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La TV, ¿reality o show?

ADN Cultura

La realidad ficcionalizada de Gran Hermano se extiende como fenómeno cultural y va incluso más allá de la programación televisiva

Por   | LA NACION

El 6 de septiembre de 1999, el primer Big Brother se emitió en la televisión holandesa. La leyenda dice que la idea surgió durante una reunión creativa en John de Mol Produkties, una parte independiente de la ahora célebre productora Endemol. Alentados por los exitosos formatos de The Real World (MTV, 1992) y Expedition Robinson (SBT, 1997) e inspirados en el experimento Biosfera 2 (un ecosistema artificial diseñado por investigadores de la Universidad de Arizona para entender las interacciones en un espacio cerrado), los cuatro cerebros de Endemol imaginaron un show televisivo filmado sin interrupciones, con el escenario real de una mansión, en el que seis personas convivirían sin competir. Aquel capaz de resistir el año de encierro se llevaría un premio de un millón de florines. En ese momento nadie soñó con algunos de los ¿grandes? momentos que, a lo largo de los últimos once años, Big Brother , en sus diversas versiones nacionales, le regaló a lo que el investigador español Román Gubern denomina la "cultura voyeur ": el parto en directo de una de sus participantes (Tanja Slangenberg, Holanda 2005); el abandono voluntario y simultáneo de todos los habitantes de la casa (Dinamarca 2001); la elección de una concursante ciega (Ángela Linares, España 2007); el embarazo ante las cámaras de la rubia Sissal (Dinamarca 2003); la inclusión de una menor de edad (Maeva Vazeille, de 17 años, Francia 2008) y de toda una familia (Carmela, Filippo, Fabiano, Giuseppe y Domenico Orlando, Italia 2008); la victoria de una ex prostituta (Viviana Colmenero, Argentina 2003); el anuncio de cáncer a Jade Goody (India 2008, Goody moriría cuatro meses después) o el impresionante récord de audiencia traducido en 154 millones de votos reunidos durante una final (Brasil 2010). A poco más de una década de su impacto a escala global, parece no haber límites para los reality shows . Sin embargo, podría pensarse que su mayor impronta no habría que buscarla en el interior de una casa con 70 cámaras, una vaca y una docena de hijos de vecino con serias dificultades para hacer un huevo frito. El que tal vez sea su golpe definitivo consiste en aparecer y establecerse fuera de las fronteras horarias del programa, en cualquier momento de la grilla televisiva, como un virus que se oculta y expande cuando menos se lo espera. El reality show se impone como género, pero triunfa como técnica.

"En nuestra historia reciente, la política fue el eje dominante de la vida pública; tras la caída del Muro de Berlín, ese lugar pasaron a ocuparlo la sociedad mediática y el espectáculo", subraya Pablo Sirvén, especialista en medios y coautor, junto a Carlos Ulanovsky, de ¡Qué desastre la TV (pero cómo me gusta...) (Emecé); en su opinión, "el ímpetu continuo de las nuevas tecnologías hace que la televisión entre en crisis, porque pierde el monopolio del entretenimiento doméstico. Ante esa competencia, la TV necesita llamar la atención con nuevas experiencias cada vez más osadas. Y una de esas nuevas experiencias es el reality show , al que muchos llaman el primer género propiamente televisivo, ya que las telenovelas y las sitcom son herederas de la ficción literaria y las radionovelas".

Para Sirvén, la irrupción del reality show tiene un doble origen: por un lado, el cambio en las costumbres sociales generado por el frenesí tecnológico; por el otro, la desaparición del debate ideológico-político que se llevó el último ladrillo empeñado en dividir el mundo capitalista del socialista."En ese contexto irrumpe la generación tecnológica -dice-, que a partir de las herramientas de Internet se permite hablar públicamente de lo que hasta entonces era un tema menor y secundario, controlado por la agenda del pudor: la intimidad. La televisión se hace cargo de ese movimiento y, primero, le da visibilidad y consagra a los programas de chimentos, y luego, corona a sus conductores al ponerlos al frente de los reality shows."

