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Timerman, entre Luli Pop y otra pelea con EE.UU.

Por Lucrecia BullrichDe la Redacción de lanacion.com

Viernes 18 de febrero de 2011 • 12:35

Sábado. El caso del avión militar estadounidense demorado en Ezeiza por el supuesto intento de ingresar material no declarado, ya era público. El canciller Héctor Timerman, tan acostumbrado a la respuesta al instante (sobre todo desde que Twitter puso esa posibilidad a un clic de distancia en su PC y en su teléfono), guardaba silencio.

La Cancillería reaccionó cuando ya habían pasado 48 horas desde el aterrizaje. Se supo que la clave del incidente era una diferencia entre la lista con el detalle del cargamento enviada por EE.UU. horas antes del arribo y el material que se pretendía descargar una vez en tierra. "La Cancillería en todo momento ha actuado en su carácter de responsable de las relaciones con un país extranjero", terminaba el comunicado. Como ya se hizo habitual con temas tan sensibles (tanto como el material confiscado), las precisiones sobre la carga retenida no se conoció a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, sino al día siguiente, vía Página/12.

Twitter mediante, Timerman comentaba los diarios del domingo. Primero recomendó leer la nota de Página. Tres mensajes después el contraste parecía irreal: se trenzaba en un intercambio entre prosaico y patético con Martín Redrado. Tan burda se volvió la conversación (y en esto Redrado y su primera piedra también hicieron lo suyo), que la intervención de "Luli" Salazar se convirtió en lo más centrado de la conversación virtual.

Foto: Ilustración: Sebastián Domenech

"Martín Redrado me califica de «amante herida». Claro, total él sale con Luli Salazar y debe saber mucho de amantes" ; "Leo en Perfil que Salazar evitó el conchero para no enojar a «su chico» Redrado", fueron algunas de sus embates en 140 caracteres.

Que Timerman usa Twitter con frenesí no es novedad. Que en sus mensajes las comunicaciones oficiales se mezclan sin pudor con los enfrentamientos personales, las chicanas y las ironías que nada tienen que ver con su gestión, tampoco.

""Twitter mediante, Timerman comentaba los diarios del domingo y después se trenzaba en un intercambio entre prosaico y patético con Martín Redrado" "

Lo que esta semana quedó en evidencia con más nitidez que en otras es el contraste entre lo que cabría esperar del canciller, "en su carácter de responsable de las relaciones con un país extranjero", y su reacción, (y con la suya, la de varios funcionarios), frente al caso del avión. El incidente es serio y debe ser aclarado. Eso esta fuera de discusión.

Lo que sí puede debatirse es cómo se explica que el canciller disponga de espacio político (léase tolerancia de Cristina Kirchner) para moverse como lo hace y que, ocho meses después de haber reemplazado a Jorge Taiana, su gestión acumule más escándalos y estridencias que oficios exitosos.

Cuando Timerman quedó a cargo de la Cancillería se creyó que sus años de experiencia como cónsul en Nueva York servirían para mejorar y fortalecer el vínculo con Washington. Hoy, a la luz de los últimos capítulos de la relación bilateral, (la pelea por el entrenamiento de policías y la visita de Obama sin escala argentina son los más recientes), ese razonamiento inicial quedó sepultado.

Rafael Bielsa alguna vez escribió que los conflictos de un país con el mundo se dividen en inevitables e inexplicables. En la primera categoría podrían entrar el diferendo con Gran Bretaña por las Malvinas y los reclamos a Irán por el atentado a la AMIA. El escándalo en el que se convirtió el justificado freno al avión militar (hasta que se determine si efectivamente hubo infracciones, al menos), podría entrar en el segundo. Porque la esencia de la diplomacia no es eliminar la posibilidad de que ocurran conflictos ni ignorarlos cuando efectivamente ocurren, sino saber encaminarlos.

¿Había forma de resolver el incidente sin convertirlo en eje de una nueva (e innecesaria) escalada de tensión con Washington? Especialistas de todo el arco ideológico coinciden en que sí. También los antecedentes se inclinan en ese sentido. En agosto pasado, la embajadora de EE.UU., Vilma Martínez, dio la orden de cancelar un curso de seguridad porque el avión de la Fuerza Aérea norteamericana que llegó entonces a Buenos Aires traía material no declarado. Lo mismo que pasó el sábado. Podría pensarse que la reacción fue esta vez más dura, justamente, por la repetición. También podría pensarse que el endurecimiento, más que castigar una infracción, buscó conducir la atención pública a un tema que, en otro momento, (agosto último, por ejemplo), hubiera pasado inadvertido.

""Cuando Timerman quedó a cargo de la Cancillería muchos evaluaron que sus años de experiencia como cónsul en Nueva York servirían para mejorar y fortalecer el vínculo con Washington""

Sabido es que Néstor Kirchner convirtió en costumbre cuidar con especial ahínco a los funcionarios más cuestionados. Lo hizo con Alberto Fernández, con Julio De Vido y con Guillermo Moreno, entre otros. La Presidenta conserva el hábito. En el caso de Timerman, a esa obsesión por no aparecer cediendo a la presión de los denostados medios de comunicación, se le suma un afecto especial por el canciller. Timerman usa el ataque a sus adversarios como la más segura de las trincheras.

El laissez-faire de parte de Cristina Kirchner se explica desde varios ángulos. Es posible, cómo no, que la Presidenta esté conforme con la gestión de Timerman y sus resultados, que no vea en ella nada que deba mejorarse. También es cierto que la cercanía de las elecciones suele desaconsejar cambios en el gabinete, sobre todo en áreas sensibles como la Cancillería.

Despegando la reflexión de la coyuntura más urgente y ubicándola en un marco más amplio cabría pensar que un gobierno que privilegia la confrontación como forma de encarar y resolver los conflictos difícilmente pueda desplegar en el exterior una conducta distinta.

Posibles respuestas a una semana en que la Argentina volvió a ser noticia en el mundo. Y su canciller, protagonista de la novela con tintes farandulescos.

En Twitter: @lbullrich

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