Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

"Siempre cuento una historia de amor"

El talentoso dramaturgo y director habla de su método de trabajo, de sus obsesiones artísticas y de los proyectos para 2011 y 2012, que incluyen estrenos y reestrenos teatrales, un programa de televisión y la escritura de una novela

Viernes 04 de marzo de 2011
0

Por Verónica AbdalaPara LA NACION

"Descubrí con el tiempo que, de una u otra forma, siempre cuento una historia de amor, quizá porque por amor los personajes son capaces de hacer cualquier cosa, y a mí me interesa por sobre todas las cosas alejarme de lo previsible". Javier Daulte vive en una casona reciclada del barrio del Abasto a la que se ingresa a través de un jardín bien cuidado, un oasis en medio del asfalto. Atravesando el verde se llega a un ambiente amplio y decorado con buen gusto, en el que los muebles antiguos conviven con algunos adornos modernos, estratégicamente dispuestos; un espacio que sirve a la vez como living-comedor y escritorio de trabajo.

Daulte es uno de los dramaturgos más prólíficos de la escena porteña y con mayor proyección dentro de la nueva generación de creadores. Autor y director, ha escrito y dirigido algunas de las obras y programas televisivos más originales de los últimos tiempos -entre sus creaciones se destacan Criminal , La escala humana , Bésame mucho , ¿Estás ahí? , Nunca estuviste tan adorable , Automáticos , La felicidad , Cómo es posible que te quiera tanto y Caperucita , y ha dirigido piezas ajenas como Baraka , de Maria Goos y Un dios salvaje de Yasmina Reza-, en la Argentina, México y España.

Fue fundador e integrante del ya disuelto grupo Caraja-ji de Buenos Aires, recibió más de cincuenta distinciones por sus comedias dramáticas en el país y en el exterior, y no se detiene: ya comenzó con los ensayos de Espejos circulares , de Annie Baker -con Soledad Silveyra, Andrea Pietra, Boy Olmi, Jorge Suárez y Victoria Almeida-, que presentará a partir de abril en la Sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza, cuando Un dios salvaje (con Florencia Peña, Gabriel Goity, Fernán Mirás y María Onetto) salga de gira. En marzo reestrenará Vestuarios en el Espacio Callejón y en junio estrenará Una lluvia constante ( Steady Rain , de Keith Huff), con Rodrigo de la Serna y Joaquín Furriel, en la Sala Pablo Neruda del complejo La Plaza.

"Es una tragedia contemporánea, aunque muy divertida", adelanta. "Ellos son dos policías muy amigos, que se encuentran en una situación que los obliga a tomar una decisión que puede evitar una injusticia. Eso los vuelve épicos, sin quererlo. Como en las grandes tragedias -pienso en Hamlet o Edipo- , vemos a dos personajes ordinarios a los que las circunstancias llevan a tomar decisiones trascendentes, que acarrean consecuencias importantes, en el caso de los policías con graves efectos para su país. La pregunta es si están en condiciones de tomar esa decisión y asumirla. ¿Son los indicados? Sí, ese es su destino trágico: la vida los ha puesto en esa situación y deben resolver, sabiendo que su decisión implica a muchos más, aunque no se sientan en condiciones de hacerlo."

Daulte se prepara, además, para presentar por primera vez en la Argentina 4D Óptico , en el teatro Cervantes durante septiembre: una obra que ya se presentó con éxito en España y que él escribió y dirige. "El argumento es algo desopilante", explica. Un grupo de científicos trabaja para una importante corporación. Un accidente en un protocolo óptico afecta a un disminuido mental, hermano de uno de los investigadores. El accidente tiene consecuencias que los científicos no tardan en averiguar. Una brecha se abre entre este mundo y otro, el de una realidad paralela, donde un grupo de mafiosos se dispone a asesinar a una cantante en decadencia. Los científicos descubren que si el asesinato se produjera, la superposición entre las realidades paralelas se completaría y provocaría un colapso masivo de la realidad con la consecuente desaparición del universo. "Más allá del paso de comedia, ellos representan de algún modo a esa gente que trabaja en forma anónima, que dedica su vida a un descubrimiento, que incluso puede parecer mínimo para el desarrollo de la ciencia", explica el autor. "Algo de esa nobleza de quienes trabajan desinteresadamente está en la esencia de esta obra. Por lo demás, es una comedia endemoniada, una gran tomadura de pelo a las obras sobre la ciencia, y en la que se cruzan dos realidades paralelas, que en determinado momento conviven de manera frenética."

