Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Volver a leer la tradición

A partir de la noción de lo fantástico, Carlos Gamerro revisa la obra de autores fundamentales de la literatura rioplatense

Viernes 25 de febrero de 2011
0

Soledad Quereilhac


Ficciones barrocas Por Carlos Gamerro Eterna Cadencia216 páginas$ 65

Pocos ensayos literarios deparan un placer de lectura equiparable al de los relatos; por lo general, aunque el lector encuentre en el ensayo interpretaciones lúcidas o ideas con las que acuerda, el tipo de gratificación es casi siempre de corte intelectual, desprovisto de las ansias y sobresaltos que producen las tramas narrativas. Con todo, las excepciones existen, y el caso de Ficciones barrocas , de Carlos Gamerro, es una de ellas: a la indiscutible inteligencia que posee el autor para leer literatura -que su escritura transmite sin ningún vestigio de fanfarronería-, se suma un tono que combina cómodamente la precisión crítica y las expresiones rioplatenses, así como una perspectiva novedosa para revisar obras ampliamente trabajadas por la crítica: la narrativa de los escritores argentinos Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo y Julio Cortázar, de los uruguayos Juan Carlos Onetti y Felisberto Hernández y, a modo de apéndice, del estadounidense Philip K. Dick.

La asunción que parece preceder al ensayo es que ninguna lectura canónica es incuestionable ni posee vida eterna. También, que el nivel de las sensaciones, las intuiciones y las disconformidades en la experiencia de lectura de un crítico pueden transformarse en herramientas de trabajo, si se halla la forma de comunicarlas a los demás. Una de las discusiones centrales de Ficciones barrocas es la que entabla con la frecuente inclusión de la narrativa de Borges, Bioy Casares, Ocampo y Cortázar en el modo de lo "fantástico", aun cuando muchos de sus relatos no presenten acontecimientos sobrenaturales ni imposibles. Antes que una discusión teórica sobre lo fantástico, Gamerro busca, por un lado, evidenciar que llamar "fantásticos" a todos sus relatos es una empresa desde el inicio fallida; y por otro, intenta encontrar la matriz interpretativa que permita, en cambio, detectar qué es aquello que, a todas luces, emparienta la literatura de estos autores entre sí y con las de Onetti y Felisberto, en qué consiste esa "sensación" de mundo fantástico que destila su lectura.

La respuesta llega con lo que Gamerro entiende por "ficción barroca", una categoría que, para su mejor definición, contrapone a la de "escritura barroca", y cuyos modelos originarios identifica, para el primer caso, en Cervantes, y para el segundo, en Góngora y Quevedo. Mientras que la "escritura barroca" apela a lo excesivo, lo frondoso y lo recargado en el estilo, la "ficción barroca" se caracteriza por una escritura de frases menos recargadas y de procedimientos más legibles, pero cuyos pliegues, cuyas complejidades se hallan en un segundo nivel: el de "los personajes, las estructuras narrativas, la construcción del universo referencial". Gamerro encuentra el segundo momento de esplendor de la "ficción barroca" en el Río de la Plata, entre las décadas de 1940 y 1960.

Al proponer esta inusitada conexión entre el barroco del Siglo de Oro y la narrativa rioplatense de las décadas del peronismo, Gamerro impacta también sobre otras cuestiones: por un lado, relativiza la rotunda diferenciación de España que Borges proclamó desde joven; polemiza con la excluyente identificación de lo barroco con el estilo frondoso y su correspondiente asociación con la literatura del Caribe (Lezama Lima), y en cambio, detecta lo barroco en pleno Río de la Plata. Por último, logra una hipótesis convincente sobre los rasgos formales que comparte una literatura escrita a dos orillas durante el peronismo, y con ello deja abierto el camino para que la pregunta sobre las causas de su surgimiento, en la pluma de escritores en su mayoría antiperonistas, pueda ser formulada por otros críticos, contando ahora con hipótesis más sólidas que la de la "evasión de la realidad". Con todo, Ficciones barrocas manifiesta en este punto una incomodidad no resuelta: si bien Gamerro se abstiene de sugerir hipótesis sobre los vínculos entre literatura y sociedad, y por momentos hasta muestra cierto enojo por las lecturas historicistas, no puede evitar periodizar su corpus con un criterio político.

El libro concluye con uno de sus mejores aportes: el rastreo de estructuras y motivos barrocos en la ciencia ficción contemporánea, fundamentalmente en el cine estadounidense basado en las novelas de Dick, y la personalísima visión de este escritor como un "replicante" borgeano. Están aquí los argumentos que todo amante de la ciencia ficción quisiera oponer a aquellos que denuestan el género o son insensibles al trasfondo existencial que suelen poseer sus mejores exponentes. Pero también, sobre todo, con este ensayo que cierra el libro termina de confirmarse una sensación inicial: Ficciones barrocas es un ensayo de herencia borgeana, ya no por barroco, sino porque con calculada soltura se atreve a proponer golpes de timón en la lectura de la tradición.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas