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El hombre orquesta

Desde una apuesta bien lúdica, Santiago Vázquez creó grupos como La Bomba de Tiempo, Puente Celeste y La Grande: cocteleras rítmicas en estado de creación permanente, que convocan multitudes en busca de fiesta y fusión cultural

Domingo 27 de febrero de 2011
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LA NACION
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Puro frenesí, eso provoca Santiago Vázquez cada vez que sube a escena, sin importar con qué agrupación lo haga. Es que el hombre en cuestión es un buscador innato de los sonidos más disímiles, esos que no conocen fronteras y se empapan de pura improvisación. "Cuando hago música no creo en la monogamia", dice el creador de La Bomba de Tiempo, esa nave de ritmo que ya es un fenómeno social y que mueve a más de tres mil personas en cada una de sus presentaciones en el Centro Cultural Konex. "Lo que pasa con La Bomba va más allá del espectáculo", reconoce Vázquez al aludir a la explícita manifestación social y cultural que despierta este colectivo de percusión. El galpón post industrial del Konex sirve de refugio a miles de almas que entran en trance frente a su ritmo. "No hay duda de que es un espacio de integración, la percusión funciona como el centro de un ritual comunitario. En Buenos Aires nos faltaba una movida relacionada con los bailes populares, como los blocos de samba reggae de Salvador de Bahía, las murgas de Montevideo o las escolas de samba de Río de Janeiro -ejemplifica-. Para conseguirlo fue necesario proponer una cuestión musical genuina, que se sintiera como algo propio." Nada quedó librado al azar. Por un lado Vázquez venía explorando las cuestiones rítmicas; por el otro, había desarrollado un lenguaje de improvisación por señas que heredó de Bucth Morris y que puso a prueba con el Colectivo Eterofónico. El resultado de La Bomba claramente está relacionado con su experiencia como percusionista, sus viajes, sus estudios. "Soy un buscador -asegura- y en mis viajes tuve la oportunidad de ver, estudiar y hasta de picotear en los lugares a los que llegué."

Caja de sorpresas

Todo objeto que caía en las manos de Santiago se transformaba en un potencial instrumento. "Siempre fue así -asegura-. Es que la música no proviene de los instrumentos, sino de la necesidad de empardar el sonido interior con el de afuera. Ya desde muy chico cantaba y armaba una batería en el piso con distintos objetos de la casa, a los que tocaba con unos palitos chinos."

-Una aproximación a la música desde el aspecto más lúdico.

-Creo que todo lo que hago ahora tiene su origen en ese juego infantil. Se trata de una energía muy palpable, como la que transmiten La Bomba y La Grande.

-Con La Bomba esa energía se transfiere a través de la ceremonia que propone la percusión. ¿Y con La Grande?

-La búsqueda es otra, pero también desde ese lugar lúdico, un viaje en el que se superponen diferentes presentes. Exploro todos mis temas, no importa las épocas, los traigo de vuelta, les permito coexistir e improviso sobre ellos.

En casa de Vázquez la música estaba muy presente. De su padre, Marcelino Cacho Vázquez (dueño del emblemático Club del Vino, que murió a principios de 2000 en un trágico accidente en el Delta), heredó la pasión por las artes. Marcelino era un confeso apasionado del tango, el cine y el teatro, además de ser activista político de izquierda, lo que lo obligó a exiliarse en España durante la última dictadura militar. En aquellas tierras fue donde Santiago comenzó a tomar las primeras clases de batería. "Me convertí en baterista hasta que recibí el llamado de otros instrumentos, como la carimba, el berimbao, y el Mbira." Así empezó a indagar por otros caminos. También tuvo la necesidad de encarar la parte más formal de la música, la relacionada con la composición erudita, la armonía moderna, la orquestación e instrumentación que realizó en California Institute of the Arts (CalArts). Poco a poco la frontera de los géneros comenzó a desdibujarse en la vida de Ramón Santiago Vázquez. A su regreso a Buenos Aires formó, en 1997, Puente Celeste, el quinteto que integra en percusión y voces junto a Edgardo Cardozo (requinto y voces), Marcelo Moguilevsky (vientos y voces), Luciano Dyzenchauz (contrabajo y bajo) y Lucas Nikotian (acordeón y piano). "Si bien empezó siendo un grupo mío, después se fue transformando, y hoy es de los cinco. Le decimos la estrella de cinco puntas, porque todos hacemos de todo -confiesa-. Nos gusta jugar con el plano más sutil del sonido."

Lejos de usar las palabras para etiquetar su música, Santiago alimenta esa idea de que las fronteras musicales se cruzan, se conectan, se retroalimentan. "Creo que hay conexiones con casi todas las culturas. Me gusta esa idea de lo global asociado a la mezcla de todo."

-Los tres grupos con los que actualmente trabaja (La Bomba de Tiempo, La Grande y Puente Celeste) reflejan momentos de inquietudes bien diferentes.

-Funcionan de esa manera, cubren distintas necesidades y no por eso es necesario achacarlos al mismo proyecto. Obviamente son un reflejo de momentos diferentes, de diversos estados de ánimo. Pero todos son importantes, porque si no tuviera alguno de ellos sentiría un agujero.

-Todos esos caminos están atravesados por la improvisación como denominador común.

-Se trata de un estado que exige presencia, te empuja a crear el momento, el instante donde uno se conecta con el presente, con el lugar, con las personas. Es muy genuino lo que ocurre cuando uno improvisa, es una experiencia que nunca se agota y que exige un compromiso mental constante.

Dice escuchar de todo. "No tengo el tiempo que quisiera para hacerlo -reconoce este padre de dos niñas-. No desprecio ningún estilo." El auto se convirtió en el santuario a la hora de poner los casetes con grabaciones viejas y alguna que otra composición en MP3. "Escucho canciones mías, mucha música africana, a Fela Kuti (multiinstrumentista y cantautor nigeriano). Y a Bach, cuando estoy con el ánimo más contrapuntístico."

En internet www.santiagovazquez.comhttp://labombadetiempo.blogspot.comwww.santiagovazquezylagrande.blogspot.comwww.puenteceleste.comwww.ciudadculturalkonex.org

UNA VIDA CON RITMO

Santiago Vázquez nació en 1972. Tiene dos hijas.

Se formó como baterista. Incursionó en el jazz, en el folklore, y exploró el terreno de la improvisación.

Tocó con Alejandro Lerner, Luis Salinas, Lito Vitale, Pedro Aznar, Néstor Marconi, Roberto Goyeneche, Mono Fontana y con el serbio Miroslav Tadic, entre otros.

Se interesó en instrumentos como la calimba, el berimbao y la Mbira (dio el impulso inicial a su enseñanza y difusión en el país).

Es el creador de Puente Celeste, Colectivo Eterofónico, La Bomba de Tiempo y La Grande, entre otros, y de los ambiciosos proyectos solistas Punch! (especie de work in progress con imágenes captadas en vivo) y Monoambiente (composición en tiempo real de música electrónica).

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