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Récord en donación de órganos

El año pasado se registró la cifra más alta de donaciones y trasplantes de órganos en el país, según el Incucai

Domingo 13 de febrero de 2011
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Cuando muchas estadísticas nos abruman reflejando malas noticias de distinto tenor, vale la pena celebrar que 2010 cerró con una cifra récord de donaciones y trasplantes en el país, de acuerdo con los datos provistos por el Instituto Nacional Central Unico Coordinador de Ablación e Implante (Incucai).

En un año, se pasó de una tasa de 12,4 donantes por millón de habitantes (DPMH) a 14,5 donantes en 2010, lo cual ubicó a la Argentina en el segundo lugar de América latina después de Uruguay en lo que respecta a donación de órganos, y en el primer lugar en cantidad de trasplantes hepáticos, cardíacos, pulmonares y renopancreáticos. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires registró 28,5 DPMH, mientras que las provincias de Corrientes y Mendoza también se destacaron por sobre la media nacional. En enero, la provincia de Buenos Aires alcanzó también un récord de 31 trasplantes a partir de 19 donantes reales.

Detrás de los fríos números, laten vidas humanas: las cifras a nivel nacional se traducen en 583 donantes reales y 1294 personas receptoras de uno o más órganos de donantes cadavéricos para trasplante, además de 215 trasplantes renales y 32 hepáticos con órganos provenientes de donantes vivos, y 932 trasplantes de córneas. Agosto fue el mes récord al contabilizarse 70 donantes reales.

Para que las tasas continúen mejorando sostenidamente cada día, además de promover la conciencia social sobre el valor de la donación de órganos, se debe profundizar el trabajo sobre la efectividad del sistema sanitario. Los resultados alcanzados son también prueba de la confiabilidad que el Incucai ha sabido ganarse en muchos años de trabajo.

Los programas de detección de posibles donantes se han reforzado en los hospitales. La capacitación de los recursos humanos en equipos interdisciplinarios es medular, pues tanto la procuración como la donación de los órganos son entendidos como actos médicos. Y el compromiso de los coordinadores hospitalarios reviste un peso sustantivo: son ellos quienes casi de manera invisible conectan la vida que se apaga y la que se iluminará con un trasplante. Esto si la ablación no se pierde por falta de nafta para los vehículos transportadores, como reseñaba un lector días pasados, o por las dificultades que impone un piquete en un corte de ruta.

La ley del donante presunto que rige desde 2006 establece que todo ciudadano legalmente capaz, mayor de 18 años, se considera donante a menos que declare su intención de no serlo y que se consultará a su familia al momento de la decisión sobre la ablación. Frente a la detección precoz de un potencial donante, una respuesta familiar negativa esconde generalmente desinformación y falta de interés. La renuencia familiar descendió de valores superiores al 40 por ciento a un 35 gracias a campañas como la que en estos días promueve en los balnearios de la costa atlántica, por décimo sexto año consecutivo, el Centro Unico Coordinador de Ablación e Implante de la Provincia de Buenos Aires (Cucaiba), al convocar entre 150 y 200 turistas diarios.

El esfuerzo realizado hasta aquí ha hecho que más de 7500 personas recibieran órganos para trasplante en la Argentina. Alegrémonos por el récord histórico alcanzado y redoblemos una apuesta que privilegia la vida.

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