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Impresiones de Machu Picchu

Por María Florencia Celma

Domingo 21 de noviembre de 2010
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It's wonderful; C'est très belle; Que maravilha. Morenos, rubios, pelados o con peluca, unos con paraguas, otros con capas para la lluvia, todos los que llegan después de subir las escalinatas se asombran al apreciar en forma panorámica uno de los sitios más visitados y admirados por el mundo.

"Pablito ya conocía el lugar, fue nuestro primer antecesor -cuentan guías trilingües que hablan inglés, castellano y quechua-, hijo de un agricultor de la zona que, en 1911, guió al arqueólogo norteamericano, investigador de la Universidad de Yale, Hiram Binghan, hasta este lugar." Es fácil imaginar a ese señor vestido de traje con sombrero al estilo de principios del siglo pasado, junto a Pablito, un niño morocho y pequeño que apoyaba sus piecitos descalzos sobre las piedras cubiertas de selva dando ágiles trancos apenas alcanzados por el científico. Las orquídeas, alegrías y achiras florecidas adornaban el camino, mientras las lagartijas salían de los huecos entre las piedras al ser calentadas por los rayos del sol.

Historia de un pueblo

Cuentan también que luego del ascenso al cerro, el arqueólogo descansó sobre lo que hoy se conoce como la plaza principal y, al descubrir bajo la vegetación el gran complejo de edificaciones pétreas ante sí, creyó estar por fin en el lugar que tanto había buscado: la ciudad sagrada a la que llamó Machu Picchu.

Abelardo, ingeniero agrónomo de profesión y guía turístico por vocación, recorre el complejo de piedra, con soltura y voz brillante. Su relato no proviene de un disco rígido, sino desde lo más profundo de su ser. Cuenta la historia de su propio pueblo, muestra la civilización de la cual proviene, el lugar que sus ancestros resguardaron del avance colonizador de Pizarro. "Machu Picchu es el nombre que le dio Binghan y los distintos descubrimientos fueron analizados e interpretados de diferentes maneras con los años." Luego comenzó un recorrido, seguido de argentinos, españoles, colombianos, brasileños, por caminos con escaleras de piedra que recorren templos, palacios, adoratorios, plazas, fuentes y alrededor de 200 viviendas que albergaron a una casta de personalidades del estado inca. "Esta ciudad fue construida a principios del siglo XV y abandonada en 1537 luego de la llegada de los españoles a la ciudad de Cuzco, capital del imperio inca", comenta Abelardo mientras camina por senderos estrechos que llevan a la entrada de uno de los caminos del inca.

Hazañas en el camino

En fila india, pegados a la pared de piedra, mirando los granitos blancos o moteados que cubren el piso, el grupo se dirige en franco ascenso hasta descubrir una construcción con dos paredes a través de las cuales pasan los primeros rayos del sol que se observan desde la ciudad sagrada.

Cuando miran hacia abajo se deslumbran al divisar el río Urubamba, el tren que corre a su lado y el serpenteado camino por el que se accede desde Aguas Calientes, pequeña población hotelera que apenas se advierte en medio de la espesa vegetación. Pero su sorpresa fue mayor cuando vieron llegar desde un extremo invisible del Camino del Inca a un grupo de porteadores cargados con grandes bultos de todos los colores. A ritmo constante los caminantes los siguen con semblantes colorados por el sol y brazos repletos de picaduras de mosquitos; con la ilusión de llegar luego de cuatro días de recorrido por el Camino del Inca, y quién sabe cuántos días desde sus países de origen. Los que llegan son felicitados por los que están en el Inti Punku y que creían que haber recorrido 2800 metros desde el Machu Picchu era toda una hazaña.

Los pobladores llevan la historia en sus venas y la cuentan desde lo más profundo de su alma. Las mujeres aún hilan la lana de alpaca a mano y los hombres saludan a la Pachamama tirando un poquito de chicha al suelo cada vez que van a brindar, por el orgullo de su origen.

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