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Médicos reviven el quinteto de Piazzolla

Dos neurólogos, un neumonólogo, un psiquiatra y un residente del Cemic, Fleni y el hospital Borda comparten su pasión por el tango

Domingo 19 de diciembre de 2010
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LA NACION
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A los 60 años, Martín Nogués está cumpliendo un sueño casi por azar y después de tres décadas de haber reemplazado el acordeón por el trabajo sin horarios de la práctica médica. Desde hace un año, junto con cuatro colegas, integra Meditango, un grupo que revive el famoso quinteto de Astor Piazzolla.

"Aprendí a tocar el acordeón desde muy chico", recuerda el doctor Nogués, jefe del Servicio de Neurología de Fleni y neurólogo del Cemic. Fue recién 30 años más tarde, cuando volvió a tocar el acordeón, que le nació esa fascinación por los tangos de Piazzolla que transmite al hablar.

Pero, para ser completamente fiel a esa pasión, debió comprarse un bandoneón. "Con el primero que me junté -dice- fue con Fabián (Santini), que toca el piano y tenía formación de conservatorio. Pero lo más interesante es que, aunque lo conocía por el trabajo, no sabía que era músico."

Al poco tiempo, en los pasillos del Hospital Universitario Cemic, se enteraron de que un residente de Clínica Médica era violinista y había integrado la Orquesta Académica del Teatro Colón. Un breve recital para médicos en el salón de actos de Fleni lo llevó directo a ocupar un lugar en el grupo en formación.

"Conocí a Martín, que es un amante de la música, durante mi primer año de residencia -relata Alex Kostianovsky, próximo jefe de residentes del Cemic-. Me propuso dar un recital y como él era jefe de servicio no tuve muchas opciones en ese momento: estaba al comienzo de la residencia, que es muy dura, y fue una posibilidad de reconectarme con ser violinista."

Aún faltaban la guitarra eléctrica y el contrabajo del quinteto de Piazzolla. Enseguida, Alex recordó que un compañero del colegio secundario, ahora psiquiatra, podía aportar la guitarra. Así, el doctor Gonzalo Massia, médico becario del hospital Borda, se sumó al grupo y colaboró con la incorporación del contrabajo.

"De la guitarra pasé al bajo para tocar funk y rock -detalla el doctor Bruno De Ambrosi, neurólogo del Hospital Universitario Austral y del Cemic-. Ahora, que parece que me estoy poniendo más grande, cambié al contrabajo y la música de Piazzolla. El agregó al tango mucho del jazz, la música clásica, el rock, y por eso no me resultó ajeno al escucharlo. Creo que fue una amistad inevitable..."

Y a Massia, además de ayudarlo a despejar un poco la mente, "es una actividad que da mucho placer".

Poco a poco

El repertorio de Meditango crece poco a poco. No faltan obras instrumentales como Verano porteño , Milonga de la anunciación , Romace del diablo , Café 1930 , Milonga en Re , ni Libertango y Adiós Nonino . Y ayer por la noche, en la Fundación Norberto Quirno, estrenaron los tangos cantados Vuelvo al Sur y Balada para un loco (ver aparte).

Todos los conciertos, como el que dieron este año en la Academia Nacional de Medicina, en el Centro Cultural Borges, en facultades o en congresos médicos, son gratuitos (informes: meditangoquinteto@gmail.com) . "Es algo totalmente amateur -aclara Nogués-; nos gustaría ampliar el repertorio al tango más clásico y hacer funciones con fines solidarios."

También les gustaría, y mucho, interpretar Balada para un loco en el Borda, como lo hizo el propio Piazzolla en 1970, al año siguiente de componerla, con su quinteto y Amelita Baltar. "Al no ser profesionales, tenemos la ventaja de poder hacer lo que queremos. Cuando pensamos en cada tema o un show, incluimos lo que más nos gusta", destaca Massia, docente adjunto de psicopedagogía de la UCA.

Arte y ciencia

"La medicina es arte y ciencia, y la música, también: tiene un componente artístico indiscutible, pero también técnico, con leyes de la física y la matemática, que cualquier compositor tiene en cuenta al componer -precisa el doctor Santini, de 48 años y 20 de antigüedad en la medicina-. Para nosotros se parecen: ambos quehaceres van por carrilles paralelos. Si uno diseca la superficialidad, en la profundidad son muy similares."

Es evidente que la música les da placer, pero también que los ayuda a sobrellevar mucho mejor las ansiedades, las angustias y las incertidumbres cotidianas del trabajo con los pacientes. "Nos sirve para canalizar las emociones, y a través de esto se cumple su costado terapéutico. Ahí, la música se vuelve a mezclar con la medicina", agrega Santini, que es neumonólogo y jefe de Internación de la sede Las Heras del Cemic.

Ambos artes se parecen también en que exigen relegar las individualidades para trabajar en equipo, como ocurre en durante las dos o tres horas de ensayo en las casas de Santini o de Nogués. Hasta ahora, Santini afirma que no hubo queja de vecinos, familias ni mascotas.

"A diario estamos expuestos a enfermedades complicadas y la música, que exige concentración y estudio, nos permite descansar la mente de esos problemas. Para nosotros es un cable a tierra", concluye Nogués.

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