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Un destino persa

El Gato Leeb, ídolo de Chacarita y Banfield, desde agosto dirige un club de Irán; “me dicen que estoy loco y un poco de razón tienen”

Viernes 26 de noviembre de 2010
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Por Sebastián TorokLA NACION

Irán no es un punto geográfico usual para un argentino. Mucho menos si es deportista. Hoy, los periódicos internacionales reflejan el malestar de gran parte de la comunidad occidental por las sospechas bélicas que el país de Medio Oriente desprende por su programa nuclear y la producción de uranio. También en nuestro país el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, ocupó espacio tras la designación de un funcionario acusado de haber participado en el atentado contra la AMIA en 1994 y la tensión que ello generó entre los gobiernos. Sin embargo, hasta aquellas tierras llegó Carlos Leeb, el Gato, el ex goleador e ídolo de Chacarita y Banfield. Desde agosto es el DT de Shahrdari, un club de la Azadegan League, la segunda categoría persa. Tras la sorpresiva propuesta acercada por el agente FIFA Fabio Jurdakis, emigró con miedo, pero tentado por la propuesta económica y la oportunidad de seguir trabajando, ya que siente estar “prohibido” por algunos dirigentes en la Argentina.

“Todos me dicen que estoy loco por estar acá y un poco de razón tienen”, sonríe Leeb, vía telefónica desde Bandar Abbas, la ciudad donde vive, en el sur del país, a orillas del Golfo Pérsico. “Mi primera reacción fue de incertidumbre, porque era un lugar desconocido –cuenta el hombre de 42 años–. Me dieron 30 horas para responder, me interioricé un poco, dije que sí y me mandaron los pasajes; firmamos por diez meses. Hoy sé que estoy en una potencia, un lugar en crecimiento. Acá puede haber conflictos, pero no hay miseria. Siempre peleé por lo mío y a muchos no les gusta mi personalidad. Pareciera que no quieren contratarme. Por eso me vine y me puse a laburar.”

El desafío para Leeb no es sencillo. Dirige un modesto club fundado en 2006 y, según él mismo, por ser extranjero debe lidiar con los “celos de los colegas y de los propios dirigentes”. ¿Cómo..? “Sí, es como si no tuviera margen de error. Acá les importa sólo ganar, no si jugás bien, mal. Los dirigentes te controlan todo; para aprender, pero también para estar muy encima, para que no bromees con los jugadores en los entrenamientos. Prácticamente no puedo reírme, tengo que tener distancia. Hay que informar todo, es muy estricto. El 90% de los entrenadores extranjeros que vienen a Irán no llegan al final del contrato. Pero voy a tratar de lograrlo”, dice el Gato.

El poder de los dirigentes alarma. En un hecho “histórico”, el equipo que dirige Leeb alcanzó las semifinales de la Copa Irán y debía definir el pase a la final ante un club de la máxima categoría, pero el presidente ¡retiró! el equipo de la competición aduciendo tener “un plantel corto de jugadores, cansados, expulsados... Lo hizo sin consultarme –dice, aún incrédulo–. El propio alcalde de la ciudad me vino a ver, porque yo reclamé públicamente. Fue increíble”.

Y añade, con preocupación: “Ellos me trajeron y me aprobaron, pero a la vez me controlan. Vine a trabajar, pero tengo que estar atento a un montón de detalles que me pueden perjudicar. Por ejemplo, por cuestiones religiosas, si me ven en pantalones cortos en la calle sería un gran problema. Estoy acostumbrándome, pero la sociedad es difícil, hay costumbres muy distintas, hay mucho machismo. Hay mucha cultura, mucha historia, imágenes impresionantes de los líderes religiosos, pero son muy conservadores”.

Otra de las dificultades que Leeb padece en su vida diaria es la comunicación; aunque está buena parte del tiempo acompañado por un intérprete, Soad, un iraní que vivió en España pero entiende poco de fútbol. “Es importante su función, porque tiene que expresar lo que quiero en el campo. De a poco va entendiendo la táctica. También se habla un poco en inglés. Pero como estoy bárbaro físicamente, entonces explico algunas jugadas yo mismo en el campo, corriendo de punta a punta.”

Dos veces por día recibe la comida preparada en su departamento, a 200 metros del Golfo Pérsico. “Todo es sobre la base del arroz. ¡Extraño el asado!” Claro que el sofocante clima es otro aspecto complejo: “Es caluroso. Tenemos 40 grados casi todos los días. Y los entrenamientos los hacemos en los mismos horarios que se juegan los partidos. Pero a veces viajamos hacia el Norte y nos encontramos con frío y pasamos de un extremo al otro”.

¿Cómo es el nivel futbolístico? “Es duro. Los referís son complicados también –se lamenta Leeb–. El torneo lo compararía con el Nacional B. Se viaja en avión constantemente, de una punta a la otra del país. Hay equipos que juegan bien, otros que se la rebuscan, es muy físico, mucha pelota parada. El día de mañana quiero tener una chance en mi país, porque estoy capacitado. Estoy esperando el momento, pero esto lo hago con muchas ganas.”

Sin policías y con distintas sugerencias

Caminar por las calles de Irán no es igual que hacerlo en otros países: “Los extranjeros tenemos más libertades, pero igual debemos adaptarnos a un montón de cosas. Yo ya incorporé lo de andar en pantalón largo todo el tiempo, hasta en la playa. Si voy al mar no puedo entrar sin remera”. Sobre la seguridad, el Gato dice que es muy confiable: “No ves un policía ni en los bancos. Las sanciones para los ladrones son muy duras. Saben que si los agarran robando..., chau. El que se porta mal las paga”.

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