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Serrat, amigo de la vida

Revista

Una charla imperdible con el artista catalán; "América latina forma parte de mi mundo cercano", aseguró

El encuentro era en el hotel de Puerto Madero donde se alojaba. Apenas apareció, saludó cariñosamente a todos los presentes, pidió un agua sin gas y empezó la charla. Se puede decir que Serrat está acostumbrado a ser muy amable, aunque tiene fama de cabrearse. Trata de tomarse cierto tiempo para descubrir a su interlocutor. Intenta descifrar qué busca con las preguntas, adónde quiere llegar. Y una vez que lo tiene más o menos claro, fluye... se relaja.

Se lo ve confortable en sus jeans azules, camisa y saco. Bien físicamente, sin un gramo de más ni uno de menos, pocas arrugas, alguna marca de la vida. Al filo de los 67 años, puede darse el lujo de presumir. Porque encanta aunque no cante.

Para más de una generación, no sólo es cantante, poeta, músico: es un símbolo. En el corazón y en la cabeza de tantos, Joan Manuel Serrat es sinónimo de coherencia, de heroísmo. De este ensamble difícil entre los pensamientos y las actitudes. Fuimos su novia con La mujer que yo quiero; su mujer, su compañera de lucha, con Para la libertad; su madre, cuando lo operaron de cáncer, y su hija, con Las dos Españas.

Serrat siempre parece tener una palabra "afinada" en un mundo de desconcierto. Nacido el 27 de diciembre de 1943 en el seno de una familia obrera, de muy joven se recibió de perito agrónomo. En 1965 se presentó por primera vez en público. Fue prohibido durante el franquismo y se exilió en México. Tras la muerte de Franco regresó a España.

-Con los años te has convertido en un amigo, en un símbolo, en alguien que ha acompañado la vida de mucha gente.

-Personalmente, no tengo ningún interés en simbolizar absolutamente nada. Entre otras cosas, soy una persona muy generosa y muy tolerante con los pecadores; y lo hago en defensa propia. Quiero decir que trato de manejar mi vida de la manera en que me sienta más cómodo conmigo mismo. De la misma manera como escojo la ropa en función de evitar los inconvenientes, es decir, la busco por su comodidad, no por su elegancia. Elijo la ropa para un manejo despreocupado y, sobre todo, huyendo siempre de todo lo que pueda simbolizar. Y en la vida hago más o menos lo mismo: cuando tengo que escoger entre dos caminos, normalmente tomo aquel en el que me siento más a gusto conmigo mismo... Llevo mucho rato presumiendo de esto [se sonríe por su conclusión a modo de chiste].

-También puedes presumir de haber seducido a hombres y mujeres a lo largo de tu vida. Fontanarrosa lo dice claramente en un texto.

-[Con humor] Es un poco confuso esto.

-Pero, como diría Woody Allen, ¿es malo o bueno para el pueblo judío?

-[Se ríe con gusto] He tenido la suerte de no ser un artista varón que provocara en el resto de los varones una excesiva envidia o celos. Esto me ha hecho sentir bien, porque lo contrario me hubiera hecho sentir incómodo. Aunque no me hubiera hecho cambiar mis hábitos [se ríe otra vez].

-Si de cambiar hábitos se trata, ¿te sientes más sabio con los años, menos discutidor?

-Que discutes menos, es evidente. Pero es que uno discutía por muchas estupideces. Estupideces. Estamos rodeados de estupideces. Discutía por cosas que son absolutamente prescindibles y que no van a modificar nada de todo lo que te afecta, fundamentalmente del entorno: cada quien tiene estas cosas prescindibles y cada quien sabe de las que quiere prescindir. De cualquier manera, sigue habiendo gente muy discutidora.

-¿No es tu caso?

-No. Otra cosa diferente es que pueda indignarme. Aquello que me cabreaba hace un tiempo me sigue cabreando. Y aquello que me indignaba me sigue indignando. Frente a eso, lo que trato de hacer es actuar de una forma más serena. En lugar de embestir el muro con la cabeza, trato de buscar dónde el muro es más débil para ver dónde pego el cabezazo con la sana intención de hacerme el menor daño posible en la cabeza.

