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Estas son las 10 comidas que los argentinos detestan

Una encuesta revela cuáles son los alimentos que nuestros compatriotas más odian

Jueves 10 de febrero de 2011 • 01:44
Foto: Revista JOY
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Por José BarkiPlaneta JOY

No es cuestión de ponernos demasiado exquisitos, porque al fin de cuentas siempre es cierto que "cuando hay hambre no hay pan duro". Sin embargo, existen algunos platos que siempre están en el menú cotidiano de los argentinos y que, por algún motivo, nos parecen odiosos: envenenan nuestro aliento, nos caen pesado o, simplemente, nos enervan porque sí. Planeta JOY realizó una encuesta entre sus lectores, sobre una base de 2000 personas, y este es el resultado: estos son los diez platos que los argentinos menos soportan.

1. Mondongo

Quienes detestan el mondongo suelen justificarlo con un argumento bastante asqueroso: "es como comerse una frazada hervida o un chicle con gusto a tripa". Tremendo palo para este plato que suele servirse guisado con papas, arroz, arvejas y porotos. ¿Qué es el mondongo? Son las partes del estómago de la vaca llamadas libro y cuajar. Esa es la explicación técnica. Para los que lo odian, es algo tan feo como tragarse una toalla caliente.

2. Hígado

A algunos se les hace agua la boca de sólo pensar en un higadito a la veneciana, bien encebollado. Pero a la mayoría de los argentinos ese platillo les da un asco casi visceral (justamente) y se ensañan sin piedad con su textura sedosa. Por más hierro que tenga y más médicos que recomienden su ingesta, el pueblo argentino le dice un NO rotundo a esta comida.

3. Coliflor y repollitos de Bruselas

Si existiera un "Dios del Gas", se lo podría invocar comiendo coliflor y repollitos de Bruselas, dos vegetales que jamás deberían ser incluidos en una cena romántica. Sin embargo, aquí les contamos un tip para que el coliflor no traiga efectos colaterales negativos: hay que ponerlo en agua fría, esperar que hierva y luego añadir nuevamente agua fría. Esa es la receta, pero no ponemos las manos en el fuego.

4. Queso roquefort

El queso azul que busca imitar a al verdadero Roquefort (que sólo se elabora en Francia) es uno de los alimentos más aborrecidos por nuestros compatriotas. Sus enemigos no se andan con medias tintas y aseguran que es tan oloroso que convierte en "intocable" a quien lo ingiera. Los más intransigentes, inclusive se niegan a sentarse en una mesa en la que esté presente este queso. Aseguran que su olor apesta y arruina la velada.

5. Morcilla

Aquí se dividen las aguas, ya que en todo asado, "la negra" es tan amada como odiada. Al probarla -dicen varios- sienten que devoran un embutido de sangre coagulada y apelmazada. Y tienen toda la razón del mundo, porque la morcilla es ni más ni menos que eso, ya sea dulce o salada. En Uruguay se la rellena con pasas de uva, maní, nueces y pedacitos de naranja. Pero los "anti-morcilleros" de alma no se dejan seducir por adornos y las desprecian por igual.

6. Polenta

Algunos la recordarán con cariño, como el plato de la infancia o el alimento "de batalla" durante la adolescencia. Otros la redescubrieron en los últimos años, cuando tuvo su revival en bodegones chic. Pero hay una gran mayoría que, simplemente, dirá que no tiene gusto a nada (¿qué esperaban de la harina de maíz?), que es insulsa y que tiene menos onda que Ricardo Montaner con sus zapatillas de tenis blancas.

7. Chinchulines y riñones

"Largan una pastita horrible cuando los apretás", acusan los detractores del chinchulín (técnicamente, el intestino delgado de la vaca). "A veces tienen gusto a pis", apuntan quienes maldicen el riñón. Estas dos achuras gozan de poca fama en los asados, por sus sabores invasivos y sus claras reminiscencias a las vísceras humanas. Pero más allá de las críticas, jamás dejan de venderse en las carnicerías y siguen firmes en los menús de las parrillas y otros restaurantes en versiones gourmet (como los ya clásicos riñoncitos al verdeo).

8. Sushi

Para ser macho como Coco Silly, y formar parte de la troupe de neandertales cuarentones de Alejandro Fantino, hay que ser enemigo declarado del sushi. Esta comida de origen japonés cosecha antipatías por doquier, con un par de argumentos machistas y recurrentes. "Es para las minas", o "para llenarme tengo que tragar como 50 piezas: para eso me lastro un buen bife de chorizo", predican algunos de los más energúmenos detractores del pescado crudo.

9. Ñoquis

Difícil creer que los ñoquis podían generar semejante malhumor. Será que recuerdan a los empleados públicos de la Municipalidad o que deprimen un poco porque se comen en familia, todos los 29, y siempre se arma lío en la mesa. Ahora nos venimos a enterar que era mentira eso de que a todo el mundo le gustan los clásicos ñoquis de papa.

10. Pescados en general

La sorpresa final es que el pescado, preparado en todas sus formas posibles, también está en la lista de los alimentos más odiados. Tal vez sea el apego a las carnes rojas lo que genera el rechazo a las carnes blanca. Lo cierto es que acá a nadie le importa que estas criaturas marinas sean ricas en ácidos grasos Omega-3 ni que los esquimales, que se pasan la vida de filete en filete, vivan mil años. Al fin y al cabo, ¿quien quiere ser esquimal?


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