En la Argentina, la derrota de la política a manos del espectáculo se hizo visible cuando la noticia de la renuncia de Chacho Álvarez a la vicepresidencia de la Nación, en octubre de 2000, obtuvo menos rating que otra renuncia, la de Emilia Paino, "Picky", a la final de Expedición Robinson , dos meses después. Poco antes, el "caso Lewinsky" parecía confirmar que la intimidad ya no era, necesariamente, una zona secreta. Si los mass media se animaban a ventilar lo que uno de los hombres más poderosos del mundo hacía en uno de sus despachos, ¿por qué no podía hacer lo mismo cualquier ciudadano de a pie convencido de que el Yo es la materia prima del show?

Quizás una primera respuesta a esa pregunta esté en el camino que siguió la propia Monica Lewinsky, cuyo estrellato pasó del Salón Oval de la Casa Blanca... a un reality show ( Mr. Personality , 2003). Otra respuesta, premonitoria por la fecha en la que surgió, complementa e ilumina las circunstancias culturales que enmarcan el mayor escándalo de la era Clinton. Pionera en proyectos de exhibicionismo casero, la página web JenniCam ( www.JenniCam.org ) construyó desde abril de 1996 un auténtico reality show unipersonal y demostró que la intimidad podía convertirse en un espacio de experimentación pública. En JenniCam, la veinteañera Jennifer Ringley mostraba su vida cotidiana a través de webcams instaladas en todos los rincones de su casa; con sólo apretar el botón derecho del mouse, el internauta entraba en la página y veía las idas y vueltas de la jovencita, sola o acompañada, en el baño, la cocina, o los lejanos pero próximos pliegues de su cama. La lógica del "hágalo usted mismo", tan propia de Internet, se combinaba con la desacralización de la intimidad como espacio blindado, en una unión inesperada que tendía a legitimar el ojo en la cerradura. "Hice JenniCam no porque quisiera o necesitara ser observada, sino porque simplemente no me importa ser observada", explicó Jenni a fines de 2003, cuando a siete años de su creación decidió cerrar el sitio. ¿Las razones? Sus continuos desnudos, materia de queja de su novio, y muy especialmente de PayPal, la compañía de pago on line que administraba el sitio.

Como JenniCam, la visionaria historieta Custer (1986), de Carlos Trillo y Jordi Bernet, también anticipó la "nueva" realidad que llega a través de lo que registran las cámaras. En la tira, una hermosa joven con nombre de general es contratada por una cadena televisiva para ser filmada durante las 24 horas del día. Para la protagonista, el resultado inmediato de ese acuerdo es el hartazgo y posterior abandono de su novio, y el cholulismo generalizado de quienes la rodean, conocidos circunstanciales que sólo se le acercan para poder salir en la tele. Ambientada en una ciudad futurista en la que hasta los suicidios están planificados, la historieta hace hincapié en la profunda soledad del personaje, cuya vida se transforma, cámara mediante, en la escenografía de una obra donde se interpreta el más insospechado y creativo de los guiones: aquél que se escribe minuto a minuto. No hay escape en el oscuro, melancólico y, a su manera, perfecto mundo de Custer , tan imprevisible como controlado a través de la edición. Al final, la protagonista cae de la terraza de un edificio, en un último salto mortal; en un movimiento inverso, el rating se dispara hacia alturas estratosféricas. En el medio, inmóvil y vigilante, la cadena televisiva salva a Custer para que siga al frente de su vida, o mejor dicho, del programa. A diferencia de la pesadilla que vive la estudiante soñada por Trillo y Bernet, quienes hoy participan de un reality show no parecen preocupados por la soledad o la melancolía. Y en caso de que lo estuvieran, como en Custer , el guión escrito por la edición siempre puede borrar, cambiar o manipular todo aquello destinado a amenazar la lógica del entretenimiento.

