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Grietas entre los industriales : Quién es quién en la pelea interna de la UIA, la cámara empresaria más poderosa del país

La renuncia de Héctor Méndez a la presidencia de la Unión Industrial Argentina desnudó las batallas en las que se cuelan el Gobierno, el poder económico y los negocios de cada compañía

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LA NACION
Domingo 13 de febrero de 2011

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Factor de poder y llave que abre puertas. Espacio para defender intereses sectoriales, ganar exposición personal o encontrar socios para un negocio. Unica entidad empresaria capaz de reunir en un mismo ámbito al dueño de una poderosa aceitera con un pequeño fabricante textil del Chaco, a ese metalúrgico que necesita medidas proteccionistas con aquel agroindustrial que se desvive por una apertura total al mundo. Todo eso es la Unión Industrial Argentina.

Todo eso, también, hace de la UIA un organismo que sufre periódicas crisis en las que intervienen casi por igual los de adentro y los de afuera. Las grietas que surgen de esos sismos son oportunas ventanas para descubrir en todo su esplendor a los actores y las dinámicas que caracterizan la competencia política y económica.

Foto: Arte: Muriel Alvarez Arredondo

La última de estas crisis llegó a su punto cúlmine el miércoles pasado, cuando Héctor Méndez (industria plástica) renunció a la presidencia de la UIA a dos meses de la finalización de su mandato. Pasado mañana, el comité ejecutivo se reunirá para aceptarle la dimisión y formalizar la asunción del vicepresidente primero, el aceitero Miguel Acevedo, hasta la renovación de autoridades, prevista en abril.

Fue justamente la espinosa elección del sucesor de Méndez la que desencadenó la actual crisis. En la UIA conviven dos líneas -Industriales y Celeste y Blanca- que se reparten los principales cargos por partes iguales y que, desde 2005, se turnan cada dos años para ubicar a uno de sus hombres en la presidencia de la institución. Méndez fue el primer presidente surgido de ese pacto y logró un segundo mandato en 2009, siempre en representación de la Celeste y Blanca. El período intermedio, entre 2007 y 2009, estuvo a cargo del metalúrgico Juan Carlos Lascurain, propuesto por Industriales. Este grupo debe elegir al nuevo presidente, pero la falta de acuerdo interno (entre otras cosas, por el perfil que debía adoptar la nueva conducción frente al Gobierno) produjo una situación de incertidumbre que abrió la puerta a quienes imaginan un futuro por fuera del pacto de alternancia en vigor. El primero en exponerlo abiertamente fue alguien que hace varios años no participa de la vida interna de la

UIA: Javier Madanes Quintanilla, dueño de Aluar (aluminio) y Fate (neumáticos), pidió que los empresarios designen a sus representantes en elecciones internas. De inmediato, Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat y miembro de la Celeste y Blanca, apoyó la postura. En Industriales creyeron ver en esas declaraciones un intento del oficialismo de romper el pacto y, quizás, reelegir a Méndez. El presidente saliente contestó a esas acusaciones con su renuncia.

¿Qué diferencia en el fondo a una lista de otra? "¡Nada! –contesta sin dudar uno de los jefes de la Celeste y Blanca–. No hay diferencias ideológicas. Es más lo que nos une que lo que nos separa." Aunque presentan rasgos en común con las líneas que dominaron la política de la UIA hasta 2003 –el Movimiento Industrial Nacional (MIN) y el Movimiento Industrial Argentino (MIA)–, las dos listas actuales tienen una conformación que no se puede definir de acuerdo con un eje político.

A uno y otro lado

La lista Celeste y Blanca reúne a cerca de dos tercios de los posibles electores. Agrupa en general a empresas de mayor tamaño y de sectores más concentrados, como las alimentarias (salvo Arcor), las automotrices (con excepción de PSA Peugeot Citroën) y los laboratorios. Como heredera no directa del MIA, tiene una mayor vinculación con la producción primaria y las multinacionales, más proclives a la apertura económica que las pymes. Además, es fuerte en las provincias del Norte y de Cuyo. Su presidente es Juan Carlos Sacco, de la industria gráfica, pero el que más pesa es el grupo Ledesma, a través de su representante Federico Nicholson.

Los conocedores de los pasillos de la UIA identifican dos posturas en esta lista. Los primeros serían los que vieron en la fisura de Industriales la posibilidad de hacer valer su mayor peso electoral, aun a costa de romper el pacto, y reelegir a Méndez. Rattazzi y el autopartista Rodolfo Achille son los más identificados con esta postura, aunque algunos no descartan al propio Méndez. Pese a las críticas de Méndez o Rattazzi a la política económica, el Gobierno vio con buenos ojos una candidatura de Madanes que derrotara a los Industriales encolumnados tras Techint, enfrentado al kirchnerismo.

