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Historias centenarias del jardín

Sábado 02 de abril de 2011
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LA NACION
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DIRECCION Y PUESTA EN ESCENA: ANA PADILLA LLIBRO:ILEANA LEDESMA INTERPRETES: GASTON URBANO, SERGIO VIGO, CECILIA LOHRMANN, CAROLINA BARRERA, RODRIGO PEIRETTI Y ANA PADILLA LMUSICOS:TIZIANO BRUNELLO, PABLO PESCI, FERNANDO FRUFAL, NICOLAS MEDICI Y ALEJANDRO BENIGNI STAGE MANAGER: CARLOS FERNANDEZ PRODUCCION GENERAL: CAROLINA URIARTE LESPACIO:AL AIRE LIBRE, EN EL JARDIN BOTANICO, SANTA FE 3951 ENTRADA: LIBRE Y GRATUITA FUNCIONES: SABADOS, A LAS 17. Nuestra opinión: buena

Te dicen esto: una recorrida teatral por el Jardín Botánico... Hum... Dudás. No siempre estos espectáculos temáticos son atractivos. Por eso emprender un recorrido con estas Historias centenarias del j ardín es una grata sorpresa. Allí uno se entera de la historia del lugar, pero no a partir de un relato didáctico, sino de espacios narrados entre historias que van recorriendo el período de vida del Jardín Botánico. Hay que ir a buscar una entrada temprano, hacer la fila un ratito y entrar. Allí los espectadores son recibidos por una agradable banