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Una experiencia que encontró su lugar

Alfredo Martín, en una lograda puesta de Detrás de la forma, sobre un texto del polaco Witold Gombrowicz

Martes 09 de noviembre de 2010
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Detrás de la forma, la inmadurez una experiencia fuera de lugar . Adaptación teatral de la novela Ferdydurke, de Witold Gombrowicz. Autor de la versión y director: Alfredo Martin. Con Guillermo Ferraro, Gabriela Villalonga, Alfredo Martín, Fidel Vitale y otros. Escenografía: Alejandro Alonso. Vestuario: Ana Revello. Asistente de dirección: Natalia Vozzi. En Andamio 90. Viernes, a las 21. Duración: 90 minutos. Nuestra opinión: muy bueno.

Es atrayente observar cómo la obra del polaco Witold Gombrowicz sigue provocando intensas reverberaciones en la cultura argentina. Radicado en el país entre 1939 y 1963, su presencia no pasó inadvertida y dejó en una generación de jóvenes de aquella época una vigorosa huella tanto en lo literario como en lo afectivo. Sus novelas y obras de teatro han sido debidamente valoradas por la crítica, sobre todo después de su consagración en Europa, y son regularmente recordadas.

Gombrowicz creía que la inmadurez es un problema capital del hombre, que intenta disimularla ocultándose detrás de una fachada exterior que es pura ficción. Este tema está tratado en su novela Ferdydurke , publicada en 1937, cuatro años más tarde que ese libro de cuentos llamado Memorias del período de la inmadurez . "Quizá lo que me propongo en mis escritos -decía- sea sencillamente debilitar todas las construcciones de la moral premeditada, a fin de que nuestro reflejo moral inmediato, el más espontáneo, pueda manifestarse."

En la búsqueda de lo auténtico, que tanto obsesionaba a Gombrowicz, esa inmadurez expresaba una superioridad sobre las identidades falsas; de ahí que sus historias puedan seguir siendo leídas como verdaderas metáforas de lo que son los países que, como la Argentina o Polonia, han vivido atados culturalmente a culturas ajenas. Adaptar la novela de ese viaje iniciático al revés de Pepe, protagonista de Ferdydur ke, hacia su adolescencia y sus orígenes, no era tarea fácil porque la búsqueda de lo teatral significa bastante más que enfrentar al público con ciertas ideas para que las procese.

El autor, director y actor Alfredo Martí, a esta altura un especialista en Gombrowicz -el año pasado dirigió un hermoso espectáculo llamado El paraí so basado en el cuento del autor polaco llamado La virginidad -, ha logrado que, además de hacer pensar, su puesta divierta y atraiga al público con genuinos recursos escénicos. A diferencia de esta otra obra mencionada, cuya escenografía era muy llamativa, en este caso se juega casi toda la puesta en un espacio habitado por algunos pequeños muebles móviles de color blanco que sirven para representar diversas cosas.

Martín ha comentado que intentó trabajar la forma del espectáculo como un elemento activo desde lo dramático, estimulando acciones y reacciones entre los actores que permitieran develar los estados de subjetividad más primitivos, más informes (Grombrowicz decía que la forma y la inmadurez eran los dos problemas tratados en Ferdydurke ).

Y ese cometido del director se logra con un elenco numeroso de actores muy jóvenes, al que mueve con mucha pericia en el espacio y saca buenos resultados interpretativos, si bien entre ellos existen algunos desniveles en el grado de eficacia. Son, en cambio, muy sólidos los trabajos de Guillermo Ferraro (Pepe), Gabriela Villalonga (tía de la ciudad y tía Urlecka), Fidel Vitale (Polilla) y el mismo Alfredo Martín, en un estupendo profesor Pimko. El espectáculo se divide en dos grandes escenas, la segunda de las cuales, que transcurre en una zona rural, es la de mayor contundencia teatral.

Alberto Catena

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