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El poder según Lanata

Revista

Los medios, el gobierno, los colegas, la política y la autoestima. "Es un momento difícil para escribir; todos están esperando para matarte", dice uno de los periodistas más incisivos de la Argentina

JOSE IGNACIO.- Jorge Ernesto Lanata nos esperaba en La Sarita, su casa de José Ignacio. Un caminito de piedras blancas hasta llegar a la puerta. Una piscina se ve a través de los ventanales. La construcción es de líneas rectas. Un cerco de madera de teca, los techos acanalados, todo rodeado de cañas exuberantes y el pasto del jardín ultraprolijo. Una camioneta Ford negra estacionada en el garaje.

A los 50 años se lo ve realmente muy instalado en su escritorio rodeado de libros por todos lados. Además de una importante biblioteca, toda la habitación está llena de papeles, ceniceros y carpetas. Queda poco lugar para cualquier otra cosa. Sentado frente a la pantalla de la computadora, Lanata gira en su sillón para contestar. De vez en cuando mira el monitor. Hay gaseosas que amablemente nos acerca su mujer o la empleada. Su hija Lola está jugando en casa de unos vecinos; su hija Bárbara, en algún otro lugar.

Nos rodea un interesante silencio.

Lanata no tiene respuestas obvias, porque no parece querer quedar bien con nadie en especial. Es frontal. Cuando se habla de asuntos personales parece tener más dudas que en lo profesional. Es tremendo por donde se lo mire: en el tamaño del cuerpo y de la cabeza; tremendo en la fuerza, la contundencia y las opiniones polémicas.

Lo aman o lo odian.

Estuvo casado brevemente con Silvina Chediek; su hija mayor, Bárbara, es fruto de su pareja con Andrea Rodríguez y Lola, la pequeña, es hija de Sarah Stewart Brown, su actual esposa.

-Esta casa se llama La Sarita, como tu mujer. Parece un nombre de estancia...

-Se lo pusimos en broma y ella odia ese nombre. Es que se lo puse por eso: a propósito.

-¿Cómo llegaste hasta acá?

-Por equivocación. No lo sé. Yo vengo de Sarandí, de la parte pobre de Avellaneda. En teoría, no tendría que estar acá. No sé. Tendría que estar en Mar del Plata, donde nací. Mis viejos estaban la mitad del año allá y la otra mitad en Buenos Aires. Ellos iban porque mi mamá se había enfermado de un tumor cerebral y mi viejo fue dejando parcialmente de trabajar para cuidarla. Yo vengo de una familia de clase media, media baja, acostumbrada a laburar, con mi viejo que se recibió de grande de dentista. La enfermedad de mi vieja empezó cuando yo tenía seis, siete años. Casi no tengo recuerdos de ella bien; es decir, sana. Murió hace diez años. No tengo hermanos, y el hecho de la enfermedad de mi mamá marcó toda mi vida y -obviamente- la de mis padres.

-Podemos armar una especie de paso a paso en tu vida, hasta llegar a José Ignacio.. [Se ríe]. Digo: ¿uno llega de Sarandí hasta aquí sin escalas?

-Hay que ver adónde llegás cuando llegás a Punta del Este. No sé bien. Es una farsa. A ningún lado: a la tercera generación de almaceneros. A eso llegás, no llegás a nada.

-Tiene tanto simbolismo José Ignacio como el Palacio Estrugamou, donde tenés tu departamento de Buenos Aires.

-Sí, tiene mucha carga. Pero vivo ahí porque es lindo, más que por otra cosa. Me parece mucho más lindo que un piso en Puerto Madero, que si pudiera tenerlo, no lo tendría. Por otro lado, y aunque parezca que no, es más barato vivir ahí que en Puerto Madero. Y a José Ignacio venía con Silvina Chediek, cuando estaba casado con ella; he estado con Fito Páez -él, de vacaciones-, y estuve solo, en distintas épocas mías. Había hecho una casa acá al lado. Como los fotógrafos y la gente me internaban la vendí antes de usarla. Y estuve como ocho años sin venir, enojado con José Ignacio. Hasta que después me casé con Sarah, que quiso volver. Volví.

-No vas a la playa, en general.

-No. Detesto la playa. Me molesta la arena, el viento y, aparte, los fotógrafos [se ríe].

-¿Qué te da el periodismo gráfico que no te dan los demás tipos de periodismo?