Joan Manuel Serrat tiene un dominio perfecto de la lengua. Lo sabe, y le encanta hablar. Y si hay preguntas que le interesan menos que otras, las aprovechará para encontrar, de todos modos, siempre algo interesante para decir.

-Tu amigo Jesús Quintero te ha hecho un reportaje en el que hablabas de América latina. Incluso te acordabas de una frase de Herminio Iglesias: "Conmigo o sinmigo".

-Muy famosa. Fue antes de las primeras elecciones después de la dictadura aquí.

-Pero estás muy al tanto de lo que pasa en América latina.

-Estoy al tanto de lo que pasa en el mundo, en mi mundo. Y América latina forma parte de mi mundo cercano. Lo raro sería lo contrario: después de tantos años, tantos amigos, tantos sentimientos, tantas contradicciones, tantos amores, tantos sueños, no tener la vida comprometida con esta realidad. Raro sería, muy raro.

-¿Cómo percibes esta España que se ha complicado tanto con la crisis?

-Todas las democracias occidentales están complicadas, con un proceso de crisis económica muy dura. Un proceso que va a ser bastante más largo que lo que en principio los optimistas podían prever, y que por tanto para resolverlo harán falta medidas más duras que las que a todos nos gustaría.

-El dinero, los bienes materiales, ¿se han convertido en un objetivo en sí mismos?

-No: el dinero ha sido importante para el mundo desde el momento en que se planteó como el único símbolo del progreso. Es decir, tú tienes dinero, tú has progresado; tú tienes dinero, tú tienes estatus; tú tiene estatus, entonces esto es tuyo. El dinero ha dado el vellocino de oro que esta sociedad buscaba; no exclusivamente la española, sino la europea y todas sus derivadas latinoamericanas, es decir, todas las sucursales latinoamericanas. Para la América de la montaña, la América andina, o la que vive y viene de otras culturas -dentro de este maltrato y este abandono histórico que ha sufrido-, quizás estas sean historias que la afecten muy poco. Porque, como nunca recibieron nada, no notan la diferencia con la crisis económica.

-¿Estamos hablando de Bolivia y de Evo Morales?

-Sí, podemos hablar de Bolivia, pero también de Ecuador, de Guatemala, y de toda América Central, de buena parte de México; podemos hablar, desgraciadamente, de muchos países.

-Algunas verdades en las que uno creía en los años setenta hoy ya las relativiza.

-Recuerdo que allá por los años ochenta, cuando los primeros días del gobierno de Felipe González, las fuerzas reaccionarias del país [irónico], siempre tan solidarias, trataron ya de boicotear las primeras andaduras del presidente. Entonces soltaron lo que se llamó la teoría del desencanto. Quiere decir: empezaron a extender en los medios de comunicación que les eran propios y fieles que el pueblo español estaba evidenciando desencantarse. Y ya lo hicieron correr mucho antes de que nadie tuviera tiempo de encantarse de nada. Entonces, volviendo a lo que hablábamos, antes de desencantarse hay que encantarse. Y para encantarse tienen que pasar cosas encantadoras. Yo, en estos momentos, no me siento en esa situación. Creo que los gobiernos democráticos que se juntan estos días aquí, los ministros de Educación que se juntan aquí, tienen un momento muy bonito, un momento importante para ir un poco más allá de las palabras. Deberían hacer que podamos creer, confiar en las palabras bellas -que sin duda dirán-, y plasmar en hechos concretos los primeros pasos para que la educación pueda arrancar, ya que siempre es y será una piedra angular del progreso de cualquier pueblo.

-Hablemos de música. Serge Reggiani y Paco Ibáñez se asemejan a ti en el uso de las palabras. No encuentro muchos otros intérpretes, compositores, que tengan este sentimiento y les den tanto valor a las palabras. A veces, más que a la música...

-Yo canto canciones. Y las canciones están hechas de ambas cosas. No cantaría nunca canciones vacías, por muy hermosa que fuera la música; pero tampoco pretendería hacer una canción de un hermoso texto si detrás de él no hubiera una melodía que lo sostuviera con dignidad. Una cosa va con la otra. Las palabras son importantes, muy importantes. Por eso duele tanto ver cómo el mal uso de las palabras les hace perder poco a poco el sentido.

