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El secreto de la felicidad

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LA NACION
Miércoles 01 de diciembre de 2010
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Que el dinero (a veces) no hace la felicidad es una verdad de Perogrullo. Sin embargo, a partir de la constatación de que el crecimiento del PBI de un país no siempre basta para que sus habitantes gocen de "una vida color de rosa", parece que los economistas y los investigadores sociales están redescubriendo la sabiduría de las abuelas: la felicidad es cada vez más el tema del momento. Hoy se habla de la "política de la felicidad", de la "economía de la felicidad" y hasta de la "ciencia de la felicidad" (una revista con referato, el Journal of Happiness Studies, publica investigaciones sobre la materia). De hecho, Bélgica, Gran Bretaña y Francia quieren evaluar la "satisfacción" de sus ciudadanos...

El problema, por supuesto, es que deben existir tantas definiciones de la felicidad como seres humanos hay sobre el planeta, de lo que se desprende que esta maravilla no encaja muy bien en la econometría. El País acaba de publicar una nota que analiza este intríngulis y Mario Bunge, de visita en Buenos Aires, dio recientemente una brillante conferencia sobre cómo medir la felicidad (cuyo texto me envió un generoso amigo). Por ahora, lamentablemente, la respuesta es inasible: hay quienes arriesgan que se necesita un ingreso de por lo menos 15.000 dólares anuales para empezar a ser feliz, otros subrayan que la alegría tiene "patas cortas" (a los que ganan la lotería ¡sólo les dura un año!, porque después se acostumbran) y otros, como el propio Bunge, afirman que se puede medir el bienestar, pero no la felicidad. Todo parece demostrar, eso sí, que estamos en la prehistoria de una economía con valores humanos...

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