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Historia con nombre y apellido / Analía Pierini

Viajar, un remedio para curarse

Información general

Ginevra Visconti
Para LA NACION

"La enfermedad está en la mente", dice mostrando su valija roja con la que viaja por el mundo, cuando puede hacerlo. Ahí pone lo esencial: una videocámara, una laptop y una microheladera donde conserva las drogas necesarias para manejar su enfermedad, esclerosis múltiple (EM), que la tiene presa desde hace 13 años, pero no esclava.

No señor, esclava no, porque después del pánico que le causó el diagnóstico, Analía Pierini, de 43 años, le cantó las 40 a la enfermedad y empezó a viajar para conocer las diferentes formas en que se trata la EM en otros países y pasar un mensaje de esperanza a los casi dos millones de personas diagnosticadas en el mundo, entre los 20 y 40 años, que padecen este trastorno neurodegenerativo que, por afectar y deteriorar la conexión entre el cerebro y distintos músculos del cuerpo, limita la movilidad.

Ya pasó un año desde aquel 12 de octubre, día en que Analía empezó su vuelta al mundo. "Al tener la suerte de poder moverme bastante bien, había que cumplir mi sueño de viajar", dice, y así recorrió nueve capitales en cuatro continentes distintos . "Un abrazo universal, un viaje de curación", como lo bautizó ella, ya que desde entonces su vida cambió, la enfermedad mejoró.

Analía vive en Milán y desde hace dos, se la pasa viajando y lleva su testimonio alentador de un lado al otro del mundo. La energía que Analía irradia es visible a través de la pantalla de la computadora, por la que nos conocimos por primera vez.

"Me mudé a Italia porque quería viajar y acá me quedé", dice frente a su laptop, y a su espalda, apoyado en una biblioteca, se destaca un cartel de la calle San Lorenzo, de Rosario. Allí nació en 1966 y vivió hasta que viajó a  Buenos Aires, donde estudió en la escuela de recitación de Carlos Gandolfo. Luego emigró a Milán, trabajó por un tiempo con un cineasta y después... llegaron la enfermedad, el pánico, pero también la garra, las ganas de seguir, conocer, entender...

Yo soñaba con ser cineasta, pero no se concretó; soñaba con viajar y eso sí se dio", dice, y con la ayuda de un bastón, el que levanta e irónica afirma: "Es muy chic y aristocrático". Es que la EM, en la mayoría de los casos, lleva a la silla de ruedas y Analía al principio le tenía pánico. "Ahora ya no le temo más. Al contrario, la veo como una ayuda fundamental. Después del viaje mejoré muchísimo, dejé de asustarme, y esto me hace sentir cada vez mejor", cuenta.

"Soy una persona con mucha energía, sociable, alegre y curiosa. Amo el arte, la pintura, la fotografía, la escultura, la danza, el teatro, el cine, la música, la vida. No hubiese imaginado que, justo a mí, que no puedo parar de moverme, me pasaría esto. Fue un shock, al que siguieron años difíciles. A pesar de las complicaciones que la esclerosis múltiple provoca, la incontinencia, dos años después, denigró mi parte femenina y me sacó la autoestima. Al año me pusieron un pacemaker , que me permitió volver a tener una vida normal. Poder moverme es un lujo", dice Analía con una sonrisa contagiosa mientras habla de The Healing Trip , su viaje de curación. Dos años le llevó para preparar ese viaje, buscar contactos, presupuesto, información y con el apoyo de los laboratorios Bayer, que también la proveyó de la medicación en forma gratuita, logró juntar los 10.000 euros necesarios para movilizarse en los países que recorrió.

-¿Qué encontraste en tu viaje?

-Situaciones distintas según las etapas, pero sobre todo, amigos. La curiosidad, la alegría y el amor que encontré en el viaje actuaron en mí como un remedio. La primera etapa fue Moscú. Allí la asociación de la EM local es muy eficiente. Buscan fondos hasta donde no los hay. Nunca me dejaron sola. Tengo un recuerdo lindo de una confitería con Wi-Fi, donde iba todo el tiempo para escribir en mi blog. La tecnología me ayuda a ser independiente", se ríe. Dinámico y alegre, su blog ( http://analiapierini.blogspot.com ) describe con cuentos y fotos coloridas las etapas de sus viajes innumerables y de sus movidas inagotables.

