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Clara ratificación del rumbo de Lula

Lunes 01 de noviembre de 2010
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LA NACION

RIO DE JANEIRO. Con la victoria clara y contundente de Dilma Rousseff, los brasileños confirmaron ayer el rumbo político y ratificaron el modelo de crecimiento económico y desarrollo social diseñado por Luiz Inacio Lula da Silva, que en los últimos ocho años ha llevado al país a posicionarse como una potencia internacional emergente.

Si en la primera vuelta de las elecciones los votantes hicieron un llamado de atención al presidente, haciéndole notar su descontento por los escándalos de corrupción en el gobierno que salpicaron a su designada heredera, ahora otorgaron a Rousseff un firme mandato para seguir avanzando por el camino correcto. Quieren mantener su economía pujante e insertada en el mundo; quieren un Estado fuerte que siga reduciendo las tremendas desigualdades sociales que todavía existen, y quieren también que sus extraordinarios recursos sean mejor y más honestamente administrados.

En estos ocho años de gobierno de Lula, Brasil cambió, y mucho. Gracias a la bonanza económica y a los planes sociales, unos 23 millones de personas salieron de la pobreza, mientras que 32 millones ascendieron a la clase media, que hoy es mayoritaria. Y con el carisma y protagonismo internacional del presidente, Brasil se instaló como un jugador clave en la escena de la política mundial.

En parte por todo eso, los brasileños aceptaron que Lula eligiera a dedo a quién le traspasaría la faja presidencial el 1º de enero próximo, aun cuando Rousseff era una funcionaria virtualmente desconocida para la mayoría del país antes de la campaña. Confiaron en el criterio de Lula, que creyó que ella sería la más indicada para garantizar la continuidad del modelo.

Ahora, a la nueva mandataria electa se le presenta su primer gran desafío: construir una identidad política propia. Lula ya no estará detrás de ella para promoverla, ayudarla y defenderla. Rousseff deberá demostrar que puede caminar con sus propias piernas.

A diferencia de lo que sucedió con Lula, el panorama político que tiene por delante le es muy favorable: la coalición electoral que la llevó al poder tiene una amplia mayoría en ambas cámaras del Congreso. En la Cámara de Diputados, el oficialista Partido de los Trabajadores (PT) es la primera fuerza y en el Senado, la segunda.

Sin embargo, Rousseff deberá ejercer con cuidado la articulación política dentro de su heterogénea coalición, en la que cada uno de los partidos querrá sus cuotas de poder. La presidenta electa tendrá que perfeccionar sus habilidades de negociación algo a lo que no está muy acostumbrada, y asegurarse de que en la distribución de áreas de influencia y recursos se limite al máximo el espacio para la corrupción.

Un riesgo especial le supondrá su relación con el PT. A diferencia de Lula, ella no viene de las filas del partido, y el PT no depende de ella tanto como lo hizo Lula durante los últimos años.

Lula supo controlar los deseos hegemónicos del PT y frenó sus propuestas más osadas. ¿Podrá Rousseff mostrarse igualmente firme? Esa es la pregunta que se hacen todos los analistas en Brasil.

Más allá de lo político, la próxima presidenta deberá mantener la estabilidad económica y avanzar en las áreas en las que el país presenta las mayores demandas: saneamiento, salud, educación, seguridad pública e infraestructura.

Aunque parezca increíble, más de la mitad de los hogares brasileños no poseen sistemas de cloaca, lo que tiene repercusiones directas en la salud, en los altos niveles de mortalidad infantil, por ejemplo. Los hospitales, por otro lado, ofrecen una atención deficiente.

El sistema educativo ha mejorado, pero todavía el 10% de los 192 millones de brasileños son analfabetos. A los maestros se les paga poco y los alumnos no están recibiendo una educación para desarrollarse en el siglo XXI.

En las grandes ciudades, como San Pablo, Río de Janeiro y Salvador, la inseguridad, la criminalidad y la violencia siguen siendo moneda corriente. Y por las extensas fronteras del país entran cada vez más armas y drogas.

Infraestructura

Como sede de los dos mayores eventos deportivos mundiales, el Mundial de fútbol de 2014 en 12 ciudades y los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro en 2016, Brasil deberá hacer grandes esfuerzos para mejorar la infraestructura de sus aeropuertos, puertos y rutas. Si pretende seguir creciendo al ritmo en que lo ha venido haciendo hasta ahora, deberá también modernizar su red de energía eléctrica.

Lo positivo es que, como ex miembro de este gobierno que termina, Rousseff ya tiene un conocimiento bastante amplio de estos problemas. Y si tiene la voluntad y la habilidad para resolver estos desafíos estructurales, Brasil podrá dar, finalmente, un salto cualitativo en su desarrollo como potencia.

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Debido a la veda electoral estas notas estarán cerradas a comentarios hasta el domingo a las 18hs. Muchas gracias.