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La Argentina despechada

Patricio Navia Para LA NACION

Martes 08 de marzo de 2011
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En la decisión de escalar el conflicto con Estados Unidos, el gobierno argentino actuó como pareja despechada. Después de ser pasado por alto en la anunciada gira de Obama a América latina, la Casa Rosada actuó con pasión y no con sangre fría. Con esa reacción, le ayudó al gobierno estadounidense a explicar a una América latina, por cierto poco interesada, por qué Obama no visitará la Argentina.

La noticia sobre la confiscación de material militar realizada por el gobierno argentino en un avión de la fuerza aérea norteamericana sólo fue considerada un asunto pintoresco en el resto de América latina y en EE.UU.

Para que las teorías de la conspiración prendan se necesita de un motivo por el que complotar. No hay motivación para que EE.UU. quiera entrar armas ilegalmente en la Argentina. A Washington no le conviene tensionar las relaciones con un país de la región antes de la visita de Obama a Latinoamérica.

Por eso, en Washington el incidente fue leído ampliamente como una maniobra política del gobierno argentino para ganar adhesión de cara a las elecciones presidenciales. La memoria institucional estadounidense es fuerte. El Departamento de Estado recuerda la campaña de Braden o Perón. Ni siquiera los adversarios de la Casa Blanca parecen interesados en aprovechar la oportunidad para criticar al secretario adjunto para Asuntos Hemisféricos, Arturo Valenzuela. Los republicanos que quisieran verlo renunciar están más cerca de él que del gobierno argentino. Es más, una de las principales críticas a Valenzuela es por su debilidad ante lo que muchos consideran el eje del mal latinoamericano, la triada Castro-Chávez-Morales.

La opinión pública estadounidense tampoco estará interesada. Si los abusos en Guantánamo producen ya poco interés, difícilmente lo hará la internación no declarada de material militar. Ya que la Argentina es vista como un país donde hasta las leyes del tránsito se aplican a discreción, pocos entenderán el especial celo por hacer respetar la ley en un asunto tan menor como el que provocó el escándalo del avión.

El gobierno argentino intentó amplificar el incidente y transformarlo en una crisis bilateral. Pero el gobierno estadounidense no elevará la tensión. Mantendrá su postura de calificar el incidente de grave y sin precedente, y demandará la devolución del material incautado. Pero no le dará la oportunidad a la Casa Rosada de posicionarse como un actor relevante en política internacional.

El autor es profesor asistente de Política latinoamericana en la Universidad de Nueva York

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