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Elogio de la geometría

Artistas locales e internacionales, bajo el aura de Sol LeWitt, unidos por la línea, el punto y la curva en una notable exposición que ocupa dos salas del Centro Cultural Borges, con la curaduría del francés Phillipe Cyroulnik

Viernes 18 de febrero de 2011
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PARA LA NACION
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La relación de Philippe Cyroulnik con el arte argentino tiene como punto de partida una de las primeras ediciones del recordado premio Gunther, a fines del siglo XX, en la que fue jurado. La visita se convirtió en la oportunidad para conocer in situ la obra de artistas argentinos que después se ocuparía de difundir en Francia a través de una red de instituciones cuyo eje es el Centro Regional de Arte Contemporáneo de Montbéliard, su base de operaciones.

De aquel primer contacto quedó anudada la relación con Jorge Macchi y la realización de un libro, el primero, sobre el artista que nos representó en la Bienal de Venecia con una inquietante y gimnástica "ascensión" concretada en el Oratorio de San Filippo Neri. Con el tiempo, los viajes de Cyroulnik a Buenos Aires se convertirían en una rutina creativa, para estrechar los lazos con los artistas locales que comparten la aproximación estética de su último guión curatorial, sintetizado en Punto, línea, curva.

Bajo esta convocatoria geométrica ha reunido en la Sala 1 y en la 2 del Centro Cultural Borges las obras de artistas de nacionalidades y edades diferentes, en una propuesta que seduce por la coherencia, como si el destino hubiera querido provocar este encuentro guiado por la mirada de un francés nómade.

Sentado en el bar del Centro Borges, Philippe Cyroulnik comienza por el principio y explica que en la génesis de esta muestra está la postergación de otro proyecto en torno a la colección de Esteban Tedesco, reconocido médico cirujano, apasionado coleccionista, que ha tapizado literalmente las paredes y los techos de un departamento francés del vecindario de Plaza San Martín con arte argentino contemporáneo.

Y esta selección con la que convive es sólo una parte del todo. La idea de Cyroulnik era trasladar a un espacio público la impronta propia de la intimidad de una colección privada. Mientras ese proyecto se define, no perdió el tiempo y propuso a Lía Cristal, coordinadora de exposiciones del Borges y a su director, Roger Haloua, sumar en una convocatoria internacional a los artistas que se expresan en la geometría, que han hecho de la línea, el punto y la curva un lenguaje plástico con múltiples posibilidades.

Dibujos, esculturas, objetos, videos, obra reciente, obra creada ad hoc, trabajos de consagrados como Iommi, Ferrari y Lozza, junto a obras de diez artistas internacionales: norteamericanos, brasileños, franceses, griegos y checos.

"La muestra está centrada en artistas que crean dentro de parámetros específicos de la abstracción y el principio reduccionista; sus obras enriquecen experiencias geométricas y minimalistas, y desecandenan un desdoblamiento del monocromo a la policromía", explica el francés en un español correcto, con acento inconfudible.

En esta relectura de la geometría y el minimalismo ocupa un lugar destacado la obra de Sol LeWitt (1928-2007), uno de los más notorios exponentes del minimalismo representado en este caso por un mural de la colección Billarant (Francia). Como es tradición, LeWitt dejó las instrucciones para realizar este trabajo que ejecutaron un grupo de artistas argentinos dirigidos por Verónica Di Toro. Es una grilla de medidas variables en colores primarios, cuadrados que contienen otras formas y que nunca se repiten. Son variaciones de la línea con movimientos apenas perceptibles subrayados por la sutileza del trazo del lápiz. El mural de LeWitt está enfrentado al juego de rayas multicolores hecho con tiras de papel, obra de Andrés Sobrino. Plegada sobre el piso y la pared a la manera de un marco virtual, la obra se asemeja a una ventana por donde el espectador se asoma al universo geométrico.

Deliberadamente, Cyroulnik ha evitado las palabras "emergentes y jóvenes"; desconfía de esas categorías y clasificaciones tan de moda. Prefiere hablar de obras y de artistas, en un diálogo de geografías diferentes, con un montaje atractivo capaz de superar las limitaciones expositivas.

La abrumadora presencia de esta selección atractiva, rica en el uso de técnicas y materiales para resignificar la geometría, a la que adhieren voces nuevas y consagradas, suple otras carencias. Va como ejemplo de calidad la inteligente austeridad de la obra de Roberto Elía, un artista cuyo talento saca larga ventaja al reconocimiento que ha recibido de crítica y público.

