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Odios y complicidades

LA NACION
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Joaquín Morales Solá
Domingo 21 de noviembre de 2010

Graciela Camaño pensó en su hija, una científica que vive en Santa Cruz, cuando cerró la boca de Carlos Kunkel con un cachetazo condenado a la fama.Margarita Stolbizer recordó la imagen de su detestada Elisa Carrió cuando pidió, para satisfacción del kirchnerismo, el archivo de las tres causas sobre supuestas presiones del Gobierno a legisladores opositores. Felipe Solá reflexionó, callado, que los “códigos” de la dirigencia, venerados por sus propios legisladores, corresponden a la mafia y no a la política. Elsa Alvarez caviló sobre la ingratitud cuando vio que su propio bloque, el radical, prefería despotricar contra Carrió, mientras la dejaba sola con su denuncia sobre los llamados que recibió de la oficina de Julio De Vido.

La congregación política se cerró sobre sí misma; prefirió ignorar lo que sabían hasta los ordenanzas del Congreso para salvarse ante la opinión pública. Esto nos afecta a todos, se justificó un diputado opositor que eligió el silencio. El oficialismo pudo zafar, así, de la investigación sobre las prácticas más chambonas que se hayan visto para aprobar una ley. El próximo martes 30 de noviembre caerán automáticamente todos los dictámenes y las cuestiones de privilegios que no hayan sido tratados por la Cámara. El escándalo será entonces caso cerrado, y la investigación sólo podría reabrirse si se presentara otra cuestión de privilegio el próximo año legislativo. Aun así, ese planteo necesitará de la aprobación de la Cámara para prosperar. Improbable.

La bofetada de Camaño fue injusta con Camaño. La política no debe romper el límite entre las palabras y la agresión. Sin embargo, Camaño es una de las legisladoras más reconocidas por su dedicación y su trabajo. Se formó sola cuando todo le señalaba un destino más modesto. La soterrada pendencia entre quién pegaba primero se venía librando entre Kunkel y Felipe Solá. Se deslizaban agravios al oído cuando se cruzaban; a veces, fluían entre ellos duros insultos en voz baja. Quiero que me pegue una trompada en pleno recinto, confesó Solá hace ya mucho tiempo. Kunkel ofendía, pero no golpeaba. Camaño saldó esa porfía por su cuenta y riesgo.

Un gobierno presidido por una mujer tiene entre sus principales dirigentes a hombres que han derrapado en el sexismo. A ningún político se le recuerda nunca qué dijo o qué hizo su esposa. Kunkel habla del marido de Camaño, pero no de Camaño. ¿A algún político le dijeron algo parecido a prostituta, como disparó Agustín Rossi contra Carrió, a la que llamó “madama de un cabaret”? La política de prontuarios (falsos, encima) que cultiva Kunkel es una de las peores herencias que dejará el kirchnerismo cuando ya no esté.

El reverdecer machista tiene la única explicación en que sólo fueron mujeres las que ventilaron las maniobras del Gobierno en pleno recinto para aprobar el presupuesto. Cynthia Hotton y Elsa Alvarez pararon la sesión cuando denunciaron que estaban siendo acosadas por funcionarios oficiales. Carrió denunció que se estaba violando la inmunidad de todo el cuerpo. Camaño debió levantar la sesión de la Comisión de Asuntos Constitucionales contra su propia voluntad. La mantuvo sesionando durante siete horas, a pesar de que casi todos los partidos querían cerrarla cuanto antes.

No quiero dejarla sola a Carrió, susurró Camaño en el oído a Solá. No la dejen sola a Carrió. Ustedes la van a necesitar el año que viene, les advirtió en voz baja a los radicales. Esa estrategia de Camaño es la que advirtió Kunkel cuando se acordó del marido de Camaño. Los hombres políticos de la oposición todavía no decidieron si hablarán o callarán. Callarán.

La política, en fin, prefirió hacer una lectura formal del episodio del presupuesto y evadió una interpretación política y académica, que es la que correspondía. Algunos opositores se conformaron y dijeron que no se habían denunciado delitos. No son necesarios los delitos. La ley y la jurisprudencia indican que un legislador no debe ser “molestado” ni “perturbado” cuando está en el ejercicio pleno de su función; es decir, en sesión y legislando.

