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"Sin el PJ no se puede avanzar, pero sólo con el PJ no basta"

Protagonista de la última jugada del oficialismo para frenar las ambiciones electorales de Scioli, el líder de Nuevo Encuentro explica por qué adhiere al proyecto kirchnerista, justifica las alianzas con los sectores más cuestionados del PJ y afirma que "todo lo que se hizo no se hubiera podido hacer si no se tenía una estructrua de donde sostenerse"Ricardo CarpenaLA NACION

Domingo 06 de marzo de 2011
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No tiene cuernos, su piel no es roja, no usa tridente y no vive en el infierno, pero para el gobernador Daniel Scioli y los intendentes peronistas del conurbano él es la verdadera encarnación del demonio. Se llama Martín Sabbatella y el carácter diabólico que le atribuyen muchos dirigentes en el PJ es bastante obvio: será candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires por su agrupación, Nuevo Encuentro, pero adhiriendo a la reelección presidencial de Cristina Kirchner y en abierta competencia con el mandatario bonaerense.

Esta suerte de lista colectora de centrozquierda sería una iniciativa impulsada por la Casa Rosada y causa alboroto en el peronismo porque se fraccionaría así el voto oficialista solamente en beneficio de la Presidenta y en desmedro de Scioli y de muchos jefes comunales, a los que les restaría apoyos que pueden derivar en elecciones más disputadas o en concejos deliberantes con mayor oposición.

Sabbatella practicaba una especie de oficialismo crítico, pero sus enemigos creen que en los últimos tiempos perdió lo de "crítico" en el camino, casi en forma simultánea con cierta predilección que empezó a mostrar la presidenta Kirchner por el actual diputado y ex intendente de Morón. Por ejemplo, cuando el 9 de febrero pasado, en plena polémica por las colectoras, lo hizo sentar en primera fila en un acto realizado en la Casa de Gobierno, aunque ya en septiembre último lo había elogiado públicamente: "El partido de Martín nos apoyó en una ley revolucionaria como la reestatización del sistema jubilatorio", destacó en otro acto, en un gesto político que muchos interpretaron como un tiro por elevación contra Scioli y sus aparentes planes de suceder a la jefa del Estado, con un proyecto propio, a partir de 2015.

Foto: LA NACION / FOTOS DE ANIBAL GRECO

Ante Enfoques, Sabbatella no oculta hoy su adhesión al kirchnerismo: "Somos una fuerza política que tiene una mirada muy positiva de lo que vive la Argentina desde 2003 y, en relación a este rumbo, por supuesto que somos oficialistas. Se le puede agregar "oficialista crítico", "oficialista autónomo", la característica que quieran, pero compartimos el rumbo. Lo que es cierto es que nuestra autonomía, nuestra no pertenencia orgánica al dispositivo oficial, nos permite poder expresar con mayor tranquilidad las cosas con las que tenemos diferencias, las que no compartimos o las que creemos que hay que profundizar".

Si existiera el "kirchnerómetro" para medir, de 1 a 10, el grado de fidelidad al proyecto K, la aguja hoy marcaría un 9 para el candidato que desvela al peronismo bonaerense. Pero hace dos años, cuando Sabbatella se postulaba como candidato a diputado nacional, quizá oscilaba entre un 6 y un 7. Ya en una entrevista con Enfoques efectuada en mayo de 2009, por ejemplo, hizo esfuerzos por mostrar más equilibrio: "No nos sentimos cómodos en la categoría de opositor ni de oficialista. Siempre nos mantuvimos como una fuerza autónoma, independiente de los partidos tradicionales. Esa autonomía nos permitió acompañar las cosas que están bien y criticar las cosas que están mal. Y creemos que este gobierno hace cosas que valoramos y cosas que son muy malas".

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O cuando dijo: "La oposición sólo ofrece volver al pasado y el oficialismo, resignarse a los límites del presente. Tenemos que construir otro camino".

Y, sobre todo, cuando concluyó: "Este es un gobierno contradictorio, con claroscuros, que tiene una agenda en la que hay temas que se pueden encuadrar en el espacio progresista y otros que no".

El Sabbatella modelo 2011 incluso parece más comprensivo respecto del peronismo que el modelo 2009. Si bien sigue pensando que "la estructura del PJ es funcional a cualquier ideología", hoy aclara que "no se puede poner a todos en la misma bolsa ni se puede pensar que todo es lo mismo, ni dentro de la estructura del PJ ni fuera de ella". Es más: lejos de considerar que el peronismo sea un lastre para profundizar el rumbo del Gobierno, admitió que "todo lo que se hizo no se hubiera podido hacer si no tenía de donde sostenerse" y advirtió: "Sin el PJ no se puede avanzar, pero sólo con el PJ no basta".

