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Martes 08 de marzo de 2011 | Publicado en edición impresa

Los rebeldes, un grupo de voluntarios que juegan a Rambo

No tienen mandos ni estructura militar; la euforia no logra ocultar la falta total de entrenamiento

 
 
 

Témoris Grecko
Para LA NACION

RAS LANUF, Libia.- Cientos de personas empezaron a correr en total desorden cuando se oyó que el avión se acercaba al check point en Ras Lanuf, un puerto petrolero al sur de Benghazi, en manos rebeldes. Se movían en un caos perfecto: hacia cualquier lado de la ruta, escabulléndose detrás de las dos pequeñas construcciones, tirándose cuerpo a tierra entre las matas.

En esa zona era muy difícil escoger un lugar donde protegerse, porque los hechos contradecían la lógica: uno pensaría que la bomba iba a golpear exactamente ahí, donde se concentraban los combatientes y se apilaban las municiones, pero en su mayoría caen en sitios vacíos.

Una duna se hizo polvo con la explosión, a 400 metros de donde estaba el cronista de La Nacion con un grupo. Ni un solo herido. El choque masivo de adrenalina hizo que la multitud regresara al punto de control entre gritos de ¡Allahu akbar! (Dios es grande), entre risas y aullidos, como si hubiera propinado una gran derrota al dictador Muammar Khadafy.

En Ras Lanuf, a medio camino entre Benghazi y Sirte, la cuna de Khadafy, no hay indicio alguno de que los revolucionarios puedan articular algo parecido a una ofensiva ordenada y con posibilidades de tener éxito. Como en otras partes de la Libia liberada, la aglomeración de voluntarios no se asemeja para nada a un ejército. En cambio, recuerda al casting de un pésima comedia de verano: uno entiende ahora por qué son tan bestiales los entrenamientos de los militares de verdad, destinados en primer lugar a imponer la disciplina.

Después de la explosión, el chofer del grupo de periodistas, un ex soldado que sirvió durante 22 años, oscilaba entre una sonrisa de tranquilidad profesional y hondos suspiros de alivio. "Mi mujer está asustadísima; voy a llamar para tranquilizarla", anunció. "Amor, ¡hubo un ataque aéreo!", dijo al teléfono. "No te preocupes, cariño. La bomba estalló apenas a diez metros de mí. Pero ¡estoy muy bien!"

A las cuatro de ayer, los empleados del único hotel de Ras Lanuf habían despertado a varios enviados de medios extranjeros que habían pernoctado allí. "Las fuerzas de Khadafy vienen hacia acá. ¡Tenemos que marcharnos!", urgieron. Al salir, los periodistas se sorprendieron: si la noche anterior había cientos de combatientes en la ciudad, ahora apenas se veían unos cuantos. ¿A dónde se fueron? ¿Cuándo?

Fue una falsa alarma. Pero el pueblo de Bin Jawad, 40 kilómetros en dirección a Sirte, un bastión de Khadafy en el oeste, había sido capturado por tropas del gobierno, que apenas encontraron resistencia.

Algunos rebeldes afirman que dispararon a las casas y tomaron como rehenes a las familias del lugar. Otros dicen que el tiroteo fue terrible, pero corrigen en que sólo expulsaron a la gente. Todos coinciden en que los khadafistas se atrincheraron ahí con tanques, artillería y cientos de hombres: antes que permitir que la oposición se aproxime a Sirte, el presidente parece haber ordenado que se establezca ahí una línea que nadie pueda traspasar.

Ras Lanuf es el punto de vanguardia y es un inmenso desorden. La última vez que se supo de un oficial de carrera que supuestamente debía tomar el mando, el sábado pasado, éste tuvo que huir en su camioneta con dos adolescente negros, pues de otra forma ni sus razonamientos ni sus amenazas hubieran impedido que los chicos fueran linchados bajo sospecha de ser mercenarios.

Desorganización

Los combatientes serios son una minoría difícil de encontrar. Algunos son soldados y ex soldados. Casi todos los demás son hombres jóvenes y mayores que se toman dos o tres días para irse con los amigos a pelear. Alguien trae un vehículo y unas armas que robaron de arsenales saqueados; juntan mantas y provisiones, y se van todos al frente. No hay mandos, estructura ni clase de orden alguna. Cada uno hace lo que le parece en el momento.

El check point de Ras Lanuf es como un pequeño parque de atracciones, donde los juegos son mortales. Los más populares son las baterías antiaéreas: en ellas, los rebeldes hacen cola para poder subirse y disparar a la nada, por lo que rompen tímpanos e incrementan la confusión que ya causa que decenas de improvisados se entretengan con rifles de asalto.

Disfrazados con cualquier prenda que de alguna forma parezca militar o guerrillera (el look Che Guevara y el look Yasser Arafat son favoritos), los hombres derraman testosterona disparando al aire fusiles AK-47 y M-16 que no saben manejar. Como vieron en las películas que Rambo los sostiene con una sola mano, intentan hacer lo mismo, pero a veces pierden el control y el arma baja la mira peligrosamente, con riesgo de herir a los demás. Un joven reaccionó airado cuando alguien le dijo que dejara de molestar y trató de quitarle el "juguete": en el forcejeo, los tiros salieron hacia todos lados. De milagro, no mató a nadie.

Uno podría apostar que hay más heridos por imprudencias y accidentes que por la acción del enemigo. Porque uno de los mayores misterios de este conflicto, al menos en esta parte oriental del país, es por qué hay tan pocos muertos. Hasta el momento, parecía razonable atribuir los avances rebeldes a la mística de sus combatientes, pero el desorden es abrumador. ¿Por qué retroceden los tanques y las camionetas artilladas de las entrenadas tropas khadafistas ante los ataques de novatos torpes e hiperexcitados? ¿Cómo es que las bombas de los aviones casi nunca caen donde podrían hacer daño?

Ibrahim al-Khodeiri, el conductor y ex soldado, coincidió con Ahmed Fathi, un militar que se pasó individualmente al bando rebelde, y que estaba apostado ayer en Brega, a 120 kilómetros de Ras Lanuf: en el Este, el ejército de Khadafy no está golpeando con la fuerza de la que es capaz. "No quieren matar a sus hermanos libios", aventuró Al-Khodeiri. "Nos quieren sorprender - especuló Fathi- y cuando vengan por nosotros, nos van a arrasar."

Esta amenaza apunta hacia el otro gran misterio: ¿por qué no están actuando los pelotones militares que se sumaron a la revolución? Si alguien no provee músculo militar, impone orden y disciplina en las filas rebeldes, y entrena a sus integrantes, la fuerza de este movimiento popular y, en buena medida, espontáneo se evaporará cuando se apague el entusiasmo. Acaso sea a eso a lo que apuesta Khadafy..

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