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Nueva versión de una gran obra

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PARA LA NACION
Domingo 31 de octubre de 2010
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Las reglas de la urbanidad en la sociedad moderna. Autor: Jean-Luc Lagarce. Con: Estela Medina. Iluminación: Gonzalo Córdova. Música: Bárbara Togander. Ambientación y vestuario: Jorge Ferrari. Dirección: Rubén Szuchmacher. En ElKafka (Lambaré 866). Los viernes, sábados y domingos, a las 21. Duración: 90 minutos. Nuestra opinión: excelente

En 2007 Rubén Szuchmacher y Graciela Araujo dieron a conocer en Buenos Aires este notable material de Jean-Luc Lagarce en una puesta impecable que, más allá de que entonces permitía divulgar la creación del autor francés, posibilitaba descubrir una fluida relación entre director y actriz, cuyo objetivo común era develar esas reglas maniqueas que durante años se han seguido al pie de la letra con la intención de ser un mejor hombre, una mejor mujer, dentro de la sociedad.

Un viejo Manual de buenas costumbres inspiró al autor a la hora de producir este texto (voluptuoso, despiadado, difícil de llevar adelante por sus construcciones lingüísticas) que irónicamente expone una manera de vivir, de negar al verdadero ser que quiere escapar de tanta normativa porque la libertad no puede reglarse y mucho menos las pulsiones individuales.

Estela Medina construye su personaje con un rigor y una vitalidad inigualables
Estela Medina construye su personaje con un rigor y una vitalidad inigualables. Foto: Archivo

Pero, para que esa ironía llegue al espectador de forma adecuada y se torne pura reflexión, se hace necesario crear un juego muy delicado, sutil, hasta poético. De lo contrario, todo ese material resulta una chatarra en la que no habrá que reparar porque parecería estar en desuso. Y en muchos aspectos es así, pero lo dramáticamente interesante es que ha forjado un mundo del que formamos parte y ante el cual, aún hoy, debemos estar atentos porque esas reglas siguen asomando para imposibilitarnos ser como en verdad ansiamos ser.

Con algunas variables a la puesta original, esta nueva recreación que concibe Szuchmacher propone otro tono en la representación: es más perversa esa mujer que narra. Su dulce sonrisa esconde una entereza que provoca temor y así sus dichos parecen desafiar a toda un platea que la escucha atenta y pocas veces se anima a reírse con ganas. Ese personaje esconde otro orden interno, personal. Ella sabe que todo lo que dice es profundamente duro y falso, tanto como su forma exterior de imponernos la verdad que reclama. Así también se construyen las sociedades.

Figura central del espectáculo, sin dudas, Estela Medina (exquisita actriz uruguaya, con una carrera muy destacada; una alumna de Margarita Xirgu que se ha animado siempre a composiciones complejas y que, hace un par de años se despidió de la Comedia Nacional de su país interpretando memorablemente a la madre de Bodas de sangre de García Lorca) construye a La Dama con un rigor y una vitalidad inigualables. La transformación que logra en escena es muy notable: a veces es una joven inquieta; otras, una mujer mayor imperativa, cruel. Desafiante siempre, gana el interés de la platea de inmediato y no habrá forma de escapar a su energía.

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