Ya en 1983, Umberto Eco señalaba, en La estrategia de la ilusión , que los tres objetivos de la "Paleotelevisión" eran informar, entretener y educar; reemplazada por una "Neo TV", que "habla de sí misma y del contacto que establece con el público", la televisión contemporánea somete la educación y la información a los mandatos del entretenimiento, presentes en todas y cada una de las emisiones. De la mano de ese dogma, y así como el entretenimiento traspasa las fronteras de un programa y contamina toda la grilla, el reality show también va más allá de su franja horaria específica, y aparece aquí y allá como técnica dispuesta a modelar el prime time a su imagen y semejanza. Tal vez en esos términos podría leerse la televisación en directo del rescate de los mineros chilenos, evento "novelizado" en el que cada minero parecía representar a un personaje, y donde por cierto un guionista de Hollywood (de la productora de Apollo 13 ) y uno español (Jacobo Bergareche, de las teleseries Casi perfectos , Plan América y Karabudjan ) seguían las alternativas del rescate desde la mismísima superficie de la mina San José. Algo parecido podría decirse de "el caso del niño del globo", que en octubre de 2009 acaparó la atención televisiva planetaria, al mostrar durante dos horas la inminente catástrofe de un niño que surcaba el estado de Washington mientras caía lenta pero inexorablemente. Pocos días después se supo que todo había sido un montaje del padre, un científico obsesionado por vender la idea de un reality show que abordara los misterios de la ciencia, pero durante esas dos horas de altísima tensión la TV tuvo en vilo a todo el mundo con un reality instantáneo, mucho más poderoso y hasta verosímil que su posterior explicación. En la Argentina, la última edición de Showmatch incorporó elementos de reality show al mantener, durante semanas, la intriga alrededor de un supuesto romance del conductor, Marcelo Tinelli, con una de las invitadas. ¿De veras Tinelli salía con la bonita cantante cordobesa Coki Ramírez? ¿O se trataba de una farsa para exacerbar aún más la réplica de los contenidos de Showmatch , tema omnipresente en los múltiples programas de chimentos y en las portadas de las revistas del corazón? La duda se mantuvo hasta último momento y su efecto aún vibra en las oficinas de los gerentes de programación. ¿Será que el éxito del entretenimiento actual depende de la dosis de reality show que sea capaz de contener?

Para el cineasta y actor Sebastián De Caro, panelista de Gran Hermano , la respuesta va en sentido contrario. "Lo que la TV busca siempre es una novela, no la realidad -sentencia-. El botón de muestra es Bailando por un sueño . En términos puros, el programa, ¿qué es? La reunión de unas personas que bailan para ayudar a otros, con un jurado que determina quién bailó mejor. Pero a la televisión eso no le alcanza. Necesita un romance, rumores, tensión dramática, que en el último bloque del viernes alguien diga algo tremendo para que el público espere con ansias el programa del lunes. Eso es novela, no realidad. Lo que la TV necesita casi con desesperación es convertir a casi cualquier evento en algo que contenga drama; y cuando digo drama pienso en Darth Vader, no en los dramas de la vida. Eso es la tele, ficcionalización de la realidad. Y me pregunto: nosotros, como personas, ¿no buscamos lo mismo?"

-Se supone que en la vida cotidiana no se debería confundir la realidad con la imaginación. Y de la TV se espera lo mismo.

-Por supuesto. A lo que me refiero es a que cuando uno quiere seducir a una persona, le muestra lo mejor de uno, no le muestra todo, por más que ese todo incluya la verdad. Ese recorte es el mismo que hacen los concursantes de Gran Hermano cuando están ante las cámaras. Y además, en la televisión, como en el cine, la "realidad" pura no existe. El documental "puro" es imposible. Si hay montaje, ya hay ficción. Ni siquiera un plano fijo va a ser la verdad, porque hay una elección de encuadre, y si algo queda fuera de ese encuadre, entonces ya hay una opción de representación que excluye otras.

-¿El ojo de la cámara convierte a todo el mundo en actor?

