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Australia siempre deja su huella

Domingo 30 de enero de 2011
PARA LA NACION
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El Abierto de Australia nos regaló una sorpresa. En el último partido del torneo no estuvieron ni Rafael Nadal ni Roger Federer. La final del Masters 2010 ganada por el suizo había generado la expectativa de volver a ver un duelo de Grand Slam entre los dos colosos. Hace dos años que no se enfrentan en un grande. Fue en Melbourne, cuando Rogelio nos emocionó con su llanto durante la ceremonia de premiación, tras la victoria de Rafa en cinco sets. Entre Roland Garros 05 y Australia 09, definieron ocho "majors" con un claro 6-2 a favor del español. No hubo más. En 2009, Nadal colapsó en París. Federer aprovechó el momento, completó su álbum e hizo historia. Ganó en París, en Wimbledon y perdió la final del US Open contra Juan Martín del Potro. En 2010, Roger abdicó en Londres. Rafa también tomó la oportunidad. Completó el mismo recorrido de su rival-amigo pero lo mejoró: ganó las tres finales, conquistó Nueva York y reescribió su propio libro. Tras este período de "desencuentros", el Masters invitó a soñar con un nuevo capítulo del clásico y generó uno de los interrogantes modelo 2011: ¿podrá Federer domar a Nadal en una final a cinco sets? El último recuerdo data de Wimbledon 2007, 6-2 en el quinto. La pregunta sigue sin respuesta.

Al igual que en 2008, Novak Djokovic pegó el golpe en la mesa y nos recordó que quiere pelear por el plato principal. El serbio había cerrado el año pasado bien tarde a principios de diciembre levantando la Copa Davis por primera vez para su país gracias a sus triunfos sobre los franceses Simon y Monfils. Eligió no jugar torneos previos para no "quemar físico" y arrancó su temporada en el Melbourne Park, con el riesgo de rusticidad que siempre genera el regreso a la competencia. No mostró ninguna señal de dureza y su juego fue creciendo a medida que aumentaba la dificultad del adversario. El croata Ivan Dodig podrá contarle a su familia que fue el único en ganarle un set al campeón durante su partido de segunda ronda.

Por segundo Grand Slam consecutivo y, como en su título de hace tres años, eliminó a Federer en semis. La ausencia de Nadal en la final resultó un alivio para él: aún no le ha podido ganar ni una (0-5 en el historial). En Grand Slams, el español celebró 9 de las 11 que jugó y sólo cayó ante Federer en Wimbledon 2006 y 2007. Pero un desgarro ante su admirable compatriota Ferrer, en cuartos de final, le cortó la posibilidad de su "Rafa-Slam". Se despidió como ese gran competidor que es. Jugó hasta el final, aun con el peligro de que se agravara la lesión. Su rival no lo podía creer y así se lo expresó en el corto y maravilloso diálogo que tuvieron durante el saludo en la red.

En la semifinal, Ferrer jugó como nunca, pero lo paró el talento de Murray. Y el escocés volvió a desilusionar en una final de Grand Slam. Tercera vez, tercera derrota, las tres en tres sets. Roger lo había dominado en el US Open 2008 y en Australia 2010. Esta vez, el adversario era un par, no una leyenda. De hecho, le había ganado los últimos tres duelos. Pero tras el primer set, no hubo partido. Con un día menos de descanso y el tremendo esfuerzo de la semi encima, se le acepta el argumento del estado físico. Pero no alcanza para explicar semejante bajón de rendimiento. Murray también juega contra sí mismo en las grandes finales. Debe estar harto de que le mencionen a Fred Perry, último británico en levantar una corona, hace casi ochenta años.

