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Sólo la ficción de una tregua precaria

LA NACION
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Carlos Pagni
Sábado 19 de marzo de 2011
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La convocatoria a un paro con movilización hacia la Casa Rosada, que había realizado Hugo Moyano, corrió el velo durante 24 horas de las delicadas tensiones que atraviesan el kirchnerismo. Julio De Vido fue el encargado de negociar con el camionero la cancelación de una especie de golpe sindical, subliminal y fragmentario.

El acuerdo se alcanzó sobre la ficción consentida de que había habido un malentendido, ya que la justicia suiza no mencionaba en su exhorto investigación alguna sobre Moyano o la empresa Covelia SA. Es una tregua precaria. Los factores que determinan el enfrentamiento no fueron removidos. El principal de ellos es que nadie en el Gobierno puede o quiere extender a los gremialistas la inmunidad judicial que ellos –de Juan Zanola a José Pedraza, de Gerónimo Venegas a Moyano- pretenden arrancar con medidas de fuerza. Fue el problema central que se discutió ayer en la reunión de la CGT.

Aunque Moyano consiguió ayer replegar sus reflejos pavlovianos, al oficialismo le será imposible en adelante ocultar el mapa de fragilidades que quedaron a la vista.

La decisión de movilizar a sus desconcertados compañeros a la Casa Rosada, y no a los tribunales, o a la embajada suiza, es el gesto más relevante del arrebato de Moyano. Varios sindicalistas escucharon, con asombro y cierto agrado, las revelaciones privadas de un empresario del real estate , que en los últimos meses convive con el secretario general de la CGT: "«El Negro» ya me aclaró que, ante la menor amenaza, a Cristina se la lleva puesta". El miércoles pasado, el propio Moyano confesó a un grupo de delegados regionales de la central obrera: "Mi relación con la Presidenta y con De Vido no es la que era antes; está muy deteriorada".

Moyano vio en el exhorto suizo la amenaza que estaba esperando para avanzar sobre la Presidenta e, impulsivo, reaccionó. Detectó indicios de que la Casa Rosada estaba detrás de esta "persecución a los trabajadores". La Cancillería no le avisó de los papeles que habían llegado de Suiza. La información se divulgó a través de la burocracia de la Corte. Tampoco hubo aviso del sorteo judicial que recayó en Norberto Oyarbide, en una selección que para el camionero es muy sospechosa. Los gremialistas creen en la versión de que Oyarbide decidió la suerte de Zanola en una visita a Néstor Kirchner, en la que también le ordenaron cerrar la causa sobre el presunto enriquecimiento ilícito del matrimonio presidencial. Desde ese momento, cualquier resolución de ese magistrado es, para ellos, una resolución del Ejecutivo. Esa percepción se agravó en febrero, cuando se supo que, antes de pedir la detención de Venegas, el secretario de Justicia, Julián Alvarez, había almorzado con Oyarbide. Alvarez es el socio de Eduardo De Pedro, un integrante de La Cámpora que se ha convertido en uno de los principales interlocutores de la Presidenta.

Primitivismo

Con ese cóctel de señales en la cabeza, Moyano demostró que su inteligencia es inferior a su capacidad de presión. Lanzó el paro, anunció la movilización de los afiliados a su gremio y, para completar la caricatura de sí mismo, anunció también que tomaría los medios que informaran sobre sus pesadillas. Hay que entender ese primitivismo. Dicen quienes rodean a Moyano que, desde hace meses, está sometido a las angustiosas presiones de su mujer, la ambiciosa empresaria Liliana Zulet, investigada por Claudio Bonadio. Su hijo Pablo, además, atraviesa un pésimo momento. "Desde que enviudó, todos los problemas que tenía se han agudizado, ¿vio?", dice un gremialista que suele jugar con el suspenso. Algo de eso debe de haber, porque desde hace unas semanas Pablo ha sido sustituido por Facundo, el otro Moyano, en las escenografías camioneras. Así ocurrió ayer, durante la reunión de la CGT.

Hay un universo de significados que amplía la dimensión política del drama de los Moyano. Desde el corazón de Olivos, se vienen desplegando, como una especie de ambiguo histeriqueo, algunas agresiones larvadas contra el peronismo clásico. El menosprecio hacia los gobernadores, las colectoras con que se pretende acorralar al conurbano, la marginación de antiguos miembros del Gabinete, como De Vido, Aníbal Fernández o Julio Alak, son el contexto de la reacción irreflexiva del camionero. El ve la prisión de Zanola, Pedraza y Venegas como el capítulo sindical de esa embestida. De nada sirve que De Vido explique a los capitostes de la CGT que "los casos de esos muchachos son especiales, porque ellos tuvieron problemas con medicamentos o con las patotas". Contesta un gremialista: "Si nos quieren tranquilizar con ese argumento, nos ponen más nerviosos: todos nosotros podemos tener problemas con medicamentos y todos manejamos patotas". Estas tribulaciones que agitan al sindicalismo podrían canalizarse a través de Moyano y convertirse en una expresión de los pesares del PJ.

Arrebatos

El arrebato del líder de la CGT vino también a interrumpir una campaña de marketing que intentaba demostrar que la Presidenta ha recuperado tanto su imagen que podría conseguir la reelección prescindiendo del aparato oficialista. La mera amenaza de movilizar a sus barras a la plaza hizo que esa construcción se desvaneciera. La hipótesis de que el peronismo es la única agrupación capaz de disciplinar al gremialismo, gran argumento de la campaña oficial, quedó desde hace 48 horas desmentida.

El relámpago de esta crisis sindical volvió a desnudar patologías más generales. Otra vez, la sociedad argentina se entera de un delito local por una iniciativa externa. Sucedió igual con la carga de drogas trasladada en un avión de Southern Winds; con la valija de Antonini Wilson, que investigaron fiscales de Miami; con el narcojet de los Juliá. Nada que deba llamar la atención: el Gobierno ha ido anulando los mecanismos de control.

La tormenta prestó un pésimo servicio a la economía: no es una buena señal que se desate cuando se inician negociaciones salariales con una perspectiva inflacionaria del 30%.

Moyano consiguió también dotar a su estrategia de anteayer de un patetismo que sus precursores Pedraza y Venegas no habían alcanzado. Los camioneros no fueron convocados para defender a un dirigente por sus actividades sindicales, sino por su vinculación con una empresa. En este caso, Covelia SA. No es la primera vez que los Moyano se atan a las columnas del templo porque esta recolectora de residuos se ve afectada en sus intereses. Los intendentes de San Martín, Escobar, Lomas de Zamora, Lanús o Tres de Febrero saben que si se atrasan con el pago a Covelia, se exponen a que los residuos de sus municipios se acumulen en la calle sin que alguien los recoja.

Sería un error agotar el inventario de miserias que apareció con el pronunciamiento de Moyano sin advertir que, otra vez, el kirchnerismo demostró ser un enemigo de sí mismo mucho más feroz que la oposición. El Gobierno y la CGT ya desmontaron el ring sin que quienes los enfrentan hayan logrado formular siquiera una descripción de su sainete. Otra oportunidad perdida para los adversarios del oficialismo. Otra confirmación del viejo Séneca: "No hay viento propicio para quien no sabe adónde va".

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