Otro sector de la Celeste y Blanca es más proclive a respetar el acuerdo vigente, como el que componen las aceiteras, los laboratorios (con Daniel Funes de Rioja, que también representa a la industria alimenticia) y los gráficos (de la mano de Sacco). Ledesma estaría en el medio.

Industriales tiene a Arcor y Techint como sus grandes grupos, pero también hay muchos representantes de pymes y de entidades de provincias de fuerte inserción industrial, como Buenos Aires (con la Uipba, que comanda Osvaldo Rial), Santa Fe y Córdoba. Como desprendimiento del MIN, tiene un perfil volcado al mercado interno, en el que se destacan metalúrgicos, textiles (salvo TN & Platex), fabricantes de calzado y autopartistas como José Luis Basso.

Hace unos meses parecía que José Ignacio de Mendiguren, ex ministro de Producción de Eduardo Duhalde y dueño de una fábrica de lonas, era el único candidato de Industriales. Pero luego Techint "le bajó el pulgar" –según operadores cercanos al emporio que conduce Paolo Rocca, representado en la UIA por Luis Betnaza– y propuso a Adrián Kaufmann Brea, ejecutivo de Arcor.

¿Por qué Techint no quiso a Mendiguren? En voz baja algunos reconocen que es por temor a que le pase como con Lascurain, que llegó siendo "el candidato de Techint" y luego tejió estrechos lazos con el Gobierno. Quedaron muy lejos los tiempos en los que "Techint era más kirchnerista que Kirchner", como lo definió un industrial. El problema que tiene el grupo siderúrgico es que la candidatura de Kaufmann provoca resistencias en las dos listas. Las críticas más leves apuntan al hecho de que el candidato de Techint-Arcor no es dueño, sino "un gerente al que todavía le faltan 20 años para ser presidente". Pero la mayor oposición surge de un gran número de industriales que no quieren "aeizar" la UIA. El neologismo remite a la Asociación Empresaria Argentina (AEA), en la que, además de Techint y Arcor, pesa fuerte el Grupo Clarín. "No queremos que nos traigan acá sus problemas con el Gobierno", se quejan quienes resisten la estrategia de los grandes grupos.

¿Qué es lo que buscan al pelearse por el sillón más preciado de esta institución de 124 años? La respuesta que dan quienes han ocupado ese puesto (o que operan para acercarse) es que desde allí se pueden defender –hacer lobby, dirían otros– los intereses de determinados sectores.

Beneficios

La pregunta cae de madura: ¿estar en la cúpula abre puertas para obtener beneficios? "¡Por supuesto!", se sincera un industrial que ocupó ese sillón. Algunos presidentes de la UIA consiguen acceder a un cargo político, como Mendiguren o Rial, que fue diputado nacional.

En otros casos, el mandato de un presidente de la UIA coincide con beneficios que su empresa obtiene del gobierno de turno. Eso no significa que esas compañías no calificaran para obtenerlos, pero al menos resulta evidente que los beneficiarios no sintieron que ejercer la jefatura de la UIA implicara algún tipo de incompatibilidad ética. Siendo Lascurain presidente, su empresa Fainser logró que el Gobierno le adjudicara una millonaria obra para modernizar la central eléctrica de Villa Gesell.

En el caso de Méndez, en sociedad con Achille en la autopartista Comcord, le pidió al Gobierno financiamiento para un plan de inversiones para participar de un proyecto de Fiat. La firma que encabeza Rattazzi ya recibió luego un crédito del Bicentenario (con tasa fija y en pesos al 9,9% anual), que le asegura la concreción del proyecto. Además, Méndez fue designado director por el Estado en la eléctrica Transener.

"El Gobierno no se ha metido tanto en la interna de la UIA, pero tiene un amplio margen de maniobra con los créditos del Bicentenario", cuenta un hombre de amplios contactos en ambas esferas. El primer crédito de este tipo que adjudicó la presidenta Cristina Kirchner fue para Basso.

Las grandes empresas, que suelen tener acceso a despachos oficiales sin necesidad de la "chapa" de la UIA, tienen otros incentivos para ubicarse en la cúpula de la entidad. "Cuando sos grande, vos decidís cuándo hablás como Arcor y cuándo hacés hablar a la UIA en tu nombre", señaló una fuente relacionada con los grandes grupos.

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