4D Óptico es un disparate científico y trepidante a cargo de ocho actores que interpretan a dieciséis personajes. El elenco reunirá a Rafael Ferro, Héctor Díaz, Luciano Cáceres, Gloria Carrá, Andrea Garrote y Gaby Ferrero, entre otros.

Además, el director ya diseña su próximo desembarco televisivo en la pantalla de Canal 13, para 2012, después del éxito de Para vestir santos , su segunda experiencia como autor en TV (hace 12 años escribió Fiscales , también para Canal 13), que recibió elogios de la crítica y del público durante el año pasado.

-¿Qué es lo que más lo entusiasma a la hora de encarar un nuevo proyecto?

-Lo que más me interesa es el juego escénico que me propone una obra. En Baraka vislumbré desde el primer momento que ese material, hecho por estos cuatro actores que elegí, daría un resultado insospechado en su lectura inicial y no me equivoqué. En Un dios salvaje hubo elementos de la lectura que le daban un brillo particular, y la obra funcionó. Pero muchas veces las claves de un éxito no saltan en la primera lectura.

-Ese juego escénico tiene sentido y peso propio, por sobre otros elementos como el argumento?

-Por supuesto, yo no me ocupo tanto del argumento como de lo que ocurre en escena: me ocupo de contar, de narrar, que es poner en acción. Quiero dinamismo sobre el escenario, que la propuesta entretenga. A eso va uno al teatro, a pasarlo bien. Uno no va al teatro a aprender, ni para ser más culto o mejor persona. Tampoco a ver grandes actuaciones, porque hoy es fácil encender la tele y encontrar un buen trabajo actoral en alguno de los tantos canales de que disponemos. En todo caso uno va a todo eso y más: uno va fundamentalmente a pasarlo bien, a vivir una experiencia, a ser parte de ella. Uno va a participar de un juego mágico y entretenido, y a ser engañado, por sobre todas las cosas. Queremos que nos mientan. Los espectadores son preciosas víctimas de la ilusión. El teatro es una experiencia totalmente mentirosa de la que queremos participar. El público paga para que lo engañemos, pero hay que saber engañarlo, hay que hacerlo bien. Espejos circulares es una joya, en ese sentido. Es una obra muy simple y muy profunda al mismo tiempo. Hay un grupo de personas que se juntan en el verano a hacer un curso de teatro muy básico, y salvo un personaje -el de Laura- nadie quiere llegar a ejercer la actuación en forma profesional. Se trata de unos personajes que intentan, más allá de la anécdota puntual, encontrarle un sentido a lo que están haciendo, y hacerlo juntos. Cuando lo logran, se produce una emoción muy particular. Creo que es lo mismo que pasa con el teatro, que no tiene ningún sentido en sí mismo, pero que si por un momento nos emociona, nos conmueve, nos sacude, entonces vale la pena. Cuando se produce ese clima en el que actores, director y público se sincronizan, aparece esa chispa que tanto buscamos, ese algo fantástico que yo llamo teatro. Y es también ese deseo de que algo ocurra, esa emoción que nos invade cuando se apagan las luces y se descorre el telón, esa expectativa: en ese momento todo es posible. Lo paradójico es que en cada función pueda producirse esa magia cuando el teatro es un arte en el que todo está cronometrado, todo está previsto y ensayado, se trabaja duro para excluir el azar. Es un artificio con el que podemos comprometernos.

-¿Por qué dice que el teatro no tiene sentido en sí mismo?

-Porque es absolutamente innecesario. Lo hacemos porque nos gusta, simplemente. Los mayores enemigos del teatro son la solemnidad y la frivolidad. Lo opuesto es un teatro lúdico.

-¿Cuáles son las historias que le interesa contar? ¿Reconoce obsesiones o búsquedas recurrentes a lo largo de estos años de trabajo?