-Formación.

-Dinero, poco.

-Bueno, depende de cómo te vaya, pero podés vivir bien haciendo periodismo gráfico. Depende de quién seas también, y también depende de la cantidad de dinero que quieras tener, pero nunca vas a hacer la plata que hacés en televisión.

-Pero la gráfica da prestigio.

-Yo vengo de la gráfica porque empecé escribiendo desde los doce años. Es toda mi carrera. Escribí toda mi vida. Nunca dejé de escribir. Para mí, todo lo demás fue accidental. Lo que yo hago es escribir. No hago otra cosa. Lo demás me fue saliendo pero con distintos grados de dificultad. La televisión fue, en algún punto, lo más complejo, porque me hacía pelear con lo que menos me gusta de mí mismo, que es mi imagen. Era como la última barrera por saltar. Pero una vez que me pude liberar de eso me importó todo un pomo.

-Pudiste perder el pudor.

-No se pierde de un día para el otro. Laburás para eso. Yo me acuerdo de haberme pasado por lo menos dos años de Día D trabajando en mi relación con la cámara, únicamente.

-¿Cómo?

-Es difícil de explicar. Durante muchos años yo trabajaba sin mirar los monitores.

-O sea que no te mirabas.

-Claro. Pero ahí tenés que llegar a una conclusión: no tengo remedio. Punto. Si estás todo el tiempo pensando que tenés remedio, fuiste, porque dependés de eso. Nunca vas a poder decir algo en serio. Y el problema que tiene la televisión es que se nota todo. En algún momento, paf, se nota. Y la gente lo ve del otro lado.

-¿Cómo te llevás con tu imagen?

-A uno nunca le gusta del todo su imagen. Bah, pobre del tipo al que le guste del todo su imagen. A mí nunca me pasó de estar tan conforme conmigo como para gustarme. Y si vos lo ves, en términos objetivos, he tenido épocas en que he sido más lindo y otras en las que he sido más feo, pero nunca tuvo nada que ver con el hecho de cómo yo me sintiera. Me parece que tiene que ver con una cosa interior.

-Volvamos a los distintos periodismos: ¿hay algo en la televisión que hace que lo que uno dice parezca más frívolo que en la gráfica?

-En la televisión, la fuerza de la imagen muchas veces prepondera sobre el contenido. Einstein vestido con una camisa hawaiana es el viejito vestido con la camisa hawaiana, no es Einstein. Es más fuerte la camisa hawaiana que la teoría de la relatividad. Esto es algo que tenés que tener en cuenta a la hora de hacer televisión: cuál es la fuerza de la forma, y cómo tratar de que la forma, o bien se neutralice, o bien se potencie. Pero lo que no podés hacer es desconocer que la forma existe. En general, yo veo que la gente que se pelea con la televisión tiene una cantidad de prejuicios sobre ella que le impiden participar de la televisión.

-Una actitud necia y estúpida. Como los que no usan celular porque son cool.

-Es una locura, porque están peleando contra algo que no va. Nunca van a ganar, ni perder, ni nada: están en otro lugar. En segundo lugar, tenemos un rollo con el tema del entretenimiento en la televisión que, para mí, es equivocado.

-En los medios gráficos, ¿quién fue el inventor? ¿Héctor Ricardo García, Jacobo Timerman, Natalio Botana?

-Con Jacobo tenía una relación difícil, porque tuve la suerte de me fuera bien en el momento en que a él le iba mal: él fracasa con La Razón el mismo año en que yo hago Página 12. Por un lado, no se lo bancaba y, por otro lado, me quería. El tenía todo: chapa, edificios, rotativas, y yo no era nadie, tenía veintiséis años. Jacobo tuvo que ver con una Argentina de una época. Y fue un tipo que resultó muy susceptible a los lobbies, que laburó para los milicos, que creó el mismo monstruo que después se lo comió. Murió aislado y solo, acá en Punta del Este.

-¿A García lo conociste?

-Sí. No lo traté mucho. Lo vi un par de veces. Me parece un tipo interesante: es un editor. Hay pocos editores. Hay muchos tipos que son capaces de llevar adelante un medio cuando ya está. Pero tipos que lo saquen de la nada y lo hagan hay muy poquitos. Jorge Fontevecchia es un tipo que me gusta. Es un editor, para mí, en algunas cosas desparejo y en otras muy bueno. Pero creo que sacando a Jorge, a García...

