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Simbolismo versus reality

Por Oscar Strasnoy Para LA NACION

Viernes 22 de octubre de 2010
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Según un malentendido planetario, la ópera es gente disfrazada de Bonaparte cantando a los gritos en salas gigantes ante un público de viejitos vestidos de velatorio.

La ópera es teatro cantado. Punto. Y es, desde hace cuatro siglos y hasta que se demuestre lo contrario, el arte vivo que pone más alto el cruce entre disciplinas: música, teatro, literatura, danza, decorado, vestuario, maquillaje, iluminación, video. A un compositor de ópera le interesan las artes entrelazadas y considera la música un elemento más.

Cada arte tiene su código distintivo y en la ópera los personajes se dicen lo que se tienen que decir cantándolo. El que no acepta esta "anomalía" queda afuera. Es cierto que estamos en una era hiperrealista donde hay poco espacio para lo simbólico. Eso sí, recordamos que un liquido marrón refresca mejor porque nos lo dijeron cantando. La música cava más hondo que la palabra desnuda: los publicistas lo entendieron mejor que los políticos, que podrían cantar lo que nos dicen (Dios nos libre y nos guarde).

El compositor de ópera no hace más que fijar en una partitura lo que el texto no es capaz de definir: el tiempo (la forma), el ritmo, el tono, la intensidad, la melodía de la palabra, además del acompañamiento instrumental, una forma de subrayar el subtexto dramático. Se dice que un buen compositor de ópera tiene un buen sentido del timing, es decir que hace que las cosas sucedan en el momento adecuado. Es como un director de teatro que escribiría su puesta (su interpretación del texto) antes de realizarla.

Que la ópera sobreviva al reality universal dependerá de factores exteriores a su esencia. Un escollo, ya lo dije, es nuestra época poco propensa a lo simbólico. Otro es la falta de renovación del repertorio: los teatros programan obras escritas hace siglos. Por más que los directores de escena se desvivan en modernizar las obras del pasado (recuerdo con dolor un Lohengrin intergaláctico), se va a la ópera como se va al museo: a ratificar la tesis apocalíptica del presente incapaz de producir arte. Otro escollo es financiero: se cree que sólo se puede hacer ópera gastando millones. Falso. La ópera (teatro cantado) se podría hacer con medios tan accesibles como los del teatro hablado. Cada época y cada país hacen lo que pueden. Las primeras óperas se produjeron en salones de casas.

La ópera sobrevivirá con obras nuevas que se adapten al gusto y a la necesidad estética del tiempo presente. Mientras esas condiciones no estén reunidas, los que todavía van a la ópera seguirán pidiendo lo de siempre con la insistencia de los niños que piden a los abuelitos que les cuenten por 999a vez el mismo cuentito.

Strasnoy compuso las óperas El regreso y Fábula

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