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Domingo 27 de marzo de 2011 | Publicado en edición impresa

Entrevista con Silvio Waisbord

"Los medios públicos deben estar regulados por el Congreso"

Especialista en medios y profesor de la Universidad George Washington, de EE. UU., Waisbord dice que el periodismo de calidad no es posible sin una relativa autonomía frente a las presiones comerciales, políticas e incluso del ciudadano común, que suele buscar en los medios la historia que él quiere escuchar
Laura Di Marco
Para La Nación

 
 
 

El periodismo en la Argentina es endeble como corporación. Y por eso no ha podido generar un contrarrelato eficaz frente al kirchnerismo que no sólo lo eligió como blanco, sino que metió, hábilmente, a todos los medios y periodistas en una misma bolsa, cuando en realidad se trata de un frente muy diverso", resume el sociólogo argentino Silvio Waisbord, especialista en medios y periodismo que vive en Estados Unidos y que en la actualidad enseña en la Escuela de Medios y Asuntos Públicos de la George Washington University.

No usa el término corporación al azar. Porque en la era K probablemente sea necesario redefinir ciertas palabras, sobre todo las que fueron más maltratadas por las tribunas del oficialismo militante. Palabras como corporación, monopolio, hegemonía, que hoy se han popularizado pero también distorsionado.

Waisbord, que es doctor en Sociología por la Universidad de California -se radicó en EE.UU. en 1987 y en los últimos años enfocó sus investigaciones hacia los efectos de los medios sobre las diversas audiencias-, estuvo de paso por Buenos Aires, donde llegó para dar una serie de charlas sobre los desafíos que enfrenta el periodismo profesional en la Argentina y la región en un momento en que la discusión en torno a la independencia del periodismo, la prensa militante y la comunicación política despierta pasiones.

"Corporación -define Waisbord- es cualquier grupo de personas unidas por un objetivo común, político, económico o profesional, que defiende sus intereses. No es ni bueno, ni malo. Y resulta llamativo que, en una sociedad tan corporativa como la argentina, el kirchnerismo haya logrado malignizar el término". Néstor Kirchner en vida y, en menor medida, Cristina, instalaron en la sociedad, además de términos, apellidos que antes eran sólo conocidos por el pequeño microclima político y periodístico. Hoy, sin embargo, en cualquier sobremesa familiar se habla del CEO de Clarín como si fuera un famoso o un pariente. O de los cruces protagonizados por algún periodista considerado opositor o del último escrache de 6,7,8 como si se comentara un Boca-River.

"Hay una militancia sobre los medios. Y así como la gente vota a tal o cual candidato, también elige un medio u otro", señala. Así, leer LA NACION, Clarín o Página 12, o ver TN en lugar de 6,7.8, son decisiones que forman parte de una toma de posición política. Y esto a su vez instaló preguntas nuevas: ¿existe el periodismo independiente? ¿Es legítima la existencia de un periodismo militante? ¿Con qué criterios operan realmente los medios privados? ¿Predomina una lógica puramente periodística o esa lógica queda absorbida por presiones comerciales y políticas, y hasta por las demandas de una audiencia polarizada que, en sí misma, exige sangre y su propia versión del mundo? Si el periodismo busca la verdad, ¿cómo se establece ese criterio?

"Transparentar esta situación es algo muy bueno -asegura Waisbord-, porque es una discusión que nos lleva a interrogarnos sobre qué modelo de periodismo es necesario para una democracia".

Durante la entrevista con Enfoques, diferenciará en todo momento a la prensa como institución comercial o pública -es decir, a la organización- del periodismo, entendido como la ocupación de los profesionales que producen información y noticias. Y será tajante en un concepto: "No hay periodismo de calidad sin una relativa autonomía frente a las presiones comerciales, políticas y del ciudadano común, que busca en los medios la historia que él quiere escuchar. Si hay un mal periodismo, es aquel que busca ser amado en vez de creído".