-Es una pregunta muy interesante y sin una respuesta definitiva. Mejor recordemos esto: en sus documentales, Michael Moore tiene un "yo social" que es el de sus películas, seguramente distinto al Michael Moore de todos los días, que va a hacer las compras. Pero esa representación que él hace de sí mismo en cámara también habla de él. Una vez le pregunté a mi psicólogo qué pasaba si yo le mentía en las sesiones. Y me dijo que esas mentiras igual hablarían de mí. En Gran Hermano , yo creo que pasa un poco lo mismo con los participantes. La elección del disfraz también es auténtica.

Da la impresión de que los reality shows llevan al extremo la principal fórmula de éxito de los guionistas de Hollywood: exhibir personas comunes y corrientes en situaciones extraordinarias. El encapsulado de esa receta en una burbuja televisiva es la semilla del género, que simplemente varía en la tipología de sus protagonistas mientras mezcla, como sugiere De Caro, ficción y realidad en un formato inestable, acorralado por las leyes de la exposición contemporánea que define a los blogs, las redes sociales y Twitter. Al día de hoy, hay y ha habido reality shows para aspirantes a modelos ( Supermodel ), a artistas ( American Idol , Operación Triunfo , Talento argentino ), a diseñadores ( Project Runway ), a futbolistas ( Sueño MLS y Football Cracks ), a reyes y reinas del botox ( Extreme Makeover ), a cocineros ( Top Chef ) y hasta a eventuales parejas de celebridades ( Flavor of Love , I love New York ). En todos cabe pensar la "realidad" del programa como una "realidad de autor", ajustada a las lúcidas visiones que Umberto Eco entreveía en 1983. O como bien afirma el ensayista y novelista italiano en La estrategia de la ilusión :

En los programas de entretenimiento cuenta siempre menos el hecho de que la televisión diga la verdad que el hecho de que ella sea la verdad, es decir, que esté hablando de veras al público y con la participación (también representada como simulacro) del público.

En ese sentido, quizás podría verse el funcionamiento del reality show contemporáneo como la prueba incontrastable de las huellas televisivas de la verdad. En un mundo en el que la pantalla casera pasó de reproducir hechos a crearlos, la fuerza del reality show no se basa tanto en que sea verdad como en apoyar la idea de que la televisión en sí misma es (o mejor dicho, se postula como) la verdad. Y tan verdad es, que hasta replica lo que sucede fuera de sus fronteras: a los hechos violentos sucedidos en diciembre último en Constitución, Gran Hermano pareció responderles con una serie de actos vandálicos que destrozaron la casa.

De todas maneras, la puesta en escena de la realidad y la difuminación de los límites entre verdad y ficción es una tradición de larga data, que hunde sus raíces en el Quijote , y que la era cibernética adopta y actualiza según sus lógicas y necesidades. De The Blair witch project , de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, a Actividad paranormal , de Oren Peli, pasando por las sombrías Network , de Sidney Lumet, y Videodrome , de David Cronenberg, o la parodia Borat , de Larry Charles y Sacha Baron-Cohen, cada una de ellas juega con el impacto de lo real en la ficción y todas dejan entrever que el encuentro de dos mundos en realidad es un encontronazo. Según el diario inglés The Independent , tres de las mejores películas del 2010 son Catfish , de Henry Joost y Ariel Schulman, I'm still here , de Casey Affleck, y Exit through the gift shop , de Banksy, todas obras en las que en ningún momento se hace referencia explícita a si lo que cuentan es real o ficticio. Los creadores de la estremecedora Catfish (el relato de un engaño vía Facebook) no han querido revelar el misterio, Casey Affleck ya explicó que I'm still here es un falso documental en el que Joaquin Phoenix muestra su año como hiphopero (para el que permaneció durante un año "actuando" su personaje) y de la película de Banksy es poco y nada lo que se puede saber, ya que la identidad del propio Banksy es una incógnita. De las tres, quizás Catfish es la más inquietante: Nev Schulman, el fotógrafo engañado por una mujer que se hace pasar por otra en Facebook, descubre la mentira y, contra todo pronóstico, aprende a convivir con ella. La mayor enseñanza de la película es dejar claro que toda realidad -íntima, social o virtual- necesita ingredientes de ficción.

