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Una inquietante historia familiar

Marcela Ferradás y Román Podolsky lograron una rica teatralidad en una novela de Aurora Venturini

Jueves 21 de octubre de 2010
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Las primas o la voz de Yuna , de Aurora Venturini. Versión: Marcela Ferradás y Román Podolsky. Intérpretes: Marcela Ferradás, Laura Ortigoza y César Bordón. Músico en escena: Federico Marrale. Diseño de iluminación: Eli Sirlin. Diseño de vestuario: Luciana Gutman. Diseño de escenografía: Jorge Ferrari. Asistencia de dirección: Ana Calvo. Dirección: Román Podolsky. En el Teatro Nacional Cervantes (Libertad 815). Duración: 60 minutos. Nuestra opinión: muy buena

Yuna recibe un premio en reconocimiento a su trabajo como pintora. Esa mujer tan frágil se dirige al público para agradecerlo. Durante toda su vida ha tenido temor a la caída. Y, este triunfo, parece demostrarle que aún falta tiempo para que ello pueda suceder. Yuna comienza a hablar y toda su vida se convierte en un ansioso recuerdo que sale a la luz: amenazante, doloroso y hasta profundamente escabroso por momentos.

La novela de Aurora Venturini adquiere una rica teatralidad en la versión de Marcela Ferradás y Román Podolsky, sobre todo por que los personajes seleccionados para formar parte de ella, adquieren una fuerte carnadura. Y en verdad, en el texto de Venturini son los que realmente apasionan, sorprenden o generan rechazo.

En un espacio despojado de objetos, aunque fuertemente cargado de simbolismo porque recupera el voluptuoso mundo interior de la protagonista (intenso trabajo de Jorge Ferrari); Yuna, su madre, su hermana Betina, su prima Petra, el profesor de pintura y, el italiano amigo, van y vienen dando forma a las diferentes situaciones que los involucran. Ellas son pequeñas pero siempre poseen una fuerte resonancia. La dirección de Román Podolsky apuesta al campo sensible de sus intérpretes. Es muy minuciosa su tarea de encontrar en ellos mínimos gestos, actitudes, tonos de voz, que se irán proyectando de manera notable porque no harán más que apuntalar las conductas de esos seres de formas siempre desprolijas (son seres profundamente patéticos, deformes físicamente y hasta producen repugnancia por algunos de sus actos).

Marcela Ferradás, en el rol de Yuna, logra una muy inquietante composición. Pasa por los distintos estadíos de la vida de ese personaje tomando una distancia notable y, a la vez, conmueve. La tensión que ello le provoca queda muy marcada en su forma de articular el discurso, de desarrollar el relato. Como en la novela original, las dificultades a la hora de construir la narración asoman en la escena generando una cuota extra de interés en quien, en este caso, es espectador.

Tanto Laura Ortigoza como César Bordón concretan también trabajos muy destacados. Ortigoza, sobre todo, tiene la difícil tarea de dar vida a varias criaturas y siempre lo hace con reconocida teatralidad.

Valiosa reelaboración dramática de un material narrativo que, posibilitó redescubrir la interesante capacidad literaria de Aurora Venturini.

Carlos Pacheco

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