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Miles de extranjeros escapan del "país de los muertos"

Continúa el éxodo de trabajadores precarios hacia la frontera; Trípoli, el escenario final

Viernes 25 de febrero de 2011
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Mayte Carrasco Para LA NACION

RAS AJDIR (frontera entre Túnez y Libia).- "Para mí, Libia es hoy el país de los muertos", dice con los ojos muy abiertos el joven Amh, un inmigrante egipcio de 25 años empleado en una constructora en Libia, mientras espera entre el tumulto un ómnibus que lo lleve a Ben Gardene, la primera localidad tunecina tras la frontera entre Túnez y Libia.

"Llevo tres días encerrado en mi casa porque estaba totalmente aterrorizado, desde mi ventana vi a un grupo que llevó un auto en andas hacia el centro de la calle y le prendieron fuego. No sé si eran o no partidarios de Khadafy -confiesa-. Gracias a Dios ya estoy en Túnez, gracias." Amh besa el suelo bajo sus pies.

Son las escenas de horror que describen los miles de refugiados que decidieron huir a toda prisa y en masa hasta Túnez.

En el paso fronterizo de Ras Ajdir, donde entraron ya más de 5000 personas según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), además de otras miles que entraron ayer, son visibles largas colas en las que centenares de personas se agolpan a la espera de obtener el sello en el pasaporte que los saque de este infierno.

Casi todos son extranjeros. Entre los más numerosos, chinos, filipinos, turcos, egipcios o tunecinos, trabajadores inmigrantes que se convirtieron en el objetivo de las milicias de Khadafy que aterrorizan a los extranjeros, señalados por el régimen como los instigadores del levantamiento popular que lo puso contra las cuerdas.

También hay algunos libios, los menos, lo que hace pensar que decidieron quedarse en sus casas a luchar en un momento decisivo para su historia. Todos llegan en estado de shock y tienen testimonios escalofriantes. Uno de ellos tiene los ojos con moretones de dos fuertes culatazos de un rifle. Con aspecto asustado y cansado, va acompañado de sus padres, mayores, que están sentados sobre dos valijas rajadas con un cuchillo de grandes dimensiones.

"Nos atacaron en la ruta y nos robaron la mayoría de las cosas de valor, después de pegarme", explica. Sus padres confirman con un débil gesto, abatidos.

Como en Trípoli, ya hay combates y decenas de muertos en las calles, "los soldados impiden la entrada de ambulancias para que puedan entrar a salvarles la vida", grita un señor de unos 50 años, sollozando.

Solo y acorralado, Khadafy consiguió que su país se convirtiera en el lugar que predijo su hijo Saif al-Islam, un agujero negro sumido en el caos en el que la violencia tribal se extiende de punta a punta del territorio libio.

Según los cálculos del Tribunal Penal Internacional, su aplastante y cruel respuesta a los opositores ya habría dejado un reguero de 10.000 cadáveres.

Mientras en el Este la segunda ciudad más importante del país, Benghazi, forma incipientes comités populares anti-Khadafy, que toman el control de la zona en la que se inició la revolución, las protestas se extienden como pólvora en el Oeste, donde cientos de ciudadanos salen también a la calle para pedir que el dictador abandone el país y acabe con una brutal represión que supera los peores escenarios.

En localidades occidentales como Zawiya, a sólo 40 kilómetros de Trípoli, y Sabratah y Zwara, a 40 de la frontera de Ras Ajdir que une Libia con Túnez, el régimen intentó aplacar las protestas al más puro estilo Khadafy.

En Zwara, las fuerzas especiales entraron ayer muy temprano y comenzaron a disparar desde autos de combate hacia todo lo que se movía, dejando decenas de muertos atrás, según relataron a La Nacion varios testigos que llegaban a la frontera.

Completaban el trabajo los mercenarios africanos contratados, un ejército paralelo al que se le pagan, según algunas informaciones, 2000 dólares al día por sicario.

Enconado en su demencia y aislado por la comunidad internacional, Khadafy amenazó con cortar el flujo del petróleo a Occidente.

La gran batalla

En otra de sus excéntricas e incendiarias declaraciones, esta vez por teléfono y a la televisión estatal, culpó ayer a Al-Qaeda de todas la revueltas practicadas "por adolescentes a los que les pusieron drogas en el Nescafé", dijo ayer textualmente .

Hoy será la prueba de fuego para el dictador, que tendrá las protestas a las mismas puertas de casa y muy cerca del palacio presidencial donde se cree que está atrincherado con toda su familia.

Hoy están previstas varias manifestaciones en la capital, donde hay barricadas por las noches y enfrentamientos en algunos barrios, disparos y muertos, según las imágenes que muestran los canales de televisión árabes. La gran batalla final de Trípoli podría ser la prueba de fuego para un régimen en estado terminal que quiere morir matando, llevando su violencia hasta el final.

DETIENEN A PERIODISTAS ITALIANOS

TRIPOLI (ANSA).- Un grupo de periodistas italianos, entre ellos el enviado de la agencia ANSA, fueron detenidos y golpeados ayer por militantes fieles a Muammar Khadafy cuando se trasladaban del aeropuerto de Trípoli al centro de la capital libia. Uno de ellos -Fabrizio Caccia, del diario Corriere della Sera- fue abofeteado y pateado por los hombres armados cuando dijo que era italiano. El gobierno libio reiteró ayer que todo periodista que ingrese de manera ilegal en el país será considerado un colaborador de la red terrorista Al-Qaeda. El gobierno de Estados Unidos, en tanto, advirtió sobre los riesgos para los periodistas de entrar en el país africano.

LAS PROTESTAS DE AYER

ARGELIAFin al estado de emergencia

El gobierno de Argelia oficializó ayer el fin del estado de emergencia luego de 19 años de vigencia. Sin embargo, el ministro del Interior, Dahou Ould Kabila, anunció que no cesará la prohibición de las marchas en la capital de ese país.

BAHREINMarchas en el centro de Manama

Por primera vez desde el inicio de las protestas, los manifestantes abandonaron ayer el campamento de la plaza de la Perla y marcharon hacia el centro histórico de Manama, para exigir el fin de la dictadura sunnita de los Al-Khalifa.

YEMENEl gobierno intenta calmar la rebelión

En un intento de apaciguar las protestas, el presidente de Yemen, Ali Abdalá Saleh, ordenó a las fuerzas de seguridad evitar choques con los manifestantes. Ayer, miles de personas se manifestaron en Sanná para reclamar el fin del régimen.

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