Ese tenis fácil y natural se transformó en un juego sin tiros ganadores, sin asumir riesgos. Nunca buscó que las cosas ocurrieran. Solamente esperó. Y del otro lado, estuvo un fenomenal Djokovic, determinado y mentalizado para imponer su juego. La comparación con el primer Lendl es inevitable. El enorme Ivan perdió sus primeras cuatro finales: Roland Garros 81 (Borg), US Open 82-83 (Connors, que le gritó "gallina") y Australia 83 (Wilander). Cambió el chip en Rolanga 84, nada menos que contra Mc Enroe. Johnny lo tenía liquidado dos sets a cero, pero Lendl lo dio vuelta a puro passing shot (el paralelo de drive a la carrera era divino). Terminó con siete "majors", el último en Australia 90. Por ahora, el carácter de Murray se asemeja al de, de pie señores, Miloslav Mecir, el primer Gattone. Jugaba muy parecido a Andy. Se deslizaba sobre la cancha y le pegaba a la bola con la naturalidad de un bostezo. Daba placer. Pero en las finales no se soltaba. Se rindió mansamente en las dos grandes que jugó: US Open 86 y Australia 89, ambas contra la versión dominante de Lendl. El escocés necesita cruzar este puente para romper con su estigma.

Kim Cljsters se había salido de la ruta en 2007. Semifinalista de Australia ese año, se retiró para formar su familia. Tras dos años de descanso, su marido y su hija ya la han visto ganar dos veces en Nueva York y una en Melbourne. La Princesa Fiona genera admiración por su humildad y simplicidad. Disfruta de lo que hace y de cómo lo hace. Esa sensatez que muestra en sus declaraciones se replica en un punto decisivo de un partido difícil. Con esa templanza marca registrada sacó adelante el duelo contra Na Li / Li Na. La china revolucionó Australia (había ganado Sydney ante Clijsters) y casi sacude al mundo. Quedó muy cerca de cumplir con esa profecía de que "algún día una china ganará un Grand Slam".

El tenis femenino atraviesa un momento lleno de contradicciones. La mejor ausente por lesión (Serena Williams). La número uno nunca ganó un Major (Wozniacki). La jugadora con estilo único anunció su despedida por lesión (Henin) La irregularidad del circuito provoca la aparición de estrellas fugaces que se apagan en menos de un año. Semejante panorama bastaría para cuestionar la competencia. Sin embargo, Australia 2011 incluyó la épica batalla entre la italiana Schiavone (¡amo su carácter!) y la rusa Kusnetzova, buen nivel en las cuatro semifinalistas y una excelente final, con la misma cantidad de games que el desigual duelo masculino. El género necesita de esta clase de torneos para levantar su imagen ante la "opinión pública".

Gisela Dulko había ganado tres títulos de Grand Slams en dobles cuando era juvenil. Su carrera en singles se mantiene en el Top 50 pero no despega. Juega grandes partidos pero no hace grandes torneos. Pero todo cambia cuando entra en la cancha junto con la italiana Flavia Pennetta. Su actuación en la final fue extraordinaria. Se cargó el partido sobre sus hombros en el 2-6/ 1-4 y ahora disfruta de su primer grande como profesional para "legitimar" el número uno alcanzado en 2010.

Se nos fue Australia, el Grand Slam que nadie sueña ganar (salvo los locales), el que descartaron Borg y Mc Enroe en su esplendor, el conquistado por Vilas en 78-79, el torneo de los "novatos" en su historia reciente. Thomas Johannson, Petr Korda, Marcelo Ríos, Fernando González, Jo Wilfred Tsonga, Marcos Baghdatis y Arnaud Clement debutaron en finales de Grand Slam aquí. No es casualidad. El año recién arranca y a los favoritos les cuesta llegar en su pico de rendimiento. Con la Davis como estímulo reciente, Novak Djokovic lo logró. Su desafío es mantener este nivel más allá de enero. En 2008, ganó Indian Wells, Roma y el Masters. Sin embargo, no pudo quebrar la hegemonía Nadal-Federer, en el punto más alto de su rivalidad. Ahora, por primera vez desde Wimbledon 2003 (su primer grande), el suizo no defiende título en ningún Grand Slam. Cuando se recupere de la lesión, el español intentará conservar sus tres coronas y los tres Masters 1000 sobre polvo de ladrillo.

¿2011, el año del quiebre? No me animo a la certeza. Rafa y Rogelio son dos colosos. Pero si se confirma la tendencia australiana, la temporada nos regalará una enorme sorpresa.

jpvarsky@lanacion.com.ar

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