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La sociedad entre Galimberti y Born

Con El águila guerrera , Roberto Perrone y Alejo Piovano consiguieron una gran obra de teatro político

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LA NACION
Viernes 29 de octubre de 2010

El águila guerrera. De Alberto Perrone y Alejo Piovano. Intérpretes: Matías Castelli, Pablo Shinji, Florencia Lavalle y Oscar Trussi. Asistencia: Juan Amaya. Dirección: Alejo Piovano. En el Artó, Corrientes 3439, 1er. piso (3532-4885). Sábados, a las 21. Duración: 60 minutos. Nuestra opinión: muy bueno

Los dos son empresarios. Uno de ellos parece llevarse el mundo por delante. Sabe que es poderoso y actúa de ese modo. El otro tiene una personalidad más exasperante: canchero, prepotente y con el aspecto de no temerle a nada. El primero se llama, curiosamente, Molinos. Está en San Pablo, Brasil, para sostener una importante reunión empresarial con el Loco, el otro, un ex guerrillero, a quien convoca para hacer un gran negocio. El propósito: recuperar los millones que su empresa gastó en su rescate, cuando el Loco y su agrupación guerrillera lo tuvieron secuestrado en 1974.

Todo tiene obvias y claras referencias el supuesto primer encuentro entre Rodolfo Galimberti y Jorge Born, a fines de la década del 80, momento en el que sellaron una sociedad empresarial que duró muchos años.

Un elenco impecable
Un elenco impecable.

Este thriller escrito por Alberto Mario Perrone y Alejo Piovano es una de las mejores obras que haya brindado el teatro político de los últimos años. Lograron un texto elaborado hasta la minucia, una estructura dramática impecable y hasta un trabajo casi artesanal. La farsa lo invade en forma constante, así como un distanciamiento sutil, permanente, inquietante que le otorga a la propuesta ciertas características del teatro político alemán.

Los autores incorporaron dos personajes más. Un gerente de personal de Molinos que oficia de relator, de nexo directo con el espectador. El entrará y saldrá de la escena como uno de esos bufos cantantes de las obras de Bertolt Brecht. A su vez, integra la acción la cuñada del Loco, contacto esencial entre ambos hombres para hacer posible la sociedad y el acuerdo.

Perrone y Piovano demostrarán con su fábula cómo los negocios han destruido ideologías, cómo aquellos extremos estaban tan ligados y disfrutarían tan impúdicamente durante una década. El águila guerrera habla de cierto origen: de la legalización de la traición; del individualismo regido estrictamente por la ambición de lujos y placeres.

Quienes hayan leído la excelente biografía de Galimberti escrita por Marcelo Larraquy y Roberto Caballero (en la que el lector se dibuja tan bien a ese Maquiavelo) reconocerán en la actuación de Matías Castelli al ex guerrillero devenido millonario amante de las motos, las modelos y Punta del Este. Castelli es un excelente actor que consigue que su personaje repugne y perturbe. Sus compañeros están en la misma línea actoral. Pablo Shinji le impone soberbia y presencia a ese empresario que fue víctima y acabó siendo socio y amigo de su victimario; mientras que Florencia Lavalle le da seguridad y frialdad exacerbante a la Nena, el nexo entre ambos. Oscar Trussi es quien debe abrir, cerrar e intervenir la acción, como ese pequeño ser embriagado de corrupción por su entorno. La exacta marcación de Piovano en la dirección generó esta exacta sinfonía en un ámbito pequeño. Se filtran voces desde la calle. Eso es una lástima.

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