Waisbord ha dictado clases en universidades en América latina, Europa y Africa, y actualmente está trabajando en un libro sobre la globalización de la idea de "periodismo profesional".

-No habla de periodismo independiente, ¿no cree en él?

-No. Prefiero hablar de periodismo profesional, o de criterios profesionales operando dentro de los medios. No creo en la información aséptica y sí creo, en cambio, en la honestidad y la búsqueda de ecuanimidad; es decir, en una intención de mantener la autonomía frente a los intereses políticos y económicos y de confrontar la información, con datos y hechos, como un criterio de verdad. Definir un contenido con criterio profesional es decidir en base al interés de la gente, de lo que se debe saber en una sociedad, y no en base al interés de algún otro factor.

-El kirchnerismo ha sido eficaz comunicando la idea de que los medios tienen intereses y no son actores neutrales en el juego político. ¿En qué radica ese éxito comunicacional?

-Es un discurso que caló en ciertos sectores, incluso más allá del propio peronismo, porque engancha en la narrativa que existe en la cultura argentina. Se trata de una cultura arraigada de que no hay purismo, que siempre existen intereses creados, cosas que se esconden. Hay un descrédito de la transparencia. Por lo tanto, vamos a correr la cortina y vamos a ver si realmente es así. Por otra parte, la narrativa del kirchnerismo es exitosa en tanto no haya una contranarrativa igualmente exitosa que la cuestione. Y aquí claramente no la hay, ni de los periodistas, ni de los empresarios periodísticos, ni del relato político construido por la oposición.

-¿Y en cuánto influye el relato que hace una fuerza política de sí misma y del mundo en su éxito electoral?

-Cualquier proyecto político necesita hoy de un proyecto comunicacional muy claro para ser exitoso. Y quien tenga el relato más claro, que siempre debe ser simple, y con mayor llegada a la sociedad, será el grupo con mayores chances de ganar. Ocurre en Estados Unidos con los republicanos, que tienen el relato más exitoso. Durante casi diez años había un enemigo muy claro, que era el terrorismo; un actor muy malo que venía a invadir y a destruir y del cual había que defenderse. Casi no se habló de otra cosa. Y ese contexto le dio a Bush mucho oxígeno político. Los demócratas, en cambio, no tienen un relato tan eficaz, por inhabilidad o porque tienen una visión del mundo más compleja y difícil de comunicar sencillamente. Hay dos cosas a tener en cuenta para ganar la batalla comunicacional: primero, fijar el tema -ubicar en la agenda mediática un ítem del que todos hablen-, y luego, definir cómo se va a tratar ese tema. El seguro médico era un tema demócrata y así quedó fijado en la agenda, pero los demócratas no pudieron darle un marco propio. Les resulta difícil ganar ambas batallas.

-La película El Mural , financiada por el Incaa, cuenta la historia de Natalio Botana, el dueño de Crítica , que aparece como un poderoso malvado, capaz de controlar la opinión pública de los argentinos. ¿Tienen algún efecto este tipo de relatos?

-Cualquier discurso que entre en el público tiene que ser muy simple y directo. Tiene que tener personajes claros, buenos o malos, que son los ingredientes de cualquier narrativa popular. Un desarrollo puntual, para contar de dónde venimos como grupo político, hacia dónde vamos y por qué somos los buenos y tienen que apoyarnos. Lo demás son detalles.

-Hablando de malos y de enemigos, el kirchnerismo parece haber invertido la lógica de que el periodismo existe para hacer visible aquello que algún poder quiere ocultar. El relato K es al revés: el periodismo es el verdadero poder, que los quiere censurar a ellos.

-Ocurre que el populismo siempre se ubica como un contrapoder y se victimiza. Ese es su relato, y es muy eficaz por cierto. Hay una lógica de amigo-enemigo. Nosotros contra ellos; hay diferencias irreconciliables, y no digo que sea un discurso antidemocrático, pero la democracia presupone consensos. Y la lógica amigo-enemigo no encaja con eso.