Quizá en muchos casos sean simples matices, pero el Sabbatella de hoy, más allá de su oficialismo, parece más pragmático que el de hace unos años. Seguramente se dio cuenta de que si aspira a gobernar la provincia de Buenos Aires no podrá hacerlo enfrentado a todo el peronismo y es evidente que no cede a la tentación de contestarle a intendentes como Hugo Curto, de Tres de Febrero, que lo había comparado con Julio Cobos porque "va a traicionar al gobierno nacional".

En la entrevista con Enfoques, de todas formas, fue terminante en diferenciarse de Scioli, en quien reconoce "un pensamiento conservador que se puede asemejar más a un pensamiento de centroderecha que, por lo tanto, sostiene el statu quo y le hace mantener las cosas más como están". Aun así, reconoció: "Puede haber diferencias, pero Scioli es una parte importante de la construcción (kirchnerista)".

Ex militante de la Federación Juvenil Comunista, Sabbatella pasó luego por el Frepaso y por la Alianza, desde donde tuvo un activo papel en la destitución del intendente de Morón Juan Carlos Rousselot hasta que fue elegido en ese cargo en las elecciones de 1999. Tres años más tarde construyó su propia fuerza, Nuevo Morón, en 2004 Encuentro por la Democracia y la Equidad y actualmente lidera Nuevo Encuentro, un espacio de centroizquierda en el que conviven ex kirchneristas, comunistas, sindicalistas de la CTA, piqueteros y ex aliados de Elisa Carrió.

-Usted es la encarnación del diablo para Scioli y los intendentes peronistas del conurbano. ¿Por qué cree que llega a ser el más odiado a partir de la decisión de competir por la gobernación?

-No sé si es así. Sí ha generado un debate, que ha sido público y hay también opiniones a favor y en contra de que existan listas de adhesión, otros que no. Hubo una gran confusión al principio porque se debatió esto en clave de interna partidaria, pero no estamos discutiendo la interna de ningún otro partido que no sea el nuestro: somos fuerzas políticas distintas que tenemos una opinión, un núcleo de ideas, y cuando hay elecciones presentamos a nuestros candidatos, como hace cualquier partido en cualquier lugar del mundo. Nuevo Encuentro es una fuerza política que está naciendo, que en muchas provincias tiene una historia y en la provincia de Buenos Aires todo el mundo sabe que es una fuerza crítica del gobierno provincial porque considera que hay que construir una alternativa que, entre otras cosas, ponga sintonía entre lo que pasa en la provincia y lo que está sucediendo en la Nación. En la Argentina se inició un camino en 2003 que hay que cuidar y proteger, tanto por lo que se hizo como por las cosas pendientes, y en ese sentido quien representa ese rumbo y la posibilidad de cuidarlo y profundizarlo es la Presidenta.

-Pero su candidatura, en la práctica, es un instrumento para sacarle votos a Scioli y a muchos intendentes.

-La competencia electoral es parte del juego democrático y cada partido tiene sus candidatos y sus propuestas. No creo que le restemos a Scioli porque somos una fuerza política que interpela desde un pensamiento distinto al de él, una franja de la sociedad distinta. Además, Scioli no puede pensar que se resta lo que nunca sumó ni se divide lo que nunca estuvo junto. Tenemos propuestas distintas y en términos nacionales sí coincidimos con la reelección de Cristina Kirchner. Eso es positivo: cuantos más sectores apoyen la candidatura de Cristina, mejor resultado electoral va a tener. Esta no es una discusión "peronismo vs. progresismo" o "peronismo vs. Nuevo Encuentro" porque el peronismo rompió las fronteras del PJ hace mucho y, por lo tanto, se expresa en muchos lugares.

-Usted hablaba antes de "listas de adhesión" y no de colectoras. ¿Es un tema semántico? ¿Han descubierto que decir "colectoras" está mal visto por la gente?

-No, es que las colectoras no existen más, se acabaron con la nueva ley. Yo soy muy crítico de la nueva ley, pero por otros motivos, porque creemos que puede lesionar la creación de partidos nuevos en un momento donde hay una crisis en el sistema político y es importante que puedan emerger nuevas corrientes de opinión. Pero estoy de acuerdo en terminar con las colectoras como mecanismos para evitar las internas partidarias porque creo en la democracia de partidos y las colectoras, tal como las concebíamos, lesionan a los partidos políticos.

