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Trípoli, la ciudad donde Khadafy aún es un líder popular

En las calles de la capital queda claro que allí está el último gran bastión del régimen

Viernes 01 de abril de 2011

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Mayte Carrasco Para LA NACION

TRIPOLI.- "Allah, Libia y Khadafy, eso es todo lo que queremos." Son las palabras de Mohamed, un habitante de Trípoli que conduce un auto con una bandera verde colgada del retrovisor y un gran retrato de Khadafy bien visible en el parabrisas. "No hay ningún problema aquí", añade, antes de subir la música a todo volumen con canciones de exaltación patriótica que invitan a la unidad de Libia, dando palmas al mismo tiempo con una gran sonrisa.

Las calles de la capital están tomadas por los símbolos pro Khadafy, desde banderas verdes hasta la omnipresente fotografía del "máximo líder", como lo llaman aquí, colgada en las puertas de los hospitales, los edificios públicos y las plazas, posando con diferentes posturas y distintos fondos.

En los vehículos suena a todo volumen el sonido de la radio nacional, con canciones que convocan a la unidad y a la venganza. Son alegres, cantadas por hombres en su mayoría, con voz profunda y seria. El "Zanga zanga" está en el top ten , un ritmo pegadizo entre latino y árabe, que retoma las palabras del discurso de Khadafy en los primeros días del conflicto.

La letra, que invita a buscar callejón por callejón y esquina por esquina a todos los rebeldes para acabar con ellos, se convirtió en un ringtone muy popular que anuncia la entrada de cada llamada con la voz real de Khadafy.

Aquí todo es verde. Los muros de las casas, las persianas de los comercios, las banderitas en los extremos de los fusiles Kalashnikov que exhiben los jóvenes de las milicias, instalados durante el día en pequeñas tiendas en el centro de algunas plazas, y muy presentes y visibles en los controles que hay dispersos en las calles de toda la ciudad, más agresivos que los policías o los militares. Registran los autos a fondo y piden documentación, y algunos de ellos retienen a los occidentales que encuentran subidos en taxis, por algunas horas incluso, hasta que llega un oficial del Ministerio de Información.

Cientos de periodistas están invitados oficialmente por el régimen para contar la otra realidad. La gran mayoría se encuentran hospedados en el Rixos de Trípoli, un hotel de lujo transformado en prisión de oro con todas las comodidades. Fuera de estas murallas, para la prensa la libertad de movimiento está restringida.

También está prohibido grabar en la calle sin la compañía de un controlador del régimen, que organiza viajes para llevar a los periodistas de excursión.

La última fue a la ciudad de Sirte, donde los medios internacionales llegaron cuando había calma y la situación estaba retomada por las fuerzas leales al régimen de coronel Khadafy.

La artillería propagandística es constante. Ayer, el régimen organizó una conferencia de prensa en el Rixos en la que hablaron brevemente ante las cámaras dos hombres y dos mujeres que participaban en la manifestación para la paz que se dirigía el 27 de marzo hacia Benghazi y sufrió de cerca, según la versión oficial libia, el bombardeo de la coalición internacional en las proximidades de Ben Jawad.

"Nos encontramos con las milicias rebeldes, que no nos trataron muy bien. Nos metieron en un local y temimos por nuestra vida. Gracias a Alá, nos rescató el ejército libio", dijo Jamalad Asfarjani, presentada como una activista pacifista.

Luego tomó la palabra Ahmed Assair, que llevaba el retrato de una supuesta víctima, asesinada a tiros durante su huida de Ben Jawad. Sin muchos detalles y con la sola prueba de una foto del supuesto mártir, aseguró que más adelante ofrecería a la prensa pruebas gráficas del ataque.

Ambiente peligroso

El ambiente nocturno de Trípoli es poco recomendable y peligroso. Durante la noche, los checkpoints están monopolizados por jóvenes de las milicias pro Khadafy, fuertemente armados.

La situación en el oeste del país es similar a la de la capital. En el trayecto desde la frontera de Ras Ajdir, al oeste de Trípoli, la ruta está tomada en su totalidad por el ejército libio, las milicias y la policía. Sólo en Zwara, la ciudad más cercana a Túnez, eran visibles los signos de combates en algunos edificios.

En las proximidades de la capital, casi cada medio kilómetro hay un checkpoint . Al llegar a Zawiya, ciudad rebelde que sufrió semanas de combates y fue recuperada con brutalidad por las fuerzas del régimen, el control es férreo.

En el tramo de salida de la ciudad, dos milicianos desviaron al ómnibus de periodistas que nos trasladaba hasta la capital hacia una ruta secundaria, señal de que no controlaban todo el camino. De noche, el vehículo apagaba las luces para llegar a los numerosos checkpoints y encendía las interiores, repitiendo el letargo sahafa , sahafa ("prensa, prensa") para que nos dejaran pasar.

En el hotel Rixos, el vocero del régimen, Moussa Ibrahim, dio una conferencia de prensa ayer para explicar que Moussa Koussa está descansando y curándose de una enfermedad. Fue toda la explicación que ofreció sobre la embarazosa deserción del ministro de Relaciones Exteriores, otrora jefe de los servicios secretos libios y conocedor de sus grandes secretos.

"Cuando se recupere, puede volver cuando quiera", dijo el vocero.

Ante las preguntas de una periodista de Al- Jazeera sobre la posible deserción de otros cuatro miembros del gobierno, dijo que no les seguía la pista a los cientos de cargos oficiales y aventuró que, si estaban de viaje, podían haber salido del país "en alguna misión". Así, evitó pronunciarse sobre una desbandada generalizada que evidenciaría la fragilidad del apoyo del entorno de Khadafy.

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