-¿Vos te incluís?

-Sí.

-Amigos en común me contaron que sos un tanto compulsivo con las compras. ¿Llegaste a gastar fortunas?

-Lo fui en una época. Me imagino que cuando sos más chico y andás por ahí, salís mucho, estás todo el tiempo de levante y boludeás, estás más en esa actitud de mostrarte, de mostrar qué te pusiste, qué no.

-¿No sos un señor cuidadoso con el dinero?

-No. Pero eso tiene que ver con que puedo generarlo.

-¿Tenés dinero en el banco?

-No. En este momento, no, pero por Crítica. Pero está todo bien, no necesito tampoco. Vivo de mi laburo.

-Vivís al día.

-No completamente al día, pero sí. Este año, por ejemplo, necesito laburar. Lo que pasa es que vengo de perder una casa con Crítica. Perdí 600 lucas; tenía esa guita. Pero no pienso en la guita en ese sentido.

-¿Sentís que has tenido éxito con las mujeres?

-Siempre tuve suerte con las minas. Ahora estoy retirado. [se ríe] Las minas son encantadoras, son increíbles.

-Casi lo único que nos importa de un hombre es la cabeza... y eso a vos te beneficia. Ahora bien, si vos tenés que vivir de tu trabajo, ¿por qué no cuidás tu cuerpo un poco más?

-Lo cuido, pero hay un punto en que ya hay cosas que me pasan porque tengo cincuenta. Soy diabético desde los cuarenta. Por locura. Por estrés.

-¿Sos insulinodependiente?

-Sí. Pero nunca le di mucha bola a la cuestión física.

-O sea que nunca tendrías que haber aumentado de peso.

-Claro, pero después llega un momento en que es difícil bajar; tenés resistencia a la insulina. No se puede. No tomo alcohol, nada. Lo único que hago es fumar. Después, hago una vida supersana. Tendría que caminar. No lo hago, me cansa, no tengo ganas.

-¿Hay una rutina que te da placer hacer?

-Soy un tipo bastante rutinario. Me despierto temprano, a las seis y media o siete. Pero claro, la insulina me hace eso, porque tengo que inyectármela a la misma hora, y temprano, y comer algo. Ahora estoy peleando contra un libro, y entonces estoy encerrado gran parte del día acá; o sea, mi vida pasa por acá adentro. Salgo poco, voy siempre a los mismos lugares. Ahora, y sobre todo en temporada, es toda una situación salir. Porque está todo bien con la gente, pero llega un momento en que te rompe un poco la paciencia. Entonces, trato de no ir a lugares donde hay mucha gente, en horarios en que hay mucha gente. Voy a contra horario de los lugares. No voy a shoppings, no hago esas cosas. Pero es la propia vida, la que te va limitando con estas cosas.

-¿La mirada de quién te importa?

-De todo el mundo. Soy muy inseguro.

-Pero uno no es vulnerable a cualquier mirada.

-Sí, totalmente. Y mirá que pasaron los años, pero no logro ser todavía inmune. No me puedo acostumbrar. Es que estás muy expuesto todo el tiempo. Ahora, que es verano, me escriben poco; pero pongamos que recibo diariamente 50 o 60 mails. Yo estaba con eso, y además estaba en Facebook, miraba Twitter y tenía Google Alert. ¿Sabés qué hice? Me desenganché de todo. Hace cuatro o cinco meses que no estoy en nada, no me importa. Y estoy bien.

-¿Hay críticas de algún sector del oficialismo que te molestan? Aparecés frecuentemente en 6, 7, 8...

-Hay algo raro. Justamente estoy escribiendo sobre eso. El programa 6, 7, 8 nunca lo vi, sólo un cachito una vez, a Barone, y me dieron ganas de ir y cagarlo a trompadas. Sarah lo ha visto un par de veces y se enojó. Yo le dije que no lo viera más. Pero esos casos no me preocupan, porque yo entiendo por qué lo están haciendo: es por plata.

-¿No te duele en ningún lugar?

-No, Diego Gvirtz no, está haciendo plata. Ok, que haga su negocio, no me importa. Gvirtz ha estado acá varias veces ofreciéndome laburo. Varios años, me ha venido a ver hasta acá para decirme: Vamos a Buenos Aires a hacer tal cosa y tal otra. Y yo sé que lo está haciendo por guita. Eso no me importa. Ahora bien, si Menem me decía: "Es un narcotraficante", tampoco me importaba porque era Menem; lo mismo que Kirchner o que Cristina o quien carajo fuera.

