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Envalentonados, los rebeldes pasan al ataque

A la espera del apoyo de los aliados, intentan recuperar la ciudad de Ajdabiya; máxima tensión en Benghazi, el bastión insurgente

Martes 22 de marzo de 2011
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Mayte Carrasco Para LA NACION

BENGHAZI.- Al grito de guerra "¡Allah u Akbar! [Alá es el más grande]", los rebeldes de Benghazi partían ayer a luchar en dirección de Ajdabiya, unos 150 kilómetros al sur de esta ciudad, bastión de la insurgencia.

"¡Zanga, zanga! A buscar al enemigo calle a calle", cantaban, mofándose de la frase que utilizó Khadafy para amedrentarlos. Amontonados en contados autos todoterreno, alzando al aire sus armas, se lanzaban a la lucha en grupos de 14 hombres, con más bravura que munición, enfrentándose al incumplimiento del segundo alto el fuego anunciado por el ejército libio desde que comenzaron los ataques de la coalición internacional.

"Había rumores de que la ciudad estaba liberada, pero cuando intentamos llegar, fuimos atacados con disparos de armas y artillería pesada de las tropas del régimen", explicaba a La Nacion Harem Hodairy, miembro de la Luna Roja libia, que intentó entrar en la ciudad y se vio sorprendido por el ataque.

Conectarse con los que partían a Ajdabiya era tarea imposible, ya que no funciona prácticamente ninguna línea telefónica en el este del país, salvo los móviles vía satélite. En la mañana de ayer, hubo un muerto y cinco heridos en este punto, donde no se veía ni rastro de los aviones de la coalición.

"Estamos esperando el apoyo aéreo, sin ellos no podemos avanzar", se quejaba un coronel desertor, Abdelmen Osman, ahora del lado de los rebeldes. Algunos rebeldes ignoran aún que Washington reiteró ayer que la operación militar internacional en marcha no tiene como misión apoyar a las fuerzas de la oposición si se involucran en operaciones ofensivas, sino simplemente la protección de civiles.

El frente de batalla se situaba a diez kilómetros de Ajdabiya, donde cientos de rebeldes cargaban las pocas baterías antiaéreas de las que disponen, además de algunos cohetes Katiuska para los más afortunados, mientras que otros iban armados con simples palas o cuchillos.

Algunos hacían prácticas de tiro por primera vez en su vida, en un ambiente de júbilo, disparando ráfagas de fusil al aire y con ánimos renovados desde que entró en escena la comunidad internacional.

"¡Muchas gracias por la ayuda! ¡Merci, Sarkozy!", gritaban al paso de los periodistas internacionales. "¡Queremos a Khadafy bajo tierra!", decía un rebelde. "¡De aquí a Trípoli, que nos espere toda la familia del dictador allí!", añadían otros, sonrientes y envalentonados, exhibiendo un signo de la victoria omnipresente.

Las fuerzas del dirigente libio se atrincheran no sólo en Ajdabiya, ciudad cuyo acceso por el Norte aún controlaban ayer, como pudo comprobar La Nacion, sino también en Misurata. Se trata en ambos casos de unidades del ejército libio que han quedado atrapadas y que evitan moverse para impedir ser atacadas por las ofensivas aéreas de la operación militar Odisea del Amanecer.

Los "turistas de guerra"

Mientras tanto, en el Este, a 30 kilómetros de Benghazi, una multitud venía ayer en masa a recorrer el cementerio de tanques de las tropas leales a Khadafy, que quedaron destrozados por los cazas franceses.

Familias enteras recorrían los vehículos, aún ardiendo y con restos humanos, sacando fotos y celebrando la victoria. "¿Cómo puede decir que es él que quiere proteger a la población? ¡Lo que quería era masacrarnos!", decía indignado un habitante de Benghazi, que llegó para curiosear.

Antes de la retirada de las tropas del régimen, el enclave convertido en la bestia negra del dictador sufrió el sábado una cruenta incursión en pleno centro de la ciudad, donde viven unos 600.000 habitantes. Fuentes del Consejo Nacional Libio dijeron a La Nacion que hubo un centenar de muertos.

La situación de seguridad sigue siendo muy delicada dentro de la ciudad, donde todavía deambulan grupos aislados de khadafistas que quedaron varados tras el ataque del sábado y que siguen activos. En algunos casos, se trata de francotiradores que disparan desde las azoteas contra la poca población civil que se atreve a salir a las calles, según algunos testigos. La ciudad entera está repleta de barricadas de todo tipo. Desde lavadoras, sillas, contenedores o hasta un barco... todo vale para los rebeldes que intentan frenar los vehículos sospechosos y detectar a los enemigos.

Los responsables de la ciudad aseguraron haber detenido ayer a 150 combatientes pro-Khadafy que habrían sido trasladados a una prisión, sin precisar cuál, según explicó Mohamed Omar Fannush, coordinador de los medios del Consejo Nacional Libio y miembro del Consejo local de Benghazi. Anoche todavía podían oírse disparos aislados muy cerca de ese edificio.

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