-Pero hay en tu forma un despliegue interesante del lenguaje: usas las palabras como si fuesen condimentos de una receta.

-Antes era así, ¿no? Pero ese es el sentido, para mí, de juntar palabras. Si puedo juntar palabras, que sea para conseguir esto.

-Hay una frase maravillosa que dijiste en aquel reportaje de Jesús Quintero, en relación con tu matrimonio: "De vez en cuando el agua bendita de la pasión salpica". Es difícil conjugar el paso de los años con la pasión.

-Pensar otra cosa es vivir en una falacia. Una relación de pareja, lo primero que tiene que tener para serlo es claridad, transparencia. Y no puede existir si tú no quieres a la otra persona. Y en el querer aparece un abanico muy amplio de posibilidades. Va desde el afecto más fraternal hasta la lujuria más desbordante. A lo largo de todo este abanico se mueve una relación de pareja que, cuanto más clara y más generosa y más respetuosa sea, mejor.

-Todo muy bonito. ¿Y cómo renovar la pasión y la adrenalina?

-Depende de las personas y de algo tan sencillo como es el conocerse uno al otro. [Piensa el tema, casi como pensando en voz alta] Qué buscará cada persona en la otra, ¿no? Si lo tiene, es fácil todo; si no lo tiene, no. Hay muchas cosas que pueden ir en contra de esto. La primera es reconocerse a sí mismo: reconocer quién eres, qué eres, qué edad tienes, qué esperas de la vida exactamente, hasta qué punto estás dispuesto a hacer el ridículo por tus pasiones.

-¿Has dejado de tener miedo de hacer el ridículo por tus pasiones?

-Nunca he tenido miedo al ridículo por las pasiones. Es como matar a un oso: son cosas que sólo he visto en el cine [risas].

-Hace unas semanas estuvo en Buenos Aires Daniel Barenboim. Antes de tocar la Sinfonía Inconclusa, de Beethoven, dijo que luego de interpretarla no había nada más que agregar. ¿Cuál es tu sinfonía inconclusa? ¿En qué momento ante un tema sentiste que no había más nada que agregar? ¿Con Mediterráneo?

-Sí, pero una canción es una cosa puntual; no es una sinfonía. Y, además, no existe una canción que lo contenga todo. Cada día una canción determinada tiene un espíritu diferente y se te presenta de una manera diferente; cada día tú estás diferente, y las cosas te llegan de una manera distinta. Hay días en que se ajustan más unas cosas a las otras. Pero lo que normalmente me ocurre a mí con respecto a la música es que, siendo una persona feliz con lo que he hecho, lo que más me conmueve musicalmente siempre es ajeno. Lo mío forma parte de una conmoción personal, que cuando toco me aparece y me devuelve al sitio donde escribí la canción, y a muchas cosas. Vivo la canción por lo que la canción representa y por lo que somos, por la relación simbiótica que tenemos la canción y yo. Pero es más natural que me ocurra esto escuchando o cantando canciones de otros.

-¿Por ejemplo?

-Muchas, soy muy emotivo.

-Acepto de buena gana que no me des nombres. ¿Dónde escuchas música?

-Probablemente donde menos tengo música sea en el auto, donde me gusta escuchar los programas políticos y deportivos. Normalmente, escucho música en mi casa, sentado, y escuchando música: nunca la pongo mientras hago otras cosas.

-¿Y qué escuchas?

-Lo que me apetece. Hoy por la mañana me he levantado y he salido a comprar. He tenido un impulso determinado de salir a la calle a comprar el concierto de violín y orquesta de Tchaikovski, porque quería oírlo. Es muy raro: ¿por qué ese concierto? No lo sé. Pero otros días me da por escuchar algo que, si lo tengo en mi casa, lo escucho, y si no, lo voy a buscar. Como no podía bajármelo de Internet, he tenido que salir prácticamente en calzoncillos a comprar el disco.

-¿Cómo es tu cotidianidad en Buenos Aires?