-¿Ponés en la misma balanza a Menem, a Kirchner y a Cristina?

-Son políticos, ¿no? A ver, ¿en qué se diferencian? Sí, en algunas cosas, pero en un punto son iguales. Esos tipos están haciendo su negocio de poder. En el fondo, me parecen pobres tipos. Ni siquiera me inspiran respeto intelectual ni nada. Son bastante brutos.

-¿Qué pasó a lo largo de estos años con tus compañeros de ruta: Tenembaum, Zlotogwiazda, Sietecase?

-Es inevitable que cada uno sienta que el programa se ve por él, que uno es mejor que el otro. Algo que aprendí con el tiempo es que, cuando alguien se quiere ir, lo mejor que puede hacer es irse. En estos años me reencontré más con Tenembaum que con Zloto, aunque también está todo bien. Con Adrián Paenza, no. Además, pasaron los años y ninguno hizo nada jodido. Son buenos periodistas, son buena gente, y de última, lo que hubo ahí fue una pelea de egos.

-¿Horacio Verbitsky es una persona a la que leés y respetás?

-Es distinto con Horacio. A ver, uh... Es un tipo que es más político que periodista. Siempre tuve una relación difícil con él. Yo soy más periodista que político, me interesan otras cosas en la vida. Yo nunca hubiera sido "monto"; las diferencias que yo tengo con toda la cosa armada son muchísimas.

-Pero estaba en Día D. Cuando lo leés en Página 12 hoy, ¿qué pensás?

-Me acuerdo de que al comienzo de Página, le decíamos que sus notas eran largas. Y no hay nada peor que una nota larga. E incluso más, habría que buscar en los archivos, pero había notas de Verbitsky hablando bien de Menem que no se cortaron, y que salieron publicadas. Si vos ahora me preguntás si lo leo, te digo sí, pero no lo leo como periodista, sino cuando quiero saber qué piensa un sector del cristinismo.

-Cuando leés Clarín, por ejemplo, ¿qué sector querés saber qué piensa?

-En Clarín no hay ninguna firma comparable porque aplana cualquier firma. Es muy difícil en Clarín, por la estructura del medio y por cómo está editado, que las firmas se destaquen. No sé si esto es deliberadamente así o les salió así. Es más, hoy, como está editado Clarín, el único tipo que se destaca es Alejandro Borensztein.

-¿Y en La Nación?

-Están Pagni o Morales Solá. Me parece que Morales Solá está en lo institucional, que Pagni está pensando en el periodismo puro y duro, de primicia, y está Grondona, que también es la institución.

-¿Perfil?

-Ahí, obviamente, Jorge Fonteveccia es todo. Y está muy bien. Y está bien que hayan logrado que un periódico se haya transformado en diario. Eso es increíble. Es un triunfo maravilloso del marketing.

-Has aparecido en Intrusos, en una larga conversación con Jorge Rial. ¿Es un interlocutor que te interesa?

-En su momento, cuando a Rial lo habían echado de todos lados, nosotros lo llevamos a Veintitrés. Tampoco me la paso en programas así, pero me parece divertido.

-Hay intelectuales sobre los que me gustaría preguntarte. Una es Beatriz Sarlo.

-Desde el kirchnerismo para acá, se ha vuelto un momento difícil para escribir. El kirchnerismo terminó haciendo una confusión de roles que, en algún punto, es muy perversa. Te deja en un lugar raro, donde tenés que estar explicando si sos, no sos, si fuiste, si vas a ser, cuando en realidad ellos no son nada de lo que dicen que son. Pero te dejan culpable a vos. Es una cosa rara. Yo todavía no tengo bien claro cómo es la situación. Con respecto a Beatriz Sarlo, en su época socialista y después filorradical yo no me la bancaba. Ahora, en el último tiempo, Beatriz Sarlo, Tomás Abraham, Santiago Kovadloff, son tipos serios. Y últimamente, encontré en Beatriz Sarlo algunas cosas que están bien. Hay que tener bolas para escribir en este momento, y decir algo. Es un momento difícil, confuso, de mierda, donde todos te están esperando para matarte: te tiran todo el aparato oficial diciendo que vuelve la dictadura, lo ponen a Videla y me ponen a mí.