-¿Cuál es la diferencia?

-Antes, cada partido podía tener muchos candidatos, podía tener diez candidatos con el mismo cargo. Hoy, eso no va más.

-El PJ bonaerense, obviamente, se opone a estas listas, pese a cierto guiño de la Casa Rosada. ¿El peronismo hoy es un lastre para las reformas que pretende el Gobierno?

-Todo lo que se hizo no se hubiera podido hacer si no se tenía una estructrua de donde sostenerse. Por lo tanto, más allá de las críticas a las distintas estructuras, que son públicas y las sigo sosteniendo, no hay duda de que eso permite un piso que permitió dar estos pasos. Lo que creo es que hay que construir la herramienta política que permita avanzar y, en ese sentido, sin el PJ, sin las estructuras existentes, no se podía avanzar. Hoy se necesita pensar en la construcción de fuerzas políticas sociales nuevas, que incluyan lo mejor de la historia, pero que también tengan lo que emerge de este presente y, por lo tanto, contribuyan a un nuevo relato a futuro.

-La semana pasada, en LA NACION apareció una nota en la que se contaba de un plan de un sector del kirchnerismo más duro para alejar a la Presidenta del PJ. ¿Está de acuerdo con esa iniciativa?

-Sin el PJ no se puede avanzar, pero sólo con el PJ no basta. Y eso incluye una puesta en discusión de cómo renovar la política y cómo mejorar también las prácticas políticas.

-¿Moderó su postura frente al PJ? Lo noto más compresivo que antes...

-No, diferencio el peronismo respecto de la estructura del PJ. En muchos lugares, la estructura del PJ está anclada en lo viejo y es pragmática y funcional a cualquier ideología. Y no se puede sostener un proyecto de largo plazo en términos estratégicos con estructuras que están o no están según le convenga. Pero no se puede poner a todos en la misma bolsa ni se puede pensar que todo es lo mismo, ni dentro de la estructura del PJ ni fuera de ella.

-En algunos corrillos políticos circula la versión de que usted podría ser el candidato a vicepresidente de Cristina Kirchner.

-No, no, nunca lo hemos discutido, nunca hemos hablado de eso.

-Pero no lo descarta...

-Sería hasta irresponsable ponernos a especular sobre situaciones que no son parte de los datos reales. Además, eso significaría la construcción de coaliciones de gobiernos porque no estamos hablando de cuestiones personales: no somos una agencia de colocación de candidatos sino una fuerza política y, por lo tanto, lo que estaríamos discutiendo es cómo participa nuestra fuerza en una convocatoria y cómo se expresa, pero nada de eso está hoy en discusión.

-¿Scioli realmente representa la derecha para usted, pese a ejercer un kirchnerismo tan fiel desde hace tanto tiempo?

-Scioli tiene un pensamiento conservador que se puede asemejar más a un pensamiento de centroderecha que, por lo tanto, sostiene el statu quo y le hace sostener las cosas como están. Necesitamos transformaciones y su pensamiento conservador lo hace ser una expresión de lo establecido y se sostiene por que tampoco le permite poder avanzar demasiado.

-Es extraña la situación de Scioli, que parece arrinconado por el mismo gobierno al que él defiende sin fisuras.

-Es que puede haber diferencias, pero Scioli es una parte importante de la construcción.

-En la entrevista que le hice a usted en 2009 me costó mucho definirlo como oficialista u opositor porque se mostró muy equilibrado, pero ahora parece abiertamente enrolado en el kirchnerismo. ¿Es así?

-Somos una fuerza política que tiene una mirada muy positiva de lo que vive la Argentina desde 2003 y en relación a ese rumbo por supuesto que somos oficialistas. Puede agregarle oficialista crítico, oficialista autónomo, la característica que quiera, pero compartimos el rumbo. Lo que es cierto es que nuestra autonomía, nuestra no pertenencia orgánica al dispositivo oficial nos permite poder expresar con mayor tranquilidad las cosas con las que tenemos diferencias o que creemos que hay que profundizar. Pero estamos convencidos de que todo lo que hay que agregar, profundizar o mejorar se logrará si seguimos por este camino. Ejercemos una especie de acompañamiento crítico con autonomía, para decirlo de alguna manera. Y eso mismo nos permite tener en muchas provincias opiniones distintas sobre las construcciones territoriales. Pasa eso en la provincia de Buenos Aires, en Formosa, en San Juan o en Salta, por ejemplo.

-¿En qué aspectos se siente crítico de este rumbo que usted apoya?

Hay cosas que hemos planteado fuertemente. Estamos en contra del veto de la ley de glaciares, votamos la ley de glaciares y esperamos que se reglamente lo antes posible. Tenemos una mirada sobre los temas en los que hay que avanzar y por eso hemos presentado la ley de servicio financiero: debemos dejar atrás la ley de entidades financieras de la dictadura y hay que construir una ley desde la perspectiva de los usuarios, desde una mirada democratizadora del acceso al crédito para las pequeñas y medianas empresas, con el Estado regulando ese sistema financiero.

-¿Y el Indec no le preocupa?

-Hemos sido muy críticos de cómo se ha manejado el tema. Porque, además, eso devaluaba la palabra oficial y lesionaba también un montón de otras cosas. Hemos planteado que es importante hacer ley la asignación universal para que tenga un mecanismo de actualización permanente y para que siga siendo una herramienta importante en la lucha contra la pobreza y la indigencia. Hemos presentado un proyecto de ley de libre acceso a la información pública y nuestro propio proyecto en relación al tema de la regulación de la publicidad oficial. Hay una preocupación central: cómo construimos una nueva matriz productiva y distributiva más justa, de crecimiento con equidad, pero en eso reconocemos que hay un camino intenso desarrollado y que hay que seguir avanzando. Por eso proponemos reformas tributarias más progresivas. Todavía sigue impactando más el impuesto al consumo que el impuesto a la ganancia. Hay cosas para debatir pero todo esto que tiene que ver con construir una sociedad de derechos, con profundizar políticas distributivas, con mejorar la calidad de la democracia, estamos absolutamente convencidos de que es posible lograrlo si seguimos por este camino.

-Puedo entender su postura, pero para la cultura política local, sobre todo después de que el kirchnerismo convirtió la dicotomía "amigo-enemigo" en una doctrina sin términos medios, quizá muchos no entiendan su posición de reivindicar la autonomía pero desde una adhesión al oficialismo.

-Sí, rompemos el molde de tener que pensar las cosas en combos cerrados y de sostener que la defensa de un rumbo no significa reprimir el espíritu crítico que permite avanzar, profundizar y ampliar. Pero, en términos generales, hay dos avenidas grandes de pensamientos que se expresan y por eso el espíritu crítico, las discusiones, los matices, los hacemos desde un lado. No hay tres lugares, hay dos. O es por esta avenida o es por la otra. Nosotros decidimos claramente hacerlo por esta. Por esta avenida discutimos todo lo que haya que discutir, y creemos que discutir las cosas pendientes es a favor del rumbo y del proceso que vive la Argentina.

-Ahora, a todo esto, ¿Cristina Kirchner va a ser candidata presidencial?

-No tengo ninguna duda.

-Mire si después de hablar tanto termina siendo Scioli el candidato presidencial... (Risas.) ¿Usted qué haría?

-Decidimos acompañar la candidatura de Cristina Kirchner. No es lo mismo cualquier otro candidato porque ella es la única que garantiza y expresa con claridad todo lo que venimos hablando. Hay toda una estrategia de poner en duda que sea ella, pero, en realidad, es una estrategia de quienes no quieren que sea. Los que lo ponen en duda es porque no quieren que sea candidata.

© LA NACION

MANO A MANO

Lo entrevisté en la misma oficina que hace dos años, pero esta vez no parece exactamente el mismo. El Martín Sabbatella actual es una versión recargada de aquel que conocí. No solamente porque ahora será un candidato a gobernador distinto, casi una pieza clave de un tablero en el que cada voto se analiza con lupa. El ex intendente de Morón se muestra menos independiente y más oficialista, habla más rápido, critica a "la estructura del PJ" pero admite que el kirchnerismo no podría sostenerse sin ese partido. Me sigue pareciendo un dirigente capaz, preparado, bastante coherente, aunque su discurso de autonomía partidaria no suene exactamente así y deje cierta impresión de que es un satélite "progre" del universo K. Algo que, obviamente, no está mal, pero que justifica que despierte resistencias entre muchos peronistas defensores a ultranza del kirchnerismo. ¿Es este dirigente sólo el instrumento que le permitirá a la Presidenta sumar votos de centroizquierda en la provincia y, de paso, debilitar a aliados del PJ en los que no termina de confiar? Son razonables los argumentos de Sabbatella. Pero es el mismo rumbo que defiende el que permite confirmar las peores sospechas.

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