-No: yo no uso cotidianos.

-¿Perdón?

-Hay cosas que se parecen, pero me niego a tener cotidianos. Lo que ocurre es que cuando entro en época de trabajo, todo el día se convierte en día de composición. Voy saliendo a partir de mis necesidades físicas de orearme, de respirar, de caminar o de alejarme de las cosas en que estoy. Pero no: no tengo cotidianos.

-¿No desayunas a determinada hora?

-Más o menos. Yo desayuno con mi perro. Pepe y yo desayunamos lo mismo. El come su comida, pero desayuna conmigo. Es un poco elástico. Puede ir de las 8 a las 10.

-¿Cambió algo tu cabeza desde la operación, con la enfermedad? ¿Estás más temeroso o más intrépido?

-Mira, yo subo a los aviones absolutamente inconsciente de los riesgos. Nunca pasé miedo en un avión, lo que muestra el grado de inconsciencia que tengo. Tengo muchos amigos médicos y he visto lo reacios que son a operarse, seguramente porque saben lo que pasa. En cambio yo no tengo ningún inconveniente. Cuando me dicen "usted se tiene que operar", soy diligente y trato de hacerlo lo más rápidamente posible, porque quiero estar bien lo más rápidamente posible. He pasado dos cánceres y distintas historias. Pero, bueno, afortunadamente estoy recuperado. Y lo único que quiero a partir de esta historia personal es transmitir a los que están en una situación parecida un aire optimista para enfrentar lo que les suceda, porque en la medida en que lo enfrenten así tendrán más recursos.

-¿Hay cosas que te ilusionan y que todavía no has hecho?

-No, las que puedo decirte son las cosas que me hubiera gustado hacer y no haré jamás en la vida.

-Como dice Alejandro Dolina, ya no puedes ser diez de Boca.

-[Se ríe] Exactamente. Esas son las cosas definitivamente perdidas, y de éstas no voy a hablar, porque corresponden al mundo de la intimidad y de lo oculto de uno, que dejaría de ser maravilloso en el momento en que lo contara. Las cosas que yo he querido hacer, mejor o peor, las he hecho.

-¿Hay algún momento más luminoso que otros en tu día?

-Cuando me despierto, me entra un grado de felicidad pensando que sigo vivo, que todavía estoy aquí. Como le pasaba a Trotsky, que se despertaba y, feliz, salía de la cama gritando: "¡Stalin me concedió un día más de vida!".

-Debía de ser doloroso e interesante al mismo tiempo, ya que cuando estaba en México compartía amores con Frida Kahlo. No la pasaba nada mal.

-No se puede pasar bien cuando tú estás amenazado de muerte y no sabes cuándo te van a matar. Todos tenemos este monstruo que intenta que no exista más ese día. Entonces, yo abro los ojos y digo: ¡otro día más!

-¿Quién es tu Stalin hoy?

-No tiene cara ni tiene nombre. Ni tengo ningunas ganas de preocuparme por qué cara o qué nombre tiene. Sencillamente, creo que sin duda soy yo mismo. Es otra parte de mí mismo.

-¿Has percibido el cambio de actitud de las jovencitas cuando pasan de mirarte como guapo y te llaman señor?

-¡Sí! Lo que pasa es que el espejo es la realidad. Y en el alma tú tienes otro que no coincide con el espejo. No coincide hasta el día en que asumes que el del espejo no sólo es la realidad, sino que es la realidad imposible de modificar. Entonces, te gastas el dinero en cirujano plástico o te gastas el dinero en cosas mucho más divertidas.

-¿Has ido al cirujano plástico?

-¡No! Yo me he gastado el dinero en placeres terminales. Y no soy muy excesivo.

-¿Sos un señor que cocina?

-No, no, mi mujer cocina muy bien, y a veces me deja cocinar a mí. Yo sí cocino; el problema está en que soy un poco desordenado en mi cocina, lo cual a mi mujer no le gusta. Por eso tengo que esforzarme mucho, no sólo en lo que cocino, sino en aprender el orden de la cocina. Pero estoy en ello: soy un muchacho aplicado.