-¿Cómo se diferencian hoy las veredas? ¿Está el progresismo de lo reaccionario? ¿Las veredas se alquilan?

-No es todo lo mismo. No es lo mismo la industria que la mafia.

-¿Y el fenómeno Víctor Hugo Morales?

-Me parece muy triste lo que pasó con Víctor Hugo. Está obnubilado por Clarín. Creo que incluso para odiar tenés que poder evaluar. Si el odio te supera hasta punto tal que te impide darte cuenta de dónde estás, no sirve. La sensación que da es la de una impotencia y un odio tan grandes que te preguntás: ¿qué le hicieron? Yo me he peleado mucho con Clarín. Pero no los odio.

-¿Página 12 fue de Clarín?

-¡Sí, claro! Todo 6, 7, 8 viene de ahí. Yo me fui de ahí porque era de Clarín. Yo fui el boludo que se fue. Cuando a mí me dicen que se va a vender el diario y lo va a comprar Clarín, yo digo: Todo bien, hagamos un período de transición y después me voy a ir. Fue lo que hice. Todos se quedaron, todos se hicieron los boludos, todos sabían que lo que yo decía era cierto, nadie nunca lo desmintió, nadie nunca nada. Si yo te digo: Me encontré con Magnetto una vez por semana todos los jueves en tal lugar a las once de la mañana durante un año, vos no podés decir que es mentira. Así fue.

-¿Qué cosas te quedaron pendientes? ¿Escribir en The Washington Post?

-No. Me encantaría llegar a esa situación, pero no estoy en esa situación de poder elegir dónde quiero estar. Estoy donde me invitan, pero no puedo elegir.

-¿Algún programa en un canal abierto?

-Prefiero hacer un buen documental y salir afuera. Hoy no es un problema de plata. Me importa haber hecho BRIC (ver recuadro) y haber estado viajando cuatro meses, sin problemas de presupuesto, con dos cámaras, etcétera, está buenísimo. Ahora estoy armando una cosa que se llama Veintiséis personas para salvar el mundo. Implica veintiséis viajes.

-¿De quién a quién?

-Desde Noam Chomsky hasta Bill Gates o Sean Penn.

-¡Es el sueño del pibe!

-Por eso, ¿y vos me decís si quiero hacer un programa los domingos a la noche en Telefé? No. ¿Me entendés? Prefiero hacer esto. Tampoco hay que estar todo el tiempo en el medio. Tampoco es que tengo la cabeza en remojo.

-Cuando brindaste a fin de año, ¿qué pediste?

-Mirá, mi hija Lola me preguntaba el otro día qué le había pedido a Papá Noel y le dije que nada. Me pareció que estaba bien haberle dicho eso. Le dije: "Tengo todo lo que necesito. Estoy con vos, con mamá. No necesito otra cosa. No le pedí nada: le pedí que siguiéramos teniendo lo que tenemos". Nada más.

TRAYECTORIA

Lo más reciente: en 2010 -2011 realizó BRIC, su última serie de documentales. Y Después de Todo (DDT), por canal 26.
Fue el creador de Día D, con el que obtuvo el Martín Fierro.

En cine: estrenó Deuda (2004), un documental sobre la deuda externa.

En gráfica: en mayo de 1987, con sólo 26 años, cofundó y dirigió Página 12.
En 1990, la revista Página 30.
En 1998, la revista Veintiuno (luego Veintitrés).
Tuvo una columna en el diario Perfil.
En 2008 lanzó el diario Crítica.

En radio: Hora 25, Rompecabezas (que obtuvo el Martín Fierro), Lanata AM.
Colabora en la tertulia de La Ventana, de Gemma Nierga, en Cadena SER.

Libros: Polaroid, Argentinos 1 y 2, ADN. Mapa genetico de los defectos argentinos, entre otros

BRIC, IMPERDIBLE

Brasil, Rusia, India y China (BRIC) son las naciones a las que mirará el mundo de este siglo, según la teoría del economista inglés Jim O'Neill.

A la manera de una road movie Jorge Lanata se metió de lleno tanto en Inglaterra como en cada rincón de los cuatro países cuyas poblaciones crecen y en las que el PBI se acrecienta para mostrarlos en profundidad e intentar conseguir algunas respuestas sobre el futuro. Son diez capítulos que emite la señal Infinito los domingos, a las 22..

Por Any Ventura
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