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Incluir a los más pobres

Especialistas sostienen que las políticas sociales como la asignación universal mejoran la inclusión educativa de los chicos de los sectores más vulnerables

Domingo 02 de enero de 2011
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La realidad social de un país incide necesariamente en su calidad educativa. Si los niños no tienen cubiertas las necesidades básicas de alimentación, vestimenta, vivienda y salud, difícilmente puedan asistir regularmente a un establecimiento educativo, y mucho menos que consigan aprender.

Sin embargo, aún en estos contextos de extrema pobreza, hay escuelas que destierran estos condicionamientos sociales y demuestran que con buenas estrategias pedagógicas y sociales, más un sólido equipo docente es posible dar una educación de calidad para todos.

Estas son algunas de las conclusiones a las que llegaron reconocidos referentes educativos en un diálogo organizado por la Fundación LA NACION, Banco de Galicia y Proyecto Educar 2050. Participaron los ex ministros de Educación Juan Carlos Tedesco y Juan José Llach; Inés Aguerrondo, docente de la Universidad Torcuato Di Tella, y Silvina Gvirtz, directora de la Maestría en Educación de la Universidad de San Andrés. La reunión fue coordinada por Gustavo Iaies, director del Centro de Estudios en Políticas Públicas (CEPP).

"Los chicos de 15 años que se evaluaron recientemente en Pisa pasaron por lo peor en este país: vieron a sus padres perder el empleo y convivieron con el 50% de la población en condiciones de pobreza. No nos olvidemos de estas circunstancias que determinan en alguna medida la caída en esos resultados", sostuvo Tedesco.

Las cifras del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia, elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA y la Fundación Arcor, avalan esta tendencia. Según este estudio, los niños de 5 a 12 años que componen el 10% del estrato socioeconómico más bajo son los que padecen mayor déficit educativo (11,6%). Pero además son los que menos acceden a jornadas de doble turno (5%), no suelen ser receptores de cuentos (83,3%) ni usar Internet (91,1 por ciento).

"La Argentina es un caso en el que el nivel de condicionamiento social es muy fuerte, pero al mismo tiempo hay evidencias de que puede romperse con una organización del trabajo institucional diferente. Las escuelas exitosas en contextos pobres tienen buenos equipos docentes, responsabilidad con los resultados, y confianza en la capacidad de aprendizaje de los alumnos", señaló Tedesco.

El Colegio Madre Teresa, fundado por el padre Juan Pablo Jasminoy, es un fiel ejemplo de cómo es posible obtener buenos resultados en contextos desfavorables. Ubicado en una zona muy necesitada del partido de San Fernando, provincia de Buenos Aires, consigue darles educación de calidad a 575 chicos de las familias que viven sobre las orillas del río Reconquista.

Es un colegio parroquial gratuito (sólo pagan 10 pesos simbólicos de cuota), de jornada completa, con instalaciones de primer nivel, donde el foco está puesto en no dejar fuera a ningún chico y atender su situación personal. Gracias a un gabinete de 15 profesionales, entre los que se encuentran psicopedagogos, psicólogas y asistentes sociales, consiguen aumentar el tiempo que los niños pasan en el aula para alejarlos de la calle, evitando su posible contacto con el delito y previniendo el trabajo infantil.

Siguiendo este ejemplo, ¿qué otras medidas hay que tomar para que los chicos permanezcan en las aulas? En primer lugar, todos plantearon la necesidad de continuar con políticas sociales de base como la asignación universal por hijo (AUH), que trajo mejoras en la asistencia a clase (ver recuadro). "Hay que reforzar lo que se está haciendo y acelerar la universalización del nivel inicial y de la AUH, que no es universal porque hay millones de chicos que en realidad por distintas cuestiones legales no acceden a ella", sugirió Llach.

Aguerrondo planteó la necesidad de generar sistemas de asistencia diferencial para cada escuela, sobre la base de sus necesidades concretas. "Muchos de los roles profesionales que necesitamos no existen y tampoco hay un esfuerzo para ver cuáles serían ni cómo se pueden producir", afirmó.

También se hizo especial hincapié en la extensión de la doble jornada y en profundizar las competencias laborales en la enseñanza media. "Por lo menos la mitad de los chicos no van a terminar sus estudios secundarios y el diploma que reciben de enseñanza media es un carnet de no exclusión. Con estas competencias al menos tienen una salida laboral", sentenció Llach.

Por Micaela UrdinezDe la Fundación LA NACION

UNA ASIGNACION CON BUENOS RESULTADOS

Una de las pruebas más cercanas del matrimonio entre contexto social y escolarización es la asignación universal por hijo (AUH). Esta medida de política social impactó positivamente en la inclusión educativa de las clases sociales más desfavorecidas.

"No podemos seguir analizando la educación como una política sectorial, sino que hay que incluirla dentro de un proyecto de sociedad. Para mejorar la educación hay que entender que hay que hacer muchas otras cosas que no tienen que ver con la educación. Esto se ve en el nivel internacional, la educación mejora muchas veces por lo que se hace con las condiciones materiales de vida de la familia y las condiciones culturales del conjunto de la sociedad", dijo Tedesco.

En cuanto a la transformación social que produjo efectivamente la AUH, desde la Anses señalaron que el impacto de la medida en la escolaridad es elevado y que la matrícula secundaria creció un 25%. "Si bien el aumento de la tasa de escolarización en secundaria probablemente no sea el 25% debe ser de un 7 u 8%. Y también, aun con datos informales, se ve un aumento en la asistencia a la primaria porque la asignación se cobra si se comprueba la concurrencia a la escuela. Por ejemplo, en nuestro programa Escuelas del Bicentenario no aumentó la tasa de escolarización en primaria, pero sí el presentismo de los estudiantes", expresó Gvirtz.

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