-¿Y cómo o quién podría hacer un contrarrelato? ¿Sugiere un discurso igualmente fuerte que diga, con el mismo peso, que hay periodismo honesto y periodismo deshonesto?

-Por ejemplo. O periodismo interesado en el bien público y periodismo interesado en intereses particulares o empresariales. Que no es posible generalizar. Lo que ocurre es que el periodismo mismo es bastante endeble como para fijar una posición frente a lo que está ocurriendo. También sucedió que, junto con la llegada del discurso kirchnerista sobre los medios, había un cansancio, un hastío de buena parte del periodismo profesional -y no necesariamente alineado con el kirchnerismo- con la prensa como negocio empresarial. Esa insatisfacción llevó a una lectura de esa crítica del kirchnerismo como algo que no está absolutamente errado.

-Por eso hay periodistas enfrentados, unos con otros, como no se había visto antes en democracia.

-Sí, pareciera haber un frente interno quebrado y con poca autonomía frente a este debate? Pero, digamos que otra forma de contrarrelato es cuestionarse qué tipo de sociedad persigue la prensa militante, que de movida renuncia a la autonomía ¿Cómo se financia? Si se financia con dineros públicos, se da contra la lógica de un periodismo partidario, que no debería ser financiado con el dinero de todos. Por otro lado, dar información sesgada, enfocada más a la opinión y a la ideología que a los datos y a los hechos, tapona un debate democrático rico.

-¿Y qué sistema de medios sería el mejor, según usted?

-Lo más diverso y plural posible.

-¿Diverso y plural hacia adentro de un mismo medio o con respecto al sistema de medios de una sociedad?

-Con respecto a ambas cosas: hacia adentro de cada medio y de un sistema de medios en una sociedad. En un modelo ideal, una democracia debería apuntar a un sistema mixto, tanto en el sentido de lo público y lo privado, como de los posicionamientos ideológicos diversos. Sería una mezcla de lo que sabemos que son las fortalezas de los diversos tipos de periodismo: un sistema que tenga un corazón que sea lo más independiente posible del poder político y económico, al mismo tiempo que haya un periodismo más conservador o más progresista, dependiendo de cada tema a tratar. No me opongo a la idea de medio público, el punto es cómo se hace

-Hace poco, la agencia Télam pretendió decorar con el logo de Nestornauta la web de la página oficial, y antes salió un cable para todo el país con insultos hacia la oposición.

-Sí, bueno... En mi opinión, los medios públicos deben estar regulados por el Congreso, no por el Ejecutivo. No hay experiencia exitosa de un periodismo público de calidad que no respete este principio. ¿Por qué? Porque lo público debe representar a las distintas partes, que son justamente las que están representadas en un Parlamento. El punto es que para lograr esto no sólo tiene que haber fortaleza de los partidos, que hoy no existe en la Argentina, sino también convicción férrea de resistir a la lógica política. En América latina no existe esa tradición.

-¿Cómo es en otros países la prensa militante?

-Bueno, la cadena Fox no tiene pretensiones de neutralidad y es muy rentable. Es periodismo militante, claramente. En Europa también existe, pero convive con un sistema de radiodifusión pública plural.

-En los portales on line de los diarios se trenzan los K y los anti K y la noticia parece un detalle. ¿Cuán representativos de los lectores son aquellos que comentan on line ?

-La batalla campal entre unos y otros existe en todo el periodismo on line del mundo. Lo que hay que ver es, como decís, cuán representativo del público en general son estos comentarios. En general, la gente que consume los medios no está visiblemente ni de un lado ni del otro. Lo que ha generado el periodismo on line es una cámara de eco, que hace mucho más visible la voz de los militantes. Se transformó en un debate de gente altamente politizada, en algunos casos rentada, que está convencida de que lo que piensa es lo correcto y el resto está equivocado.

-¿Entonces no democratiza, no aumenta la participación cívica?