El dibujo abigarrado del lápíz brioso de Eduardo Stupía encuentra su lugar entre la escultura insinuante y aérea de Elena Dahn y los grafismos de Mirtha Dermisache, que el visitante puede retirar de una resma instalada sobre una pequeña tarima. Dermisache, artista argentina de prestigio internacional, cuya obra integra la colección del Pompidou, elige trabajar en una poética de la línea que roza la escritura: esta práctica recupera la precisión como artilugio del exceso controlado. Philippe Cyroulnik dirá con razón en su texto curatorial que en el otro extremo de esta línea está "la intuición, el temblor de la mano, matriz de la obra misma, y lo aleatorio". Los mundos aéreos de Daniel Joglar, la rigurosa geometría de Verónica Di Toro, la cinta multicolor con la que Gachi Hasper atrapa el espacio son algunas de las intermitencias en las que el espectador puede detenerse.

Enriquece el registro de esta abarcadora exposición una grata sorpresa en el verano porteño: la continuidad expositiva en las galerías Vasari y Del Infinito (ver recuadro) identificadas en sus proyectos curatoriales con la puesta en valor de la geometría, la abstracción sensible, los concretos y los cinéticos.

Una mención aparte merece el francés François Morellet, integrante junto con Le Parc y Vasarely del grupo Investigación de Arte Visual, los murales de François Perrodin y la obra del checo Vladimir Skoda.

El uso de materiales industriales, los juegos lumínicos y las instalaciones formales conviven con la pintura-pintura en esa tensión cromática que va de la sutileza de Sol LeWitt al recorrido óptico de Andrés Sobrino, enriquecido por los trabajos de Juan José Cambre, Mariela Cerviño y el enorme mural de Beto de Volder, síntesis de Punto, línea, curva.


Ficha. Punto, línea, curva en el Centro Cultural Borges (Viamonte y San Martín) hasta el 8 de marzo, en la galería Del Infinito (Quintana 325 PB) hasta el 10 de marzo y en Vasari (Esmeralda 1357) hasta el 4 de marzo

UNIR PUNTOS PARA CREAR ESTRUCTURASCelina Chatruc

Harto del papel, un lápiz sale a explorar la ciudad para dejar su huella en balcones, adoquines y charcos. Como en el video del griego Vassili Salpistis que trajo al Centro Cultural Borges, el crítico y curador francés Philippe Cyroulnik quiso que su muestra Punto, línea curva alcanzara otros horizontes, más allá de los límites habituales. Así, sumó al recorrido dos exposiciones complementarias en las galerías Vasari y Del Infinito, en Retiro.

"Quise construir relaciones entre dos tipos de actividad, la pública del centro cultural y la comercial de las galerías", explica Cyroulnik, y aclara que estas últimas no exhiben sólo a sus artistas sino que abrieron las puertas a otros representados por distintos colegas. Y también, claro, a los franceses que seleccionó el curador. Así, hasta principios de marzo pueden encontrarse en Del Infinito (Quintana 325 PB) obras de Lila Siegrist, Ennio Iommi, Raúl Lozza, Fabián Burgos, Fabienne Gastón Dreyfus, Gachi Hasper, Martín Reyna, Laura Glusman, Pablo Rosales, Natalia Cacchiarelli y Mariana Cerviño, mientras que en Vasari (Esmeralda 1357) se exhiben las de Juan José Cambre, Philippe Compagnon, Manfedo De Souzanetto, Beto De Volder, Al Martín, Vladimir Skoda y Carola Zech.

"Me interesa el diálogo intelectual, plástico y formal entre distintas generaciones, así como la integración de artistas de otros países", agrega el director del Centro Regional de Arte Contemporáneo de Montbéliard, quien conoce la escena artística porteña desde hace más de 20 años y parece decidido a crear nuevas estructuras de la forma más simple: uniendo puntos.

ADNCYROULNIKParís, 1949

Crítico de arte, desde 1995 dirige Le 19, el Centro Regional de Arte Contemporáneo de Montbéliard. Fue profesor de la Universidad de París y director artístico del Centro de Arte de Ivry-sur-Seine. Tuvo a su cargo las exposiciones de arte contemporáneo en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes y curó muestras para diversas instituciones en Francia, España, Alemania, Dinamarca, Canadá, Italia y la Argentina, país que visita en forma regular desde 1989. Ese año fue invitado por el coleccionista francés Edgar Gunther, a quien dedica la muestra actual.

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