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Nicolás Caputo, el asesor que más influye en las decisiones de Macri

Dicen que, gracias a su amistad con Mauricio, funciona como un “jefe de gabinete sin papeles” , aunque eso despierte celos en el macrismo y denuncias en la oposición: las poderosas empresas de su familia tienen millonarios contratos de obras con el estado porteñoLaura Di MarcoPara LA NACION

Domingo 05 de diciembre de 2010
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Al empresario Nicolás Caputo bien podríamos definirlo así: es el hermano del alma de Mauricio Macri, a quien conoció en el colegio Cardenal Newman cuando ambos tenían seis años. A veces también es su protector, ese amigo incondicional que lo contiene frente a los embates públicos de su padre, Franco. Y hoy, sobre todo, es su principal consejero, parte de la mesa hiperchica de Pro y del gobierno porteño, mesa informal pero muy poderosa -que también integra José Torrello, otro ex Cardenal Newman- en la que el jefe de la Ciudad confía y donde, finalmente, termina tomando las decisiones políticas más difíciles.

Pero Caputo, a quien todos llaman Nicky, no sólo es señalado como un jefe de gabinete sin papeles, sino que la oposición lo cuestiona, desde el mismo momento en que Macri asumió, por la incompatibilidad de ese rol político privilegiado con el hecho de ser un contratista del Estado porteño en la obra pública.

Sucede que, aunque la familia Caputo tenía negocios con el Estado antes de la llegada de Macri al gobierno, hubo también importantes adjudicaciones de obras durante esta gestión: a la empresa de la familia Caputo le fueron adjudicadas la reparación de 14 escuelas y obras de bajo nivel de los ferrocarriles, al margen de que ya tenían los contratos por el mantenimiento de buena parte de la infraestructura hospitalaria.

Hay algo que resulta claro, sin embargo: Caputo, cuya familia es mucho más rica que la de Macri, es influyente frente al jefe porteño y, por extensión, lo es dentro del gobierno porteño. Amigos desde hace más de 46 años, han estado muy cerca en muchos de los momentos más importantes de sus vidas: desde el secuestro de Macri -fue su amigo Nicky quien se encargó de pagar el rescate- hasta el reciente casamiento con Juliana Awada, ceremonia en la que el álter ego del alcalde fue testigo.

Y así como hoy influye en la política porteña antes lo hacía en Boca, cuando era la mano derecha de su amigo en la compra y venta de jugadores. No es raro ver a Caputo -bajo de estatura, morocho, de buen trato- caminar por Bolívar 1. Pasa "a saludar" después de una reunión de gabinete, conversa con ministros u otros funcionarios por cuestiones relativas a la gestión. Algunos apelan a su cercanía para intentar "decodificar" al jefe. Quienes lo frecuentan en sus oficinas de Paseo Colón al 200 coinciden en que el empresario tiene las habilidades sociales de las que su hermano de la vida carece: empatía y capacidad para entablar vínculos, dos insumos esenciales en la política.

Le gusta cultivar relaciones con el ala más peronista de Pro, aunque son pocos los que acceden a la intimidad de su casa en el country Cardenal Newman, en Benavídez, donde vive con Agustina, su segunda mujer, y su pequeño hijito, Félix (tiene otros tres hijos de su primer matrimonio). Uno de esos escasos funcionarios que van a su casa es el ministro Diego Santilli, quien se ocupó de anudar un lazo con Caputo cuando fue designado vicepresidente primero en la Legislatura.

Caputo percibe como algo naíf la política comandada por Gabriela Michetti, aunque también ha tenido roces -de hecho, están peleados ahora- con el dirigente radical y tesorero de Boca, Daniel Angelici, otro nombre polémico muy ligado a Macri.

Sin embargo, y a pesar de la simbiosis entre Caputo y el jefe de Gobierno porteño, existen notables diferencias entre ellos: mientras uno eligió ser una celebrity, el otro abraza el bajo perfil. Está obsesionado con su seguridad porque evalúa que el país se ha vuelto "peligroso" y siente que tener mucha visibilidad como empresario exitoso podría convertirlo "en blanco" de un potencial ataque.

Odia las entrevistas. Y odia que hablen de él en los medios, aunque fuera para decir que es alto, rubio y de ojos azules. De hecho, cuando se enteró de que Enfoques preparaba este perfil, sólo atinó a decir que eso no es música para sus oídos.

Doble rol

La primera vez que Caputo fue cuestionado por incompatibilidad en su doble rol de influyente jugador político y contratista del Estado fue cuando Macri lo nombró asesor ad honorem, en un intento de "blanquear" el verdadero lugar de su amigo. Pero la oposición presionó y Caputo debió renunciar.