-Perteneces a una generación que no cocinaba ni cambiaba pañales.

-No: yo sí cambié pañales. A mi primer hijo, Queco, no lo vi prácticamente, y a mi primera hija la tuve con treinta y cuatro años, cuando ya había pañales absorbentes. Sí, muchas noches. Y he dado biberón. Y hago las camas de mi casa. Los sábados y domingos, cuando no está la muchacha, las hacemos nosotros.

-¿Y has llevado el desayuno a la cama?

-¿A mi señora? Pues eso ya es vicio.

-Hace poco le hicieron una entrevista a Fidel Castro en la que dijo: "El modelo cubano no funciona ni para nosotros".

-Ese hombre lo tiene claro. Pero ha tardado mucho en decirlo. Yo creo que hace tiempo que lo sabe; bendito sea que lo haya dicho y bendito sea que todo esto represente un paso adelante para que el pluralismo político pueda hacerse realidad en Cuba.

-¿Lo de Chávez es una democracia?

-Es un personaje curioso, que adopta la personalidad de Simón Bolívar modificada; porque mientras Bolívar era preferentemente esclavista, descubrimos que Chávez adoptó un Simón Bolívar que es liberador de los negros. Pero estos son usos y manipulaciones a los que los políticos, y los civiles también, nos tienen bastante acostumbrados.

-Luego de visitar tanto la Argentina, ¿has podido entender al peronismo?

-No, ni los peronistas lo entienden. Nunca me he sentido más tonto que otros por no entender bien el abanico del peronismo.

VISITA INMINENTE

Serrat vino en septiembre a Buenos Aires para el acto de apertura del Congreso Iberoamericano de Educación. Volverá el mes próximo para presentar su último álbum, Hijo de la luz y de la sombra, en el que evoca al poeta Miguel Hernández. Los shows serán el 25, 26, 27 y 28 de noviembre en el Gran Rex, y cerrará la gira el 3 de diciembre con un concierto en Córdoba.

MUY PERSONAL

Está casado desde 1978 con Candela Tiffon, con la que tiene dos hijas mujeres, María y Candela. Queco, su hijo mayor (fruto de otra relación) vive en Madrid y lo ha convertido en abuelo.

-¿Eres abuelo?

-Sí, soy abuelo de dos niñas, de catorce y de ocho años.

-¿De tus hijas?

-[Con tono irónico y encantador] Mis hijas todavía no han considerado esta posibilidad de darme un nieto varón. Y como sigan en el plan que siguen, no voy a poder llevar a mis nietos al campo del Barça, como es mi ilusión. Porque mi hijo vive en Madrid y, evidentemente, hay estadios de fútbol a los que yo no voy.

-¿Qué edad tienen María y Candela?

-Mi hija María tiene treinta años y Candela, veintitrés. María estudió farmacia, fue una brillantísima estudiante, pero después se dio cuenta de que el mundo exterior le interesaba más y entonces estudió periodismo y se dedicó a algo que a mí me hizo mucha ilusión: el periodismo deportivo. Ha estado muchos años trabajando en los campeonatos del mundo de motociclismo en Moto GP, y ahora se encuentra trabajando en una empresa que patrocina equipos de automovilismo en las World Series y en la Serie 2000.

-¿Cómo es María?

-Es muy inteligente y muy sensata. Es una mujer de las que jamás se acuestan sin haber terminado lo que tienen que hacer.

-Qué bueno que eso lo diga un padre. ¿Y qué hace tu hijo?

-Trabaja en producción de televisión.

-Se han dedicado a los medios, entonces.

-Sí, pero tú lo dices como si esto tuviera algo que ver conmigo, y no, yo no tengo nada que ver. Ellos han tenido la posibilidad de dedicarse a lo que más les gustaba. La pequeña [Candela] es la que hace algo más parecido a mí: está terminando Arte Dramático. Pero nunca se sabe.

-Necesitas un nieto varón para llevar a la cancha.

-A mí realmente tampoco me urge esto. Lo único cierto es que cada año que pasa, pues, es un año en que se retrasa la presencia de mi nieto en la cancha. .

Por Any Ventura revista@lanacion.com.ar
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