En el teatro performático, el mestizaje más asombroso entre la realidad y la ficción fue obra del grupo catalán La Fura dels Baus, quienes en 2008 produjeron el montaje Boris Godunov como una metáfora de la toma de un teatro por parte de terroristas chechenos, en octubre de 2002. Los asistentes al montaje de la Fura ven la representación de la obra de Pushkin cuando de repente, zas, mujaidines chechenos entran a los tiros en el teatro. ¿Es una performance ? ¿Son terroristas "reales"? "Cuando lo real entra a la ficción, como en los reality shows , lo más importante no es qué es real y qué mentira, sino si es real lo que eso produce en el espectador", concluye De Caro. Quizás los integrantes de La Fura dels Baus estarían de acuerdo con esa afirmación. En el extremo opuesto se encuentra la serie televisiva The Dead Set , donde el mundo ya ha sido conquistado por los zombies... excepción hecha del estudio televisivo donde conviven los integrantes del Gran Hermano de turno. En ese caso, la producción fantasea con la idea de la catástrofe masiva pero ignorada por quienes viven en el mundo paralelo creado por la televisión, ciertamente uno de los asuntos que roza la novela Realidad , del argentino Sergio Bizzio, en la que un grupo de talibanes toman el canal en el que se desarrolla la enésima edición local de Gran Hermano . "Fue un choque entre el Rating y el Corán -se lee en la novela-: para los talibanes lo que dice el Corán es bueno, y lo que no dice el Corán es malo. Para los productores el asunto funciona de la misma manera: lo que tiene rating es bueno, lo que no tiene rating es malo". Según Bizzio, en Gran Hermano los concursantes "saben que los están mirando y no tienen nada que decir y nada que hacer. Ahí aparecen los comentaristas y agregan la idea de conspiración, que complementa a la de intimidad. Los terroristas, que en la novela toman el canal con los participantes de Gran Hermano adentro, al principio intentan usarlos para transmitir proclamas en favor de su causa. Los drogan, los someten a situaciones humillantes, pero enseguida se dan cuenta de que es mucho mejor para la causa no indicarles nada y mostrarlos como son".

-¿Escribió Realidad como una manera de contrarrestar la banalidad generada por los reality shows ?

-Imposible contrarrestar esa banalidad con una novela. Y además, para qué intentarlo, ¿no? Hay un montón de cosas buenas en TV y un montón de literatura banal.

-¿ Gran Hermano supone la entrada de la realidad en el entretenimiento televisivo o, por el contrario, la telenovelización de la realidad?

-El "contenido" de Gran Hermano es la intimidad. Ésa es la idea, no lo que llamamos realidad. Hay directores, editores, quizá guionistas, y un grupo de participantes que vieron las ediciones anteriores del programa y que se prepararon para estar ahí. ¿Era Barthes el que decía que la forma de ordenar los libros en una biblioteca ya era hacer crítica? En ese sentido, el editor es el verdadero novelista ahí adentro.

En su análisis de los peligros del uso de la "cámara oculta" en los programas de investigación, el periodista español Arcadi Espada arroja algunas pistas para entender la extraña verosimilitud que impregna a los reality shows . Para Espada, el boom de los periodistas insiders , que ocultan su verdadera identidad y se hacen pasar, por ejemplo, por modelo, para denunciar el maltrato en un concurso, abre la inquietante posibilidad de creer que engañar al interlocutor y transmitir ese engaño por televisión es algo lícito. Si el fin de la denuncia justifica el medio del engaño, la credibilidad del periodista traspone un límite ético del que no hay regreso. Cuando quien debería ser auténtico -el periodista- se permite recursos de la ficción, la realidad que transmite se modifica en nombre de una legitimidad dudosa. Y esa duda es la que luego genera el espacio para que otros "auténticos" (los hijos de vecino que participan de Gran Hermano ) en realidad actúen de "auténticos" de manera casi caricaturesca, en un simulacro reproducido en los medios gráficos y audiovisuales.

