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El líder que recuperó la autoridad presidencial

Obsesivo y perseverante, llegó desde la Patagonia tras la crisis económica y fue protagonista excluyente de los últimos siete años de la vida del país

Jueves 28 de octubre de 2010
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LA NACION

Néstor Kirchner, el hombre que manejó las riendas del país durante los últimos siete años, falleció ayer. Perseverante y obsesivo, recuperó la autoridad presidencial, exánime tras la crisis de 2001/2002, con un estilo confrontativo, basado en la recuperación económica y la selección de enemigos, incluso entre sus viejos aliados.

Nacido el 25 de febrero de 1950 en Santa Cruz, fue el primer presidente patagónico en la historia del país. Militó en la política y ejerció el poder con énfasis, por momentos hasta el desenfreno, lo que repetidas veces afectó su salud.

La primera alerta sonó la noche misma de su despertar político, en septiembre de 1987. Cuando supo que había ganado la intendencia de su Río Gallegos natal por apenas 111 votos, se desmayó, fruto del estrés y del agotamiento.

Para entonces, ya era abogado por la Universidad Nacional de La Plata, donde se recibió en 1976. De esa ciudad retornó al Sur casado y militante. En La Plata se sumó a la Federación Universitaria de la Revolución Nacional (FURN) -con Carlos Kunkel y Carlos "Cuto" Moreno como referentes- y conoció a Cristina Fernández, con quien se casó, en mayo de 1975.

Con el golpe de Estado, la pareja se radicó en Río Gallegos, donde abrieron un estudio que se convirtió en uno de los más importantes de la provincia. En esos años, gracias a las ejecuciones hipotecarias y la circular 1050 del Banco Central, el matrimonio Kirchner acumuló 22 propiedades. Fue el germen de una polémica alrededor del patrimonio de ambos, que los acompañó en su escalada en el poder.

Kirchner sumó dinero con una convicción: lo mejor para hacer política en serio, solía repetir, era contar con cierta independencia económica y el control de "la caja". Una premisa que aplicó como intendente, gobernador y presidente.

Ungido al frente de la Caja de Previsión Social provincial entre 1983 y 1984, renunció para enfrentarse al gobernador que lo puso allí. Y tras su primer triunfo electoral -el de 1987, para intendente y con desmayo incluido-, no volvió a perder una elección en los siguientes 22 años.

De aquel amanecer político es también la unidad básica de Río Gallegos donde hizo pie: "Los Muchachos Peronistas", con dos hombres que lo acompañarían siempre: Rudy Ulloa y Carlos Zannini.

En 1991 asumió como gobernador de Santa Cruz, tras vencer por apenas 3000 votos al segundo candidato peronista. Luego reformó la Constitución provincial, para un segundo mandato en 1995 y, después, la reelección indefinida.

Para entonces, ya tenía dos hijos, Máximo (1977), luego creador de la agrupación La Cámpora, y Florencia (1990).

Sus opositores le enrostraron aristas hegemónicas: colonizar el Poder Judicial (con la destitución del entonces procurador Eduardo Sosa, en 1995, o el nombramiento de Zannini como ministro de la Corte), someter a la prensa local y perpetuarse en el poder con reformas que perjudicaron a las minorías.

Su obsesión por el control de "la caja" y la autonomía presupuestaria lo llevó a tomar una de sus decisiones más discutidas. Tras ganarle un juicio al Estado nacional por las regalías petroleras, giró al exterior más de US$ 570 millones, los misteriosos "fondos de Santa Cruz". Lo cierto es que ese dinero y una administración cauta mantuvieron a su provincia lejos de la dependencia del poder central.

El año 1995 le aportó otro traspié en su salud. Según su esposa, sufrió una úlcera sangrante, lo que desmintió luego su médico. Pero un año después, en 1996, le diagnosticaron colon irritable.

Los tiempos políticos comenzaron a acelerarse a medida que la Alianza enfilaba hacia el abismo. En 1999, Kirchner ganó su tercer mandato como gobernador, mientras que con el Grupo Calafate -que apoyaba la candidatura a presidente de Eduardo Duhalde- trabó relación con quien sería su futuro jefe de Gabinete, Alberto Fernández.

En mayo de 2003, tras acordar con Duhalde, el patagónico llegó a la Casa Rosada con el 22,24% de los votos, después de la deserción de Menem al ballottage. Se puso como objetivo recuperar la autoridad presidencial y controlar la calle, evitando la represión y negociando con piqueteros y gremios, al tiempo que levantaba la bandera de los derechos humanos.

Al frente de la Casa Rosada, se lanzó contra los actores más desgastados de los 90: el propio Menem, el FMI -con el que canceló toda la deuda- y la Corte Suprema de la "mayoría automática", a la que decidió enfrentar en una apuesta de alto riesgo que le aportó crédito social.

Su ejercicio confrontativo del poder -que incluyó diatribas contra las Fuerzas Armadas, el campo, la Iglesia, los empresarios y, por último, la prensa- también desgastó su salud. En 2004, padeció una gastroduodenitis hemorrágica; en 2005, tras la Cumbre de las Américas de Mar del Plata, que lo enfrentó con el presidente George W. Bush, tuvo dolores en el pecho, y en 2006, se desmayó.

Devenido "mafioso" y "el padrino" al decir de Kirchner, Duhalde resultó profético cuando definió su estilo visceral y personalista. "Kirchner se está inmolando", dijo a mediados de 2004.

Su práctica del poder también incluyó un desafío mayúsculo: intentar diluir al peronismo en un proyecto más amplio que primero tomó la forma de la "transversalidad" y, luego, de la "concertación" con el radicalismo, lo que no le impidió retornar -cuando rompió lanzas con Julio Cobos- al PJ más tradicional, con los barones del conurbano, Hugo Moyano y los gobernadores del interior.

Obsesionado por las encuestas, mostró un fuerte pragmatismo. Fue así como vedó la reelección de los gobernadores tras tropezar en las urnas en Misiones, y anunció un "plan de seguridad" luego de que 150.000 personas asistieron a un acto de Juan Carlos Blumberg, padre de un chico secuestrado y asesinado.

Su estilo mutó por otro más sanguíneo cuando Cristina Fernández lo sucedió en la Casa Rosada. Pero mantuvo inalterable su ritmo de trabajo, que sus colaboradores definían como "agotador" o hasta "desenfrenado". Por su personalidad y por los desafíos que encaró como candidato a diputado, en 2009, o secretario de la Unasur, en mayo pasado.

En febrero y en septiembre de este año sumó más percances de salud. Pero dos días después del último, participó de otro acto proselitista. Será velado, hoy, en la Casa Rosada, símbolo del poder presidencialista que bregó por reconstruir.

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