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Seres que pretenden justificar el horror

La impunidad de los opresores y sus falsas creencias

Jueves 09 de diciembre de 2010
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El libro de almohada Autor: Pedro Sedlinsky. Intérpretes: Stella Matute, Joselo Bella y Lelia María. Voz en off: Ruth Palleja. Escenografía y vestuario: Alejandro Mateo. Luces: Agustín Valle. Producción ejecutiva: Rosa Sánchez. Dirección: Dora Milea. En Espacio Ecléctico (Humberto Primo 730). Viernes, a las 21. Duración: 70 minutos. Nuestra opinión: buena

Un renovado modelo de un campo de concentración. Dos mujeres lo conducen - Irma e Isabel- y responden al poder de otras dos mujeres -Iris e Isolda-. Un soldado ha sido capturado e internado allí. Día a día se experimenta con él. Se observa su conducta, se tratan sus heridas, se lo alimenta de una manera especial. En definitiva, se lo prepara para morir.

¿A quién exactamente responden esas mujeres? ¿Quién verdaderamente está en el poder y qué busca? Las respuestas sólo pueden ser aportardas por el espectador después de hacer un repaso, quizá, por la historia contemporánea. Será inevitable cruzar experiencias como poder y feminismo.

Pedro Sedlinsky, el autor de El libro de almohada, sólo propone algunas pistas. Expone conductas de unos seres que, en el caso de las mujeres, justifican los horrores de sus actividades, apoyándose en la fe, en la admiración y en el respeto de quienes las conducen. El soldado intenta reconocer ese marco político que se ha apoderado de su cuerpo y que juega con él intentando lograr comprobaciones que justifiquen quién sabe qué cuestiones.

Una de las mujeres, Isabel, escribe día a día un diario en el que describe las transformaciones que va sufriendo ese soldado. Ese manual parece su último destino y aquello que, por sobre todo, sostiene su desempeño en el lugar.

Con una dirección de Dora Milea que se detiene a observar con buenos registros el interior de esos personajes y donde hasta cada gesto, cada tono de voz, cada actitud refiere algo que los define con notoriedad, la puesta encuentra en los actores a unos interesantes conductores de ese mensaje que la acción dramática, cargada de juego, en verdad esconde.

Intensidad actoral

Stella Matute y Lelia María componen dos figuras sumamente intensas. Con simpatía, dulzura y unos discursos didácticos que hasta parecen ingenuos, alimentan una actividad que las torna sumamente crueles. Más lineal, tal vez, Joselo Bella se desplaza por una línea dramática que no le posibilita mostrar con real verdad los dobleces de un personaje que conoce ese mundo del que participa - la guerra-, aunque en su presente le toque estar del lado de los perdedores.

La propuesta tiene su riqueza porque propone una continua reflexión acerca de nuevas formas de ejercer el poder, siguiendo huellas muy fuertes de un pasado reconocible, pero que parecen rescatarse bajo otras modalidades de ejecución.

El libro de almohada es una experiencia que cuenta, además, con destacadas propuestas de escenografía y vestuario (Alejandro Mateo) e iluminación (Agustín Valle).

Carlos Pacheco

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