La novedad del reality show del siglo XXI es que su presunta autenticidad se ha convertido en el aura de la grilla televisiva general. La confirmación de su éxito es que transforma a buena parte del prime time en un reality de alta o baja intensidad, según el momento y la necesidad de rating . "A veces se hace esa pregunta tan poco retórica de si la televisión es un púlpito o una ventana -ha escrito Román Gubern-; yo creo que está claro: la televisión es un púlpito que simula ser ventana." Lo que queda por averigüar es si es más luminoso el espectáculo del púlpito o el tímido y cada vez más distante rayo de luz que asoma por detrás de la ventana.

REALITY SHOWS PARA PRINCIPIANTES

1. An American Family
El primero de todos. En 1973, la PBS estadounidense contó la historia de la familia Laud. Poco después, William Laud y su esposa se divorciaron.

2. Expedición Robinson
El pionero en la Argentina, emitido por primera vez el 2 de octubre de 2000.

3. Operación Triunfo
El único que produjo a un cantante que más tarde alcanzaría el éxito internacional: David Bisbal.

4. Sueño MLS
La escuela de cracks de Estados Unidos. Uno de sus ganadores fue el goleador argentino Rogelio Funes Mori.

5. El aprendiz
Conducido por Donald Trump, representó una de las pocas oportunidades de ver a un multimillonario en acción.

6. The Real World
La fuente de inspiración de Gran Hermano . Lo creó MTV en 1992 y aún sigue.

7. The Simple Life
Paris Hilton y Nicole Richie abandonan sus celulares y tarjetas de crédito, y se van a vivir a Arkansas. Imperdible.

8. Dos de sexo
Flavor of Love (con el rapper de Public Enemy ) y I love New York.

9. Dos de famosos
The Osbournes (con Ozzy Osbourne) y My new BFF (con Paris Hilton).

10. Los dos más raros
Mascotas con pinta (con peluqueros para perros) y Academia de opinólogos (competencia para ser panelista de TV).

2005
Desde Holanda, un parto en vivo

La primera concursante que entró embarazada en un Big Brother fue Michelle Carstens, en la segunda edición de Sudáfrica (2002). Pero la primera en tener un bebé en vivo y en directo no fue ella, sino la holandesa Tanja Slangenberg, quien en 2005 dio a luz a la niña Joscelyn Savanna, una auténtica "hija de la televisión".

2007
Realidad, ficción y donación de órganos

En El gran show del donante , una enferma terminal donaría un riñón a uno de tres candidatos en espera de transplante. Al final del programa se reveló que una actriz interpretaba el papel de la supuesta enferma y que la idea era estimular la donación de órganos. Durante la emisión, 12 mil personas se anotaron como donantes.

2008
La Argentina sanciona la ley de obesidad

Como resultado del éxito de Cuestión de peso , el Congreso sancionó una ley que contempla la obesidad como enfermedad. Eso habilitó una cobertura social completa, como la que se da, por ejemplo, a los diabéticos. El dr. Alberto Cormillot declaró que "fueron 19 años de lucha, que encuentran eco gracias a los dos años del programa".

2009
Inglaterra descubre a Susan Boyle

El 11 de abril de 2009, Britain's got talent le puso un micrófono a Susan Boyle, una voluntaria de una iglesia católica escocesa. Boyle deslumbró al público, pero fue discriminada por los miembros del jurado, que criticaban su aspecto. Medio año después, ella vendió diez millones de copias de su primer CD.

2010
La mayor votación del mundo, en Brasil

Según su último censo, Brasil tiene casi 191 millones de habitantes. De acuerdo con las estadísticas presentadas por los organizadores de Big Brother en el país vecino, en la final de su última edición reunieron 154 millones de votos. De más está decir que la cifra es récord en la historia del programa, que ya se emitió en 70 países..

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