-Antes que en las historias que cuento, a mí me interesa indagar los mecanismos teatrales, me interesa generar esa ilusión de la que hablé. ¿Cómo hacer que el público crea que un actor no está solo en el escenario cuando en realidad lo está? O ¿cómo hacerle creer al público que existen dos realidades paralelas, como en 4D Óptico ? Son experimentos actorales que seguramente al público no le interesan en lo más mínimo, pero que me cautivan a mí; diría que esa es mi principal obsesión. La otra es el amor; el tiempo me demuestra que es un tema recurrente. En nombre del amor se justifican crímenes, estados de locura o éxtasis, depresiones. En nombre del amor uno puede llevar a los personajes realmente adonde le da la gana. En el caso de Un dios salvaje , por ejemplo, el espectador podría preguntarse por qué estos tipos se ponen tan locos por una pavada. La respuesta es: por los hijos. Por amor a un hijo, qué no podría hacer un padre. Podría hacer cualquier cosa; entonces aparece la imprevisibilidad. Cuando estudié psicología entendí que todos respondemos a nuestra singularidad y que cualquier persona es capaz de hacer cualquier cosa. Todo depende de adónde la conduzcan las circunstancias.

-¿Reconoce en su historia profesional un estilo particular de hacer teatro? Y en ese caso, ¿le interesa profundizarlo o diversificarse?

-La gente me asocia con un estilo, aunque yo preferiría ser siempre imprevisible, distinto. Cuando empiezo un proyecto, elijo el que no se parece a los anteriores, porque creo que la única manera de crecer es venciendo prejuicios. El conservadurismo tiene que ver con mantener los prejuicios, el statu quo . Creo que hay que hacer caer los prejuicios. Yo vi y padecí el prejuicio de los sectores más conservadores, el prejuicio fascista, pero también vi los prejuicios progresistas, que son infinitos. Por eso creo que pude hacer televisión, estar en la avenida Corrientes y en el teatro under . Rompo prejuicios, soy un combativo en el trabajo y no descanso en la experiencia ganada. Arriesgo siempre.

-¿Qué lugar le da a la experimentación?

-Un lugar inmenso; no conozco otra cosa. Yo no hago una lectura previa de las obras, no hago un análisis de tipo intelectual; me mando directamente a la aventura, y afortunadamente siempre encuentro gente dispuesta a seguirme. Creo que en teatro hay algo que excede ese ejercicio intelectual de comprensión de una obra, y que eso se manifiesta en el escenario. Uno no hace una obra porque la entienda, uno la hace porque le gusta: el teatro no nace de la comprensión sino del misterio, como el amor. Al teatro hay que pensarlo en términos amorosos: las parejas no se forman o duran porque uno las entienda, sino porque a uno le gusta alguien o porque se enamora. El secreto, en ambos casos, está en mantener el misterio el mayor tiempo posible.

-¿Qué diferencias más evidentes encuentra, como autor, entre la televisión y el teatro?

-La televisión es mucho más experimental; allí se arriesga mucho más en términos argumentales, se tuerce el rumbo a cada momento, es muy divertido. Lo nuevo de la tele, lo más cuestionable, es esta obsesión impúdica por el rating , que puede funcionar como una limitación. Vivimos en la era del rating , y eso excede el campo de la televisión: se ha extendido a nuestra vida cotidiana. En México, por ejemplo, mis amigos contaban los seguidores que tenían en Twitter y competían para ver quién tenía más seguidores o adhesiones, y lo mismo ocurre con Facebook. ¿Nos estaremos volviendo objetos de consumo nosotros también? Yo lo llamo el rating personal. Es muy llamativo y produce adicción, por eso le huyo.

-Trabajó en distintos medios, para distintos públicos y en distintos países, ¿cuáles son las materias pendientes en el plano profesional?

-Creo que uno puede orientar el barco hasta un punto; la vida es un equilibrio entre las corrientes que te arrastran y el lugar al que uno quiere ir. Con Para vestir santos se dio la situación ideal: hice lo que quise y salió genial. En 2012 vamos a hacer otro programa con Suar; no tiene nombre todavía pero ya estamos conversando sobre eso. Tengo una novela empezada; quiero incursionar en otros lenguajes, como la narrativa. Quiero trabajar con Alfredo Alcón. Seguir diversificándome, seguir conociendo otras idiosincrasias teatrales, trabajar por el mundo, como ya lo hice en México y España. Quisiera hacer otra película, también. Tantas cosas, y la vida que corre.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas