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Los años de un mundo en peligro

En La Guerra Fría, el historiador John Lewis Gaddis analiza el enfrentamiento solapado entre Estados Unidos y la Unión Soviética que, durante tres tensas décadas, mantuvo en vilo al planeta

Viernes 11 de febrero de 2011

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La Guerra Fría Por John Lewis Gaddis RBATrad.: Catalina Martínez Muñoz386 páginas$ 49
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En el comienzo de su libro, John Lewis Gaddis se refiere a sus clases sobre la Guerra Fría en la Universidad de Yale y comenta que para sus alumnos hablar de ese tema es como hablar de las Guerras del Peloponeso: ninguno de ellos la vivió y tiene escasas nociones de la gravedad de una situación que mantuvo en vilo al mundo durante décadas. Cuenta que a los estudiantes estadounidenses les conmueve saber que la crisis de los misiles en Cuba estuvo a punto de cambiar la historia. Confiesa que escribió este libro para responder a muchas de las preguntas que esos estudiantes se hacen sobre el enfrentamiento entre Oriente y Occidente y sus potenciales consecuencias.

Agosto de 1961: soldados de la República Democrática Alemana junto a la alambrada donde, días después, comenzaría a construirse el Muro de Berlín
Agosto de 1961: soldados de la República Democrática Alemana junto a la alambrada donde, días después, comenzaría a construirse el Muro de Berlín. Foto: NEWSCOM

Gaddis, profesor de Historia Militar y Naval en Yale, hace una afirmación tajante: la Guerra Fría ocurrió porque la coalición que triunfó sobre el Eje en la Segunda Guerra Mundial ya estaba en guerra entre sí. Había dos ideologías, había dos apetitos de poder enfrentados, y esa situación pronto se puso de manifiesto. Winston Churchill habló de "triunfo y tragedia". Según Gaddis, "la tragedia era ésta: la victoria exigía a los triunfadores, o bien dejar de ser quienes eran, o bien renunciar a buena parte de lo que esperaban obtener tras esta guerra".

Para el autor, es un punto clave acerca de mucho de lo que ocurriría después que la derrota de la Alemania nazi fuera fruto de la coalición entre Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética. Al respecto, anota que la Segunda Guerra Mundial fue una victoria sobre el nazismo y el fascismo pero no sobre el totalitarismo en general, ya que la Unión Soviética representaba entonces el país "más autoritario del mundo".

Durante los años que duró la Guerra Fría, el mundo vivió un período de temores constantes, de recelos diplomáticos y de la amenaza de estallido de la tan temida Tercera Guerra Mundial. La llamada distensión (que consistía en dejar que el oponente avanzara en sus objetivos estratégicos sin darle respuesta) fue uno de los capítulos más discutidos por los líderes occidentales a partir de la evidencia de que los soviéticos aprovechaban cualquier situación para seguir con su política. La invasión soviética de Afganistán fue un ejemplo clave.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, dice el autor, tanto Gran Bretaña como Estados Unidos y la Unión Soviética querían asegurarse la máxima influencia en el nuevo mapa geopolítico que se configuraba. Las esferas de influencia en los países del Este de Europa, que fue acordada a la Unión Soviética por los aliados, derivó en la división de Alemania, uno de los símbolos más significativos de toda la Guerra Fría: una Alemania occidental, que revivió de las cenizas, y una Alemania oriental, sometida al régimen soviético.

Este panorama de una Europa dividida tuvo picos calientes con las posteriores rebeliones checa y húngara, que pusieron en jaque el poder de los soviets y mostraron que allí había un coloso con pies de barro (aunque en ese momento nadie lo creía así). En Asia, la guerra de Corea fue otro hecho que recalentó el panorama de la Guerra Fría e hizo intervenir a China, que hasta entonces se mantenía relativamente aislada.

Después de que la Unión Soviética detonó su primera bomba atómica, en Estados Unidos se proyectó la fabricación de una bomba termonuclear o de hidrógeno, una superbomba. Fue un período en el cual, en aras de detener una posible guerra real, se fabricaban ingentes cantidades de armas con nuevas tecnologías, un fenómeno que hasta entonces había sido común en épocas de guerras calientes. Según Gaddis, los defensores de la superbomba sostenían que cumpliría un efecto psicológico: tenerla era una acción disuasiva.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, la estrategia de Estados Unidos fue fortalecer la parte alemana que había quedado bajo influencia occidental y al Japón. De esa forma, pensaban los estrategas de Washington, al mismo tiempo que se fortalecían sus economías se fortalecería el sistema democrático. Y tuvieron razón. El Plan Marshall fue su herramienta y el sistema defensivo fue la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Años más tarde, la escalada en la incursión de tropas norteamericanas en Vietnam mostraría que no en todas partes era factible sostener esas políticas: había países donde el sistema democrático funcionaría y otros donde la cultura ancestral imponía otros rumbos. Vietnam fue un tremendo fracaso para Estados Unidos, y Gaddis sostiene que la retirada de las tropas estadounidenses de la región se debió más a la oposición interna que a las mismas circunstancias de la guerra.

Durante todo el período de la Guerra Fría hubo varias guerras calientes entre potencias menores: árabes e israelíes, indios y paquistaníes, e iraníes e iraquíes. Pero nunca hubo guerra entre las grandes potencias, pues, como dice Gaddis, "por primera vez en la historia, 'nadie' podía estar seguro de ganar, ni siquiera de sobrevivir a una guerra de semejante magnitud".

En el capítulo sobre la aparición de nuevos actores en la escena internacional, Gaddis muestra que la década de 1980 produjo una sorda conmoción subterránea que culminaría en el fin de la Guerra Fría. El papa Juan Pablo II, el líder chino Deng Xiaoping y el dirigente soviético Mijail Gorbachov fueron tres de esos principales actores.

La expansión soviética en lugares del mundo que no parecían estar dentro de sus intereses estratégicos y la explosión de la central nuclear de Chernobyl conmovieron el statu quo de la dirigencia soviética y abrieron el camino hacia lo que culminaría en la caída del Muro de Berlín. En China, la política aperturista de Deng Xiaoping promovió el camino de una economía capitalista en el marco del sistema político vigente. Según Gaddis, la experimentación de Deng con los mercados, fuera del cerrado sistema estatista vigente hasta entonces, abrió las compuertas hacia la renovación de China. Y "cuando Juan Pablo II besó el suelo de Polonia -dice Gaddis- inició el proceso que pondría fin al comunismo en Polonia y en el resto de Europa".

Una amplia bibliografía, mapas, un cuadernillo de fotografías, notas por capítulo y un utilísimo índice alfabético completan este volumen que, si bien no fue pensado para especialistas, da un completo panorama de un período del siglo XX marcado por el recelo, los conflictos diplomáticos, focos calientes como las guerras de Corea, Vietnam y Angola y algunos momentos que pudieron llevar al mundo a la catástrofe.

Por Julio OrionePara LA NACION

LA SUPUESTA GUARDIANA DE LA PAZ

En plena Guerra Fría, mientras se armaba hasta los dientes, la Unión Soviética creó el Consejo Mundial por la Paz, que tuvo filiales en muchos países del mundo, entre ellos la Argentina. El presidente del Consejo Argentino por la Paz fue el escritor Alfredo Varela, autor de la novela El río oscuro , sobre la cual se filmó Las aguas bajan turbias , y entre sus integrantes se contaba la escritora María Rosa Oliver, gran amiga de Victoria Ocampo.

Las consignas del Consejo intentaban presentar a la Unión Soviética como la gran defensora de la paz mundial contra la agresión potencial de los países occidentales. Pero en la década de 1960 surgió un foco de guerra caliente en medio del enfrentamiento frío: Vietnam. En ese marco, aquí fue creado el Movimiento Argentino de Ayuda a Vietnam (Maviet), que contó entre sus adherentes con el pintor León Ferrari, el escritor vasco exiliado Miguel de Amilibia y los muralistas Juan Manuel Sánchez, Elena Diz, Mario Mollari y Ricardo Carpani, del grupo Espartaco.

Entre las iniciativas de ese movimiento estuvo hacer un banderín para recaudar fondos. El encargo fue hecho a Juan Manuel Sánchez, quien dibujó un vietnamita enarbolando un fusil. El banderín fue aceptado e impreso por las autoridades del Maviet.

Pero cuando Alfredo Varela lo vio, puso el grito en el cielo: "¡Cómo vamos a proclamar la paz si ponemos a un vietnamita armado!". Se produjo una intensa polémica en la cual surgió con nítido relieve el conflicto frío que enfrentaba por ese entonces a la Unión Soviética con China (una segunda Guerra Fría poco conocida en ese entonces y secundaria respecto de la que había entre Oriente y Occidente). Finalmente, el banderín fue archivado: había ganado "la paz".

ADNGADDIS

Nacido en 1941 en Texas, se doctoró en la Universidad de Austin para, con los años,, convertirse en el más reconocido historiador estadounidense de la Guerra Fría. Entre sus libros se cuentan The United States and the Origins of the Cold War, 1941-1947 (1972); Strategies of Containment: A Critical Appraisal of Postwar American National Security Policy (1982) y The Long Peace: Inquiries into the History of the Cold War (1987).

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