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¿Quién mató a Ferreyra?

Por Horacio Tomás Liendo Especial para lanacion.com

Viernes 22 de octubre de 2010 • 03:19
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Nuevamente la tragedia enluta a otra familia argentina. Un joven pero maduro activista social fue salvajemente asesinado mientras participaba de una manifestación de trabajadores ferroviarios que reclamaban algo tan básico como la igualdad, más de doscientos años después de la Revolución Francesa.

Por supuesto que nuestra Constitución histórica garantizaba ya ese derecho en 1853 pero, además, en 1957, se garantizó específicamente "igual remuneración por igual tarea", despejando toda duda.

Un taxista me explicó lo que había pasado. "Hacen exactamente el mismo trabajo -me dijo- pero les pagan una tercera parte". Los afiliados al sindicato cobran $6000 como mínimo mientras que los "contratados", menos de $2000, precisó. Lo que pasa, fue su explicación, es que los del sindicato no los dejan "regularizarse", "la pelea es por plata", graficó, y sin dudarlo, sentenció, "por eso llegan a los tiros".

Luego de la muerte de Mariano Ferreyra, el militante del Partido Obrero baleado cuando participaba de una protesta de ferroviarios, los compañeros de militancia de la víctima se movilizaron hasta la estación Constitución. Foto: LA NACION / Gentileza PO
Lugar donde se produjeron los enfrentamientos entre ferroviarios. Foto: LA NACION / Fabián Marelli
Militantes del MTR y del PO cortaron Callao y Corrientes y dieron una conferencia de prensa tras la muerte de Mariano Pereyra. Foto: LA NACION / Soledad Aznarez
Militantes del MTR y del PO cortaron Callao y Corrientes y dieron una conferencia de prensa tras la muerte de Mariano Pereyra. Foto: LA NACION / Soledad Aznarez
Militantes del MTR y del PO cortaron Callao y Corrientes y dieron una conferencia de prensa tras la muerte de Mariano Pereyra. Foto: LA NACION / Soledad Aznarez
Más trade los militantes marcharon hacia la estación Constitución, donde un grupo de efectivos policiales impidieron su ingreso. Foto: LA NACION / Marcelo Gómez
Más trade los militantes marcharon hacia la estación Constitución, donde un grupo de efectivos policiales impidieron su ingreso. Foto: LA NACION / Emiliano Lasalvia
Más trade los militantes marcharon hacia la estación Constitución, donde un grupo de efectivos policiales impidieron su ingreso. Foto: LA NACION / Marcelo Gómez
Más trade los militantes marcharon hacia la estación Constitución, donde un grupo de efectivos policiales impidieron su ingreso. Foto: LA NACION / Marcelo Gómez

Uno de los más lúcidos integrantes de las nuevas generaciones me preguntaba el otro día por qué ningún dirigente habla claro, blanco sobre negro, sobre lo que ocurre y lo puso en estos términos: "Somos un país pobre en el que los trabajadores no pueden ganar mucho, pero los sindicalistas consiguen con sus métodos de presión y violencia salarios muy superiores al promedio para sus afiliados y, obviamente (para él) los demás ganan aún menos de lo que podrían ganar". Es así de simple, precisó: "La torta es la misma, ellos se llevan una porción mayor y dejan migajas para el resto, que son millones". Eso alienta la corrupción, además, me dijo, porque el dirigente afloja al final de la negociación y en lugar de pelear por 20, acepta 19 y ese punto, que para cada trabajador es poca plata, sumada, puede ser un montón de plata para él y su grupo de poder.

Entre la simplicidad del taxista y el análisis del joven profesional, queda claro quién mató a Mariano Ferreyra, un guardián de la frontera que protege el territorio de los "regulares" contra la pretendida invasión de los "contratados". La frontera que separa a los protegidos por el movimiento obrero organizado y quienes están a la intemperie. Fue asesinado por la discriminación más escandalosa, la violencia armada para defender la injusticia y el despojo a los que menos tienen que, en este caso, hacen el mismo o mayor esfuerzo que quienes logran la mayor tajada.

Hace rato que la injusticia social es una calamidad nacional con cerca de la mitad de la población activa sin servicios sociales ni derechos laborales.

El país se está empobreciendo pese a que algunos sectores crezcan. "No sabés lo que está pasando", me decía un empresario de la alimentación. "Las ventas en los sectores medios crecieron un 5% respecto al año pasado", me dijo. "Pero las de los sectores populares cayeron un 27%", al menos en los números de su empresa. "El país se está dividiendo en dos y abajo la inflación los está matando".

No sólo la inflación, también balas reales disparadas por patoteros y violentos en una sociedad que quiere la paz, la justicia y la igualdad ante la ley, pero no la consigue.

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