Hubo “molestia” y “perturbación”, digan lo que digan. La radical Elsa Alvarez denunció claramente que se sintió “perturbada” con las llamadas de su conocido de Santa Cruz, el secretario de la Lucha contra la Droga, José Granero, que intentó comunicarla con De Vido. Hotton fue a hablar con Patricia Fadel sobre el aborto y terminó recibiendo una propuesta, llena de sugerencias implícitas, para que aprobara el presupuesto. Varios legisladores testimoniaron que Hotton les había pedido, a esa misma hora, la firma para una declaración contra el aborto ante una reunión que por ese tema habrá en el Congreso en los próximos días. El oficialismo mezcló aborto con presupuesto y la dejó a Hotton dando explicaciones por su llamada a Fadel. Es la antigua táctica del kirchnerismo: mezclar y confundir.

La pregunta política que ninguno se hizo es si hubo, o no, presiones indebidas sobre los diputados, aunque no hayan sido sobornos (difíciles de probar). Las hubo. La investigación cerrada en Diputados es el resultado de la oposición, que, confundida y dividida, le hizo el juego al oficialismo. De hecho, el kirchnerismo se prendió en el acto de una propuesta de Stolbizer para cerrar el caso. Los seguidores de “Pino” Solanas y el socialismo hicieron lo mismo. Si habláramos, estaríamos rompiendo los códigos de la política, le respondió un diputado santafecino a Felipe Solá cuando éste los exhortó a contar lo que había pasado. Muchos de los diputados que lidera Solá recibieron llamadas telefónicas en esa noche de teléfonos ardientes.

Radicales, los de “Pino”, socialistas y algunos peronistas se dejaron llevar por el rencor a Carrió. Nunca vimos tanto odio contra una persona, dijeron Camaño y Solá. Carrió tiene un estilo propio y frontal; las palabras le salen como dagas y perforan, sobre todo, a sus viejos correligionarios, los radicales. Podrán decirse muchas cosas de Carrió, menos que carece de una mirada ética y estética de la política. Es una persona de poder, pero, puesta a elegir entre la historia y el poder, ya decidió quedarse con la primera.

Ocurre, también, que las denuncias de Carrió sorprendieron a los radicales en medio de un grave problema interno. El bloque de diputados quedó partido en dos partes casi iguales. Perdió la jefatura Oscar Aguad, un exponente duro de la oposición, frente a un alfonsinismo más dialogador. Gerardo Morales parece haber salvado su cabeza en el bloque de senadores, después de que el vicepresidente Julio Cobos tratara de desestabilizarlo. El conflicto de Cobos es que se está quedando sin dirigentes y sin apoyo social. Fue el emergente de un “no” a Néstor Kirchner, pero Kirchner ha muerto. Ricardo Alfonsín es un hombre simpático para la sociedad, pero ésta no le reconoce todavía atributos presidenciales.

En esa lucha entre insuficiencias se metió el presidente del radicalismo, Ernesto Sanz, cuando dijo que no diría que no a su propia candidatura. Cuentan que Sanz había advertido que varios interlocutores comenzaban a irse del radicalismo cuando él les aseguraba que no sería candidato. Los notaba decepcionados. Decidió cambiar el discurso: ahora no dice que no. Con eso solo le bastó para provocar una erupción en el volcán radical. ¿Es sólo el discurso lo que cambió? Veremos. Hay que esperar para ver si su candidatura prende, resumen a su lado.

La versión final de una encuesta de Poliarquía, difundida parcial y prematuramente, indica que Cristina Kirchner tiene el 56 por ciento de imagen positiva luego de la muerte de su esposo. La siguen Daniel Scioli, con el 52 por ciento, y Sergio Massa, el intendente de Tigre, con el 45 por ciento. Luego aparece Alfonsín y, más abajo, casi todos juntos, está el resto de la dirigencia política, incluidos Cobos, Macri, Carrió, Solá y De Narváez.

La Presidenta es un caso aparte. El contrato entre ella y la sociedad vive un paréntesis de excepción; nadie sabe hasta cuándo durará. Llaman la atención los casos de Scioli y de Massa, porque son hombres con vocación de poder que tienen experiencia en la gestión pública. En una semana de desastres para el Gobierno (se quedó sin presupuesto porque quiso que así fuera) y para la oposición (que careció de una oportuna brújula política), aquella encuesta está encerrando, tal vez, algunos vagos mensajes sociales. ¿Alguien encontrará esa botella arrojada al mar?

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