-No, soy bastante escéptico al respecto. Refleja un microclima que tiene su influencia, pero el nivel de debate es muy variable, por ser optimista. Algunas veces se acusa a los periodistas de no leer esos comentarios. Pero muchos dicen: ¿para qué voy a leer la catarata de insultos de gente que busca ganar el debate del día y que, en algunos casos, cobra por eso? ¿A quién tenemos que escuchar?

-En Estados Unidos, y en tiempos de campaña, los diarios blanquean su apoyo al candidato demócrata o al republicano. Muchos reclaman que aquí suceda lo mismo. ¿Funcionaría?

-No sé si sería necesario, la verdad. Hoy en día es muy claro dónde están posicionados los diarios frente a la prensa. No sé si es necesario que lo expliciten en un editorial, aclarando su posición frente a tal candidato o frente a tal política. Este conflicto lo que ha hecho es transparentar mucho dónde se posicionan la prensa y el periodismo frente a determinados temas.

-Además de la lógica comercial y la política, que usted señala como las dos principales amenazas para el desarrollo de un periodismo profesional de calidad, está la demanda de la audiencia. En un clima tan polarizado como el actual, ¿cómo se sostienen los grises en medios que además pugnan por atraer audiencias?

-Sucede que el mal periodismo, entre otras cosas, lo que busca es ser amado y no creído por su audiencia, por eso le dice eso que quiere escuchar o que previamente ya piensa. El mejor periodismo, en contraste, es el que desafía a su audiencia porque le muestra historias que no conoce, o visiones nuevas. O trata de sacarlo de su lugar de confort, donde la gente se siente bien.

-O sea que el mal periodismo también es populista?

-Demagógico, diría yo, sí. Trata de congraciarse. El periodismo nacionalista en guerra es así. Por ejemplo, dice: "Nosotros somos lo mejor; el enemigo es horrible".

-Pero en un medio comercial no es fácil aguijonear a la audiencia; mostrarles lo que no quieren ver. Como le hace decir Woody Allen a su protagonista femenina en su último film, ya que estamos con la metáfora de las películas: la verdad muchas veces no es bella.

-No es fácil en absoluto porque contradice la noticia deseada. Pero es como si llamaras a un arquitecto y le indicaras cómo tiene que construir tu casa sin tener en cuenta si tu deseo es factible o la construcción segura. Todo esto es muy complejo, pero la otra opción es que el periodismo no exista?

-Ah, eso le encantaría a muchos.

-O que sólo sea un mero instrumento de la lógica mercantil, política o la de los deseos que tiene la gente. Por eso, cuando hablo de un sistema plural y autónomo, también me refiero a la cualidad de un medio de no ceder a la tentación de seguir solamente lo que indica el humor del público.

© LA NACION

MANO A MANO

Acostumbrada a que últimamente cualquier conversación sobre la relación entre los medios y el Gobierno desate discusiones interminables, me sorprendió la parsimonia de cirujano con la que Silvio Waisbord explicó los desafíos que enfrenta el periodismo profesional en la Argentina, foco actual de su interés como investigador. Y no es que se manejara con conceptos light. No. Pero, mientras fijaba posiciones tales como el descreimiento en una verdad aséptica o en un periodismo independiente, su neutralidad emocional reforzaba aún más la consistencia de sus posiciones.

Lo entrevisté en San Telmo, en la sede de Fopea, foro que nuclea a periodistas, trabajadores de los medios, no empresarios, que se habían reunido para la conferencia informal de Waisbord. Las épocas son turbulentas para el ejercicio del periodismo y eso es palpable en cada encuentro de periodistas. Pero Waisbord ayudó a pensar, desde los datos y la calma.

Me tranquilizó escucharlo confirmar que no existe ningún estudio científico que corrobore ese folclore de que los medios pueden manipularlo todo. Y por otro lado, me resultó inquietante su conclusión de que una fuerza política fuera capaz de trazar un relato sobre el mundo y la prensa, más eficaz que los propios periodistas, sobre su propia profesión.

Siempre deslumbra -y tranquiliza- cuando, desde la reflexión académica, se le pueden poner palabras a los cambios de época y desmontar, con investigación, los prejuicios..

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