"En los países asiáticos, quizá por tener una incidencia menor, la enfermedad se conoce menos que en otros países. En Bangkok recibí una bienvenida increíble por la gente de la asociación, que organizó un día de charlas con diapositivas y encuentros. Conocí a varios con problemas de incontinencia y me sorprendió que no supieran de la existencia del pacemaker . En Tailandia, el acceso a la medicina está complicado. Los que no pueden permitirse una silla de ruedas, se quedan en cama. Pekín fue la más fuerte. Enfermarse en China es lo peor. No existen asociaciones para la EM, sólo hay grupos independientes de enfermos que se mueven para sensibilizar e informar. Hasta hace poco se conectaban entre ellos con un sitio web, pero el gobierno de China lo prohibió", cuenta.

Después de una parada en Tokio, Analía viajó a Sydney. "Me sorprendió la cantidad de enfermos que hay. Sin embargo, las asociaciones funcionan muy bien. De ahí partí a Auckland y luego a la islas Fiji, un verdadero paraíso, pero donde no hay estructura. Los que padecen la enfermedad tienen que ir a Australia. Allí pasé unos días maravillosos con una familia que me acogió como una hija más. En Los Angeles, mi octava etapa, la MS Society organizó un encuentro con un grupo masculino de enfermos, lo que me resultó inesperado, porque generalmente el encuentro es entre mujeres."

Nueva York fue la última etapa de su giro al mundo. A la vuelta en Milán, Analía notó que a pesar de los continuos cambios de horarios y de clima, el viaje le hizo muy bien. También la ayudó el riguroso cuidado al que se sometía: inyecciones cada dos días, buena alimentación y combatir la angustia. "Viajar, que es lo que más me gusta, es una cura. Cuando viajo no puedo permitirme estar mal, y esta condición me sana", dice.

"El viaje me enseñó algo fundamental: cuando me siento mal, trato de no pensarlo. Esta actitud me permite aguantar. La enfermedad está en la mente. A veces trato de hacer como si no existiera. Volví a Milán a fin de noviembre del año pasado, llena de entusiasmo. Mucha gente me contactó para que contara mi experiencia. Espero que mi viaje haya servido para sensibilizar a las asociaciones de la EM. Por eso sigo viajando y gracias a eso sigo curándome."

Hace un mes nos encontramos con Analía en Milán. Alta, morocha, armoniosa y elegante en un fresco vestido de algodón, Analía salió de la oficina del banco italiano Unicredit donde trabaja desde hace unos años, y donde llega todos los días en subte. "Anoche volví de Lourdes y la semana que viene viajo a Polonia", cuenta entusiasmada. "No soy muy religiosa, pero la fuerza de la oración, de los pensamientos positivos es algo milagroso para la salud. Es la misma fuerza de la espiritualidad que percibí en la India", dice, y muestra, a unos pocos metros, los pináculos del Duomo de Milán, entre los que brilla la Madonnina dorada.

"Viajar a Italia fue la mejor elección de mi vida, ya que acá estoy muy bien asistida en muchos sentidos", admite. El sistema social italiano obliga a las empresas a que cada 50 empleados que contratan, uno tiene que tener algún grado de discapacidad física. Un jurado analiza su situación y le da un grado de discapacidad. Según el grado, el enfermo puede inscribirse en las llamadas listas de colocación. Así Analía consiguió trabajo. "Cuando viajo el banco me apoya. Me permitió faltar 50 días a la oficina y donó 5000 euros a la Associazione Italiana Sclerosi Múltipla (AISM)", dice, y cuenta divertida de su próxima aventura: una regata en velero en la ciudad de Trieste a favor de la AISM.

"Cuando me enfermé quedé como congelada en el tiempo. Me llevó un tiempo entender que mi vida iba a cambiar. Por fin la acepté. Y estoy feliz. Cuando me levanto y me siento bien, disfruto como nunca. La enfermedad me dio conciencia de mi cuerpo, la llevo como un vestido, que encima me parece lindo. Hay que querer al propio cuerpo y educar a quererlo porque es maravilloso, es perfecto", dice, y mira el reloj. Ya es hora de volver a la oficina. Se apura como corresponde a quien trabaja en una ciudad frenética como Milán. Se despide con su linda sonrisa y una promesa: "Nos vemos en mi próximo viaje, a la Argentina, si Dios quiere".

EL PERSONAJE

ANALIA PIERINI

  • Quién es : nació hace 43 años en Rosario. Vive en Milán, desde hace 20 años, donde trabaja como empleada bancaria. Hace 13 años le diagnosticaron esclerosis múltiple (EM). En 2009 dio la vuelta al mundo y hoy sigue viajando para llevar su mensaje de esperanza a todos los que padecen EM. Tiene un blog en tres idiomas (http://analiapierini.blogspot.com) y una página de Facebook llamada The Healing Trip (El viaje de la curación).
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