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Lunes 21 de febrero de 2011 | Publicado en edición impresa

La inseguridad

La General Paz, del cerrojo a las puertas abiertas

La policía ya prácticamente no controla los ingresos a la Capital

Por Gustavo Carabajal  | LA NACION

 
 
 

La avenida General Paz es hoy, casi, una zona liberada. En medio del recrudecimiento, en los últimos días, de los secuestros exprés, por la noche ningún móvil policial o de la Gendarmería patrulla sus casi 25 kilómetros de extensión. En una recorrida realizada por La Nacion, el jueves por la noche, se advirtió que en ninguno de los 24 cruces que comunican la Capital con el Gran Buenos Aires hay controles vehiculares para verificar, por ejemplo, si en un auto va alguna persona cautiva.

Según comprobó La Nacion, hay policías apostados en 14 de los 24 cruces, pero sólo en 7 de ellos el personal estaba fuera de los destacamentos. En el resto de los casos, veían televisión, leían o estaban dentro de las garitas con las luces apagadas. "No hay controles. No existe una orden para que se controle a la gente", expresó Gabriel Lombardo, presidente de la Asociación Civil Vecinos en Alerta, de Lomas del Mirador, donde la semana pasada ocurrió un homicidio.

La Policía Federal rechazó responder las consultas de La Nacion sobre el tema, pero algunas fuentes de la fuerza admitieron la ausencia de controles, que atribuyeron a "falta de personal" suficiente. Desde el Ministerio de Seguridad, en tanto, se informó extraoficialmente que en los próximos días podría avanzarse con un nuevo acuerdo con la policía bonaerense y la Gendarmería para retomar los patrullajes en la General Paz.

La semana pasada, Roberto D'Angelo y su familia fueron interceptados cuando transitaban por el cruce de la General Paz y el Acceso Oeste. Desde allí, los delincuentes llevaron cautiva a la familia hasta su casa en Villa Tesei. Este hecho puso en evidencia el resurgimiento de una modalidad delictiva que había azotado a los vecinos de la Capital y el conurbano en 2002.

Cerrojos que ya no existen

El primer Operativo Cerrojo en la avenida General Paz y en los accesos a la Capital fue implementado en el año 2000; antes, en 1998, las autoridades de la Policía Federal habían puesto en marcha el plan Espiral Urbano. En 2002, las policías Federal y bonaerense se sumaron a la Gendarmería y a la Prefectura Naval para reforzar el Operativo Cerrojo, que, además de la avenida General Paz, incluyó controles en todos los puentes sobre el Riachuelo, en un momento en el que se iniciaba una ola de secuestros extorsivos.

Hace tres años, ambas policías acordaron realizar operativos conjuntos para evitar que se repitieran los asaltos en los que las víctimas eran secuestradas en uno u otro lado de la avenida General Paz y luego, a punta de pistola, eran llevadas a sus casas, donde los delincuentes se apoderaban de sus objetos de valor.

De todas esas iniciativas, en la actualidad sólo quedan vallas y los conos para delimitar la zona que alguna vez fue de control, pero los policías ya no paran a nadie.

Dos de los cruces en los que los policías estaban fuera de los puestos y a un lado de las vallas fueron los que están instalados en las intersecciones de la General Paz con las avenidas Chilavert y Roca.

En cambio, no había nadie en la calle en los cruces de Tonelero, Conde, Alberdi, Crovara, Tinogasta, Beiró, Lope de Vega, Constituyentes, Balbín, Cabildo y avenida del Libertador. En todos esos casos, los policías estaban dentro de las garitas.

En el destacamento instalado en San Martín y General Paz, el policía estaba en estado de alerta. Allí, el uniformado estaba fuera del puesto. Mientras que del lado de la provincia, dos móviles de la policía bonaerense estacionados frente a un destacamento daban la señal de presencia policial.

También se advirtió la presencia de dos móviles de la policía bonaerense en el cruce de Beiró. Pero en todos los casos la presencia fue pasiva, debido que no controlaban a ningún automóvil.

El único policía que salió de su garita fue el uniformado asignado al puesto del cruce de Ramón Falcón. El suboficial le labró un acta de infracción al automóvil en el que viajaban el cronista y el fotógrafo de La Nacion porque estaba mal estacionado.

"Con un policía por puesto o dos uniformados por cada destacamento la cantidad de uniformados parecería insuficiente para intervenir en caso de un delito", dijo Lombardo.

Durante la última semana tres hombres fueron asesinados en el denominado "corredor de la muerte", tal como se conoce la franja de veinte cuadras de ancho a ambos lados de la General Paz, que va desde Monte Castro hasta Villa Lugano, en la Capital, y desde Ciudadela hasta Villa Madero, en territorio bonaerense.

En Liniers, cerca del cruce de General Paz y Ramón Falcón, el taxista Carlos Valdez fue asesinado por un grupo de delincuentes que intentó robarle su Volkswagen Suran.

En Lomas del Mirador, un comerciante de nacionalidad china, dueño del supermercado situado en Pedro Goyena y Alfredo Palacios, fue asesinado de dos balazos. El hecho ocurrió a diez cuadras del cruce avenida de los Corrales y General Paz.

Cuando La Nacion pasó el jueves por ese cruce había un solo policía, que estaba dentro del puesto.

El tercer homicidio de la semana pasada ocurrió en el límite entre Villa Soldati y Villa Lugano, donde fue asesinado Jorge Favre, de 56 años, dueño de una empresa de transportes.

"Los únicos que controlan algo son los inspectores de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), que revisan si tenemos el registro de camioneros", agregó Lombardo.

A pesar de que esa franja situada a ambos lados de la General Paz fue escenario de otros homicidios que derivaron en marchas de vecinos para reclamar medidas de seguridad que nunca se aplicaron, no se reforzó la vigilancia en la zona ni se hizo nada para dificultar el cruce de los ladrones que buscan refugio en algún barrio de emergencia de la Capital o del territorio bonaerense.

En la primera semana de octubre, el modelo publicitario Diego Rodríguez fue asesinado por un grupo de delincuentes que quisieron robarle la camioneta en Liniers. Un día después, a 40 cuadras de allí, dos delincuentes mataron al dueño de un Land Rover en la esquina de Pola y Casco, en Villa Lugano.

"Hace más de seis o siete meses que no veo ningún control vehicular. Los controles son necesarios para evitar que los ladrones que viven en la provincia y van a robar a la Capital crucen de vuelta con el producto de los asaltos", agregó Lombardo.

La lista de víctimas de hechos de inseguridad ocurridos en la zona adyacente a la avenida General Paz siguió con Raúl De Gaetani, un técnico en electromedicina de 45 años, que fue asesinado cuando sacaba su automóvil de su casa, en Monte Castro. Unos días antes, el 25 de mayo, Diego Javier Lima fue asesinado delante de sus hijos en la puerta de su casa, situada en Yerbal y Cervantes, en Villa Luro..

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