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Historias en movimiento

Mecha Fernández, una coreógrafa que juega con su niña interior

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LA NACION
Sábado 26 de febrero de 2011
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Comenzó desempeñándose en diversas disciplinas de la danza, hasta que un día sintió que la experiencia encima del escenario había sido suficiente. Se interesó por la mirada del coreógrafo, y así, según dice ella, "como sin querer", se adueñó de una reconocida trayectoria que incluye más de 60 espectáculos infantiles.

En los últimos 23 años se destacó como coreógrafa y directora en el mundo de los chicos. Y no sólo eso; además, trabajó en compañías de ballet clásico, grupos de danza, comedias musicales y puestas en cine y TV.

Luego de tanto camino recorrido, a Mecha Fernández le resulta fácil hacerle una radiografía a un género que, con el tiempo, fue variando de formato.

Una de las coreógrafas con mayor experiencia en teatro infantil: Mecha Fernández
Una de las coreógrafas con mayor experiencia en teatro infantil: Mecha Fernández. Foto: Archivo / Rodrigo Nespolo

"Afortunadamente, se fue modificando; antes se trataba a un chico de manera peyorativa al pensar que un espectáculo infantil implicaba juntarse, ponerse una nariz de payaso y listo", cuenta Mecha. "Pero tengo la suerte de haber trabajado siempre con gente que los ha encarado desde un lugar mucho más pensado, ya que, si bien hoy los chicos tienen otra velocidad mental, hay algo que no cambia: el niño es siempre niño; quizá más despierto, pero la necesidad de amor, de complicidad y de juego están siempre presentes."

Mecha Fernández comenzó a bailar a los cinco años, cuando su madre la llevó a clases y ella, desde ese momento, quedó encantada. La pasión por lo artístico la llevaba en la sangre: su prima era bailarina; su tío abuelo era escritor y su tía abuela paterna era actriz.

Desde 1994 forma parte de La Galera Encantada, prestigiosa compañía creada y dirigida por Héctor Presa, y actualmente es la coreógrafa de dos de sus obras en los jardines del Museo Larreta: María Elena , con los clásicos de María Elena Walsh, y la versión musical de Esperando la carroza .

Entre sus laudos más recientes, se destaca el premio Estrella de Mar 2010, por el musical Pimpinela, la familia Pimpinela . No siempre le tocó trabajar con bailarines profesionales, porque también se encontró con un elenco con actores inexpertos en esta disciplina.

"La habilidad de un coreógrafo es sacarles lo mejor que tienen, y una de las formas es poniéndole texto a la coreografía; esto lo hace más fácil porque ellos ya vienen con un ritmo físico." Según cuenta, la coreografía se tiene que ir adaptando al personaje, mientras que ella se adapta a lo que quiere el director, rol que ocupó en varias oportunidades, como en Amorcitos y A las cuatro , junto con su compañero Rony Keselman.

Con su experiencia, conoce que un espectáculo infantil no debe durar más de una hora; tiene que ser ágil y con una buena historia de resoluciones rápidas. "Las etapas de los nenes siguen siendo las mismas, pero, por ejemplo, la nena a la que le empieza a gustar el príncipe hoy seguro querrá que la princesa baje de un riel con un rayo láser que le ilumina el vestido y que el príncipe venga por la platea volando."

Con sus próximos proyectos, entre ellos Robin Hood , de Gustavo Monje y Giselle Pessacq, y María Elena 2 , de La Galera Encantada, espera reencontrarse a la salida con aquel chico que se desespera por besar al personaje o el que se trepa a la mamá por vergüenza; ambas, señales de que les gustó la obra. "No tengo hijos, pero siempre digo que tengo muchos bailarines y actores, y tengo al público: todo, acompañado de la intuición de ver por dónde va la cosa; a mi niña interior la tengo a full , porque nunca perdí el asombro."

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