La empresa familiar Caputo S.A, de la que el empresario es accionista (tiene una participación del 20 por ciento, según declara), es una de las empresas constructoras más grandes de la Argentina. Fundada por su abuelo en 1932, desde la década del 70 es contratista en la Ciudad y actualmente también tiene contratos con la Nación. Además, lidera el mercado de la construcción privada y también juega fuerte en el rubro energético. José Caputo -uno de los hermanos de Nicky, que falleció de un infarto el día en que Macri ganó las elecciones- fue, hasta su muerte, uno de los directores del grupo Sadesa, importante operador del sector. Nicky, además, es dueño de Mirgor S.A, una empresa de aire acondicionado para autos, que creó junto con su amigo, en 1983.

"Dentro de la nueva burguesía kirchnersita siempre coló el universo macrista. Tanto en la obra pública, como en la energía, además del juego. Es decir, compartían negocios", dice el jefe del bloque de la Coalición Cívica en la Legislatura porteña, Fernando Sánchez.

Para Marcos Peña, secretario general del gobierno porteño, "en torno a Caputo existe mucha leyenda y fantasía que nunca fue probada. Dentro de Pro, inclusive, hay ministros que suponen que tiene un poder sobre el Gobierno que no es tal. Y en cuanto a las adjudicaciones de obras, la mayoría ya las tenía, y las que ganó ahora en la ciudad son bastante menores en comparación con su actividad privada. No hubo irregularidades, ni tampoco un patrón sistemático que lo beneficiara en las licitaciones".

Los papeles dicen que, en 2010, y avalada por la firma del jefe porteño, la empresa SES S.A, controlada en un 50 por ciento por Caputo. S.A, ganó la licitación para la reparación de 14 escuelas en la ciudad, por 30 millones de pesos. SES también ha sido la principal contratista para la reforma y el mantenimiento de los hospitales, aunque estas obras fueron otorgadas antes de la asunción de Macri. Sin embargo, también durante este año, la empresa Caputo se hizo adjudicataria de obras bajo nivel en los ferrocarriles, cuyo trámite estuvo signado por una polémica transferencia de 300 millones de dólares -un préstamo, que se discutió acaloradamente en la Legislatura- hacia Autopistas Urbanas S.A (Ausa), una empresa del gobierno de la Ciudad, con caja propia, que no está sujeta a la ley de compras y contrataciones.

La nueva obra ganada figura en los balances de este año, que Caputo S.A. cuelga de su página web.

Cuando asumió Macri, el amigo Caputo ya había ganado los contratos para realizar el Centro Metropolitano de Diseño, en Barracas; la construcción del Parque Mujeres Argentinas, en Puerto Madero, y la sede de la Orquesta Filarmónica, en el edificio principal de lo que será la Ciudad de la Música, una obra de más de 50 millones de pesos.

Sin embargo, a la oposición siempre le resultó sugestivo que seis días antes de terminar su mandato, el 3 de diciembre de 2007, Telerman avalara con un decreto la redefinición de mayores costos para las tareas de mantenimiento en hospitales porteños, llevadas adelante por S.E.S. El redondeo fue por alrededor de 3 millones de pesos. Otro reajuste fue de 480 mil pesos para refaccionar un pabellón del hospital Moyano.

Caputo S.A también tiene obras con el Ministerio de Planificación Federal. Una muestra: publicado on line , destaca un contrato firmado con la cartera de De Vido, junto con otras empresas, para realizar refacciones en el Hospital Nacional Posadas, por más de 170 millones de pesos.

Mientras la oposición acusa un conflicto de intereses, los empresarios tienen una mirada más pragmática: "Los Caputo son millonarios desde mucho antes que Macri fuera gobierno. Tienen un know how aceitado para ganar plata con Menem, Kirchner, De la Rúa o quien sea".

A fines de 2008, el consejero millonario volvió a verse envuelto en otra polémica: esta vez por el negocio del juego, un escándalo que estalló en plena reunión de gabinete cuando Gabriela Michetti cuestionó -y se negó- a convalidar un escandaloso convenio que favorecía a Néstor Kirchner y Cristóbal López. Las versiones indicaban que Caputo y Torello habían sido los negociadores, en nombre de Macri, frente al Gobierno nacional.

Y, de nuevo, frente al escándalo público, el jefe porteño tuvo que dar marcha atrás.

"Hay sectores del macrismo que juegan al poder con el gobierno nacional. Y Macri lo permite porque juega los dos jueguitos", dispara Sánchez, el hombre de la Coalición Cívica.

Caputo, mientras tanto, insiste en resguardar su bajo perfil y cree que los medios sólo se ocupan de él por ser un empresario exitoso y el "amigo de". Lo dice con todas las letras en su círculo más íntimo: "Yo no elegí ser público, y así me fue bien, ¿por qué tengo que cambiar?".

© LA NACION

Quién es

Nombre y apellido: Nicolás Caputo Edad: 52 Amigos desde los 6 años: Conoció a Mauricio Macri cuando ambos tenían seis años, en el colegio Cardenal Newman. Vive en Benavídez con su actual mujer y su pequeño hijito, aunque tiene otros tres de un primer matrimonio. Contratista de larga data: Su empresa familiar es una de las constructoras más grandes del país, contratista de la Ciudad desde los 70 y también con contratos con el gobierno nacional. Su familia también juega fuerte en el rubro energético.

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