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El búnker de los héroes

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LA NACION
Viernes 25 de marzo de 2011
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Para Marcelo Bielsa, el exigente y obsesivo director técnico argentino, aquél era un lugar casi perfecto.

Literalmente enclavado entre dos pueblos, Hirono y Naraha, en la prefectura de Fukushima, el National Training Center J-Village resultaba más grande que ambos juntos y ofrecía todas las comodidades posibles -y más también- para que el seleccionado argentino de fútbol afrontara debidamente concentrado y entrenado el Mundial de Japón 2002, al que había arribado como favorito. Doce canchas reglamentarias, 90 habitaciones y un estadio interno con capacidad para 5000 personas eran datos más que concluyentes, aunque había que agregarles el confort apreciable a la vista y la ubicación privilegiada para los movimientos previstos: a Ibaraki, para debutar ante Nigeria, tres horas en ómnibus; a Sapporo, para el clásico ante Inglaterra, una hora y veinte minutos; a Miyagi, contra Suecia, una hora y cincuenta. Desde Iwaki, donde vivíamos la mayoría de los enviados, poco más de media hora manejando, a lo largo de los 30 kilómetros de la hermosa ruta 6, serpenteante entre la playa y la montaña?

Casi nueve años después, sólo basta recorrer los nombres de esas ciudades, de esos pueblos, ubicados todos sobre la costa nororiental de Japón, para comprobar que son los mismos que hace sólo unos días han temblado como nunca, en el peor terremoto de la historia del país, agravado todavía más por un tsunami devastador.

¿Qué habrá sido de aquel fabuloso complejo, en plena competencia custodiado por 85 celosos integrantes de la Policía Pública de Naraha y de la organización privada de seguridad Ozeki Keibi? ¿Qué habrá sido del gimnasio cubierto, donde se realizaban las conferencias de prensa, y al que los jugadores accedían por un pasillo decorado de lado a lado por 74 cuadros realizados por los alumnos de los colegios de la zona, con ellos mismos como tema? Recuerdo uno que llamaba la atención por su mensaje: estaba el perfil de Nakata (estrella local) de un lado, el de Batistuta (ídolo visitante) del otro y debajo la leyenda "Victory... Argentina".

Me cuentan, desde Japón, que aquel sitio que fue el búnker de los ídolos argentinos hoy es el búnker de los héroes japoneses: cerrado, se ha transformado en el cuartel general de los técnicos y bomberos que se ocupan, cada día, de enfriar el famoso reactor de la planta nuclear de Fukushima, ubicada a sólo 9 kilómetros de allí.

Hace sólo unos días, la periodista y traductora Chizuru Fujisaka de García, residente en la Argentina, me detallaba en un conmovedor mail la situación que se vivía en aquel lugar: "En la planta nuclear de Fukushima, donde todos los reactores están en peligro, estaban trabajando hasta ayer los 800 operarios para poder enfriar las corazas de los reactores. Eran 800 porque 70 entraban a enviar el agua para enfriar, y los otros 730 esperaban de relevo, ya que cuando entran al complejo se contaminan fuertemente. Cada uno entra con el medidor de radiación, y cuando el nivel de ésta llega al máximo autorizado para un caso de emergencia como éste, sale para ser reemplazado. Hoy ya quedan sólo 50 operarios que están en condiciones de entrar a trabajar, porque los 750 superaron el nivel de contaminación autorizado por la ley y no pueden volver a la planta".

Lo que tampoco volverá a ser como antes es ese J-Village que a Bielsa le parecía casi perfecto. Cuando todo termine, si termina, el nivel de radiación que ha recibido lo dejará definitivamente inutilizable. Será nada menos que el hermoso y conmovedor recuerdo de un sueño que, deportivamente, fue una pesadilla.

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