden rosarios, vírgenes y estampitas y quioscos de choripanes y parrillas que ofrecen un tenedor libre por siete pesos.

Las procesiones por allí son incesantes, pero nadie puede advertir a Gladys: "Es que ella a veces sale y, como no la conocen, la gente no se da cuenta", contaba un mozo de una parrilla, mientras señalaba la casa en donde muchos se acercan a dejarle cartas bajo la puerta Al sonar del timbre se asoma el marido: "Gladys no está y no atiende a periodistas". Quien habla de ella es el rector del Santuario, el padre Carlos Pérez.

"Gladys es sólo un instrumento de Dios y todo instrumento cuando más oculto esté es mejor. Además se le aconsejó que tomara una conducta de no expresarse por protección de ella misma".

El padre Pérez aclara:"Gladys tiene el don de la videncia, pero eso no significa santidad. La iglesia en este caso ha sido muy cautelosa, porque es su obligación discernir, distinguir, moderar y estudiar los casos. Yo estoy seguro de que la imagen se le apareció, porque además los estudios en ella reflejan una personalidad normal, auténtica, con mensajes que se atienen a la fe, con infinidad de testimonios. Pero, fundamentalmente, por lo frutos que quedaron, por la conversión de la gente y por el acercamiento de miles de fieles de todo el mundo hacia la Virgen del Rosario de San Nicolás.

-¿Gladys le cuenta que sigue recibiendo mensajes?

-Ella me señala que sigue recibiendo mensajes y que la Virgen le reitera pedidos de fe, de oración, de amor o de fidelidad al señor.

-¿Cuál fue el impacto, en una comuna con tanta devoción por su virgen, de la muerte del chico que cayó en el pozo?

-Fue una situación trágica en tantos años de gracia. La virgen se apersona en donde más la necesitan y, humildemente, creo que este lugar fue elegido por Dios. Porque a la virgen la veneramos, pero a Dios lo adoramos. Le repito, lo importante es la conversión de la gente. No es sólo venir a ver a la virgen, sino amarla. Felices son los que creen sin ver.

-El día que a Gladys le llegue el llamado de Dios, ¿sus restos tendrán un lugar junto al santuario?

-Que Dios le dé años de vida, lo demás que lo resuelva el obispo.

Afuera, lejos de los testimonios del padre Pérez, miles de fieles vienen a orar por María, que en la imagen de una antigua virgen, reconvirtió multitudes. Mucho tuvo que ver Gladys Motta, la que dice haber visto, la mujer común a la que la gente le creyó. .

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