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Opinión

 
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Sábado 26 de febrero de 2011 | Publicado en edición impresa

De no creer

Un país para morirse de risa

Por Carlos M. Reymundo Roberts | LA NACION

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Si hay algo serio en la Argentina de estos días, es el humor. Muy serio. El humor marca tendencia y hace estragos. Por de pronto, me dicen que se está llenando de columnistas políticos que se toman la realidad un poco en broma, con el argumento de que la realidad no es seria. No comparto la moda, pero la entiendo: si a lo que nos pasa no le ponés un poquito de onda, te asfixia. Antes que morir de pena, mejor morirse de risa.

Incluso yo, que como militante kirchnerista estoy obligado a ver el vaso medio lleno, sé que estamos muy lejos de haber ganado la guerra y que hasta que terminemos de alumbrar el nuevo país habrá llanto y crujir de dientes. En medio de esos dolores de parto, el humor es como un pinchazo de peridural: nos anestesia y nos hace disfrutar de lo que, sin ella, nos haría sufrir.

La clase política lo ha entendido mejor que nadie. La señora Cristina –cuándo no– es la que marca el camino. Se le ocurre una gracia tras otra: milanesas rebozadas a 21 pesos el kilo y que son tan ricas en la residencia presidencial de Olivos como en el Mercado Central; un bromista consumado en la Jefatura de Gabinete; un ministro de Economía que se desentiende de la economía, a la que no entiende; un secretario de Comercio que se burla de la inflación; un canciller que llama a la embajada de Estados Unidos para prohibirle hablar con periodistas, picardía que hizo reír a todo el Departamento de Estado en Washington; un juez federal que se tomó en serio la orden de detener a un gremialista opositor al que ni siquiera había llamado a declarar (duró 10 minutos preso); otro jefe sindical –en este caso, alineado con el Gobierno– que peleaba por la reivindicación de la clase obrera desde un muy reivindicado piso de Puerto Madero; un avión oficial norteamericano que es tomado en Ezeiza como una avanzada narcotraficante y terrorista…

Por supuesto, bastó que la señora le pusiera humor al drama de cada día para que, encandilados, todos los opositores le siguieran los pasos. Porque ya se sabe que la risa, como los bostezos, es contagiosa. También son contagiosos, parece, el Fútbol para Todos, la estatización de Aerolíneas y de las jubilaciones y muchas otras grandes iniciativas de este gobierno, apoyadas casi unánimemente por los presidenciables entrevistados en la serie que acaba de publicar La Nacion.

Ernesto Sanz quiere ir a un debate público con Ricardo Alfonsín, su rival en la interna radical, pero éste se saltea esa interna y dice que prefiere debatir con la Presidenta, que nunca debatió con nadie. ¿No es gracioso?

Scioli (permítanme ubicarlo aquí, entre los opositores) se gastó una fortuna este verano para lanzarse como candidato a la Casa Rosada, y ahora que Cristina le dijo que la candidata va a ser ella, retiró los carteles, se refugió en La Plata y dijo acá no ha pasado nada. Tanto teñir de anaranjado toda la provincia para que viniera la señora y lo mandara a despintar su proyecto. ¿No es simpático?

Los socialistas, inexistentes durante años en el mapa grande de la política argentina, lograron con gran esfuerzo posicionar a dos figuras de proyección nacional: el gobernador Binner y el senador Giustiniani. Pero resulta que ahora los dos están enfrentados. ¿Será una broma?

Duhalde está entretenido en dos cosas: en consolidarse como candidato presidencial en la interna del Peronismo Federal y… en apoyar la candidatura presidencial de Macri. ¿No es ocurrente?

El cordobés Luis Juez, ya se sabe, habla más en broma que en serio. Los malvados dicen que es mejor así. Y Lilita Carrió tiene un problema: sus chistes son tristes.

En el Pro, los que compiten por la sucesión de Macri son Gaby Michetti, que se ríe todo el tiempo, y Horacio Rodríguez Larreta, hombre serio si los hay. A ella le encanta mostrar esa sonrisa ganadora, y a él, el ceño fruncido de los hombres que gobiernan. ¿No es un contraste superdivertido?

Según algunas encuestas (tomadas éstas seriamente, claro), si las elecciones fueran hoy, el mejor posicionado para ir a una segunda vuelta con Cristina sería Macri. Mi explicación es sencilla: después de ella, Mauricio es el que más ha asimilado esta onda de paz y humor. Sin ir más lejos, de su ingenio ha brotado el mejor chiste en muchas décadas de política argentina: el ofrecimiento a Miguel del Sel para que sea candidato a gobernador de Santa Fe. ¿Un capocómico para dirigir la tercera provincia del país? Es una broma extraordinaria. Pero cuidado, que don Midachi ha dicho que sí. Y más cuidado aún: ya tiene como un 20% de intención de voto.

Concluyo donde empecé: la Argentina de estos días ha transformado el humor en algo dramáticamente serio..

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