Opinión
Acciones que tienen consecuencias
Joseph S. Tulchin
Para LA NACION
Resulta difícil leer sin inmutarse los partes de noticias de la Argentina sobre el cargamento confiscado en un avión militar norteamericano que participaba de un programa de entrenamiento especial de la Policía Federal en el manejo de crisis. El hecho de que militares de Estados Unidos estén entrenando a fuerzas policiales es un tema que debería ser seriamente discutido en otro momento. Ahora enfoquémonos en el avión de carga.
¿Es verosímil que el ministro de relaciones exteriores, con su propio equipo de camarógrafos, haya supervisado la inspección aduanera del avión mientras se efectuaba la descarga? ¿Suele hacer este tipo de cosas regularmente? ¿Es creíble, como afirma el canciller Héctor Timerman, que "cada paso" de su participación en el episodio haya sido aprobado previamente por la Presidenta? Cuando le dijo a la prensa que había ido a Ezeiza a inspeccionar el avión porque las leyes de la Argentina debían ser cumplidas, ¿lo hizo sin inmutarse?
Todo esto sería material para una telenovela si no fuera por el subtexto implícito, tanto a nivel interno como en el plano diplomático, y que merece algunas reflexiones y comentarios.
El subsecretario norteamericano Arturo Valenzuela puede haber dejado al descubierto el subtexto interno, cuando sugirió en una entrevista con la cadena CNN que éste era un año de elecciones en la Argentina. Existe una muy larga tradición en los gobiernos argentinos de usar las relaciones internacionales como un medio para crecer políticamente en el plano nacional.
En esos casos, es como si el gobierno en cuestión simplemente ignorara las posibles consecuencias de sus precipitadas acciones. Pero en el plano de las relaciones internacionales, las acciones de un Estado tienen consecuencias.
A veces esas consecuencias son mucho más significativas que la ganancia política a corto plazo que pueda tener un gesto osado e hipernacionalista. Mack Jones, un politólogo que vive en Estados Unidos, publicó recientemente un estudio sobre la política exterior argentina, en el que concluye que, desde la transición a la democracia, los sucesivos gobiernos han tendido a usar la política exterior como herramienta política interna.
Si detrás del episodio en cuestión subyace la misma lógica, me pregunto cómo evaluará el gobierno de la presidenta Cristina Kirchner el éxito de su jugada. ¿El manejo de este episodio mejora sus chances en las próximas elecciones? Eso parece una ingenuidad. ¿Acaso realmente cree que alguno de los partidos de la oposición que la culpan por el hecho de que Barack Obama no visitará la Argentina en su próximo viaje a la región se aplacará por su postura frente a este episodio?
Más perturbador
El subtexto diplomático es más perturbador. Después de varios años de contactos diplomáticos discretos y cuidadosos, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha dado su apoyo a la propuesta argentina para dejar de ser un Estado paria en los mercados de crédito internacionales (en este momento, sólo la deuda venezolana tiene una brecha mayor con los bonos del tesoro de Estados Unidos que la deuda argentina).
Además, a nivel ministerial, las relaciones bilaterales eran buenas, tranquilas y de mutua colaboración. En diversas oportunidades, el subsecretario Valenzuela había manifestado su impaciencia con sus contrapartes de la Argentina, pero durante los últimos meses mantuvo un perfil bajo, siguiendo las instrucciones de su jefe, que ya tiene muchos problemas y no quiere que lo distraigan con inconvenientes menores en América latina. El gobierno de Obama ya tiene suficiente con tratar de digerir el nuevo rol internacional de Brasil. Ahora, la Argentina se impone a sí misma en la agenda.
En términos de su rol en los asuntos globales, este episodio no puede tener ningún resultado positivo para la Argentina. Si la Argentina quiere demostrar su relevancia en la comunidad internacional, debe tener un comportamiento consistente, confiable y predecible. Sería muy sano que contara con una política exterior autónoma. Debería priorizar los intereses nacionales a largo plazo. Debería estar basada en principios sólidos y transparencia estratégica. Hacer un escándalo por discrepancias en el manifiesto de carga de un avión no parece consistente con esa política exterior..
El autor es miembro invitado del Centro de Estudios Latinoamericanos David Rockefeller de la Universidad de Harvard
