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Tensión en el oficialismo

Moyano levantó la huelga del lunes, pero reiteró sus amenazas

Política

Decidió dejar "en suspenso" el paro convocado el día anterior y al que se había sumado todo el transporte; no obtuvo respaldo total en la CGT y fue presionado por el Gobierno; lanzó fuertes advertencias a la prensa

Sin respaldo absoluto de la CGT y con presiones subterráneas del Gobierno, Hugo Moyano retrocedió ayer en su medida de fuerza y levantó el paro nacional de camioneros y otros gremios de transporte que había convocado para pasado mañana.

Así, mientras que la Justicia aceptó tramitar el exhorto enviado por Suiza que menciona al líder sindical en un presunto caso de lavado, se cerró un día marcado por los ánimos de protestas y que agrietó el vínculo entre la central obrera y la Casa Rosada.

Después de tres horas de debate, el consejo directivo de la CGT se solidarizó con la medida que había adoptado la Federación de Camioneros, pero fue Moyano el que decidió personalmente dar marcha atrás con el paro que pretendía finalizar con una movilización a la Plaza de Mayo.

Rodeado de dirigentes, Moyano acusó a la prensa por el exhorto enviado por la justicia de Suiza, al que calificó de "irregular", y reiteró sus amenazas a los medios de prensa. "Esto está armado no sé por quién ni sé de dónde. La responsabilidad es de la prensa. No tengo un carajo que ver con Covelia", dijo, en relación con la empresa de recolección de residuos con la que se lo vincula, a raíz de la cual Suiza pidió datos sobre él.

Tres dirigentes de máxima confianza de Moyano desmintieron que haya existido una fuerte presión del Gobierno por frenar el paro. Sin embargo, hubo influyentes mensajes oficiales que terminaron de echar por tierra el plan de paralizar el país y desafiar a la Presidenta con un acto masivo en la Plaza de Mayo.

"Todo el Gobierno se movió para negociar la suspensión del paro", reconoció en una encuentro privado el ministro de Trabajo, Carlos Tomada. Este descuido del funcionario dejó en evidencia la preocupación que había causado en el kirchnerismo la provocación del camionero.

Moyano había convocado inicialmente a los medios a la sede de la CGT, pero tras la reunión del consejo directivo surgió una contraorden: mudar la conferencia de prensa a la Federación de Camioneros, en San José 1871. Desde allí, el secretario general de la central obrera se defendió de las acusaciones.

"Para la prensa, los que conducimos una obra social somos asesinos seriales o envenenamos a la gente. También fui el ideólogo y ejecutor del crimen de Beroiz. A mi hijo Gerónimo, de 11 años, le tuve que explicar que era un invento. Me hicieron una canallada: Menem y Duhalde me metieron droga en 1989. Jamás nos opusimos a la Justicia ni impedimos que nos allanen los gremios. Tenemos bronca con la prensa, no con la Justicia", enumeró Moyano.

El auditorio del cuarto piso estalló en aplausos y encendió un grito de guerra en las voces de los afiliados: "Si tocan a Moyano que quilombo se va a armar". Había bombos, banderas y una intención clara de amedrentar al periodismo.

El alegato de Moyano continuó con críticas con nombre propio. Disparó hacia la ex ministra de Salud Graciela Ocaña, una de las principales acusadoras del poder que construyó el sindicalista, y le apuntó, también, al diputado nacional Francisco de Narváez y al empresario Daniel Hadad.

En un arranque de entusiasmo, Moyano redobló la apuesta: "Parece que los dirigentes sindicales estamos únicamente para pelear salarios, manejar obras sociales y administrar hoteles de turismo. Se equivocan. Queremos llegar al poder. Ese es el objetivo".

Esta declaración del camionero hizo que sus seguidores saltaran eufóricos sobre las butacas. Los más osados le rogaban a los gritos que fuera presidente. Hasta que Moyano pidió silencio, y sentenció: "A los políticos les digo. No les tienen que tener miedo a los trabajadores. Queda en suspenso la medida de fuerza".

El asombro tomó por asalto a una multitud de seguidores y dirigentes que ya preveían cómo diseñar la logística para la movilización de protesta de pasado mañana.

Omar Viviani (Peones de Taxi), que a primera hora había amenazado con una huelga general del transporte, aseguró que la decisión de Moyano fue personal. E intentó poner paños fríos con un mensaje edulcorado hacia el Gobierno. "Somos parte del proyecto kirchnerista".

Moyano evitó someterse a las preguntas de la prensa y abandonó el auditorio, un salón que era un hervidero, que mantenía semejanzas con la atmósfera que se respira en una tribuna de fútbol. Es más, hasta se divisó a algunos barrabravas de Independiente y de Talleres de Remedios de Escalada.

Pero Moyano volvió a ocupar la escena central. Desde las escalinatas del gremio, vivado por unos 350 afiliados que cortaban la calle San José, Moyano lanzó más acusaciones: "Los gorilas y la televisión nos atacan porque no aceptan que los trabajadores tengan dignidad y que ganemos bien". Y prometió ante sus afiliados una mejora salarial: "Hay que ganar más. No está mal que el barrendero gane 5000 pesos".

Entre cánticos de apoyo, y rodeado de algunos dirigentes de la CGT y dos de sus hijos, Moyano cerró un día marcado por la tensión, en el que soportó presiones que lo obligaron a retroceder en su medida de fuerza por los avances de la Justicia en causas que aún lo tocan de cerca.

HORA POR HORA

11.40 La confederación de gremios del transporte anuncia que se sumará al paro convocado para el lunes por Moyano y los camioneros. Comunicó la decisión el taxista Viviani.

15.15 Comienza la reunión del consejo directivo de la CGT. Sin Moyano, sus aliados buscan apoyo unánime para la medida de fuerza. Empieza una febril negociación.

19.20 Con apoyo recortado, Moyano llama a una conferencia de prensa. Cuestiona a los medios y anuncia que dejará en suspenso el paro..

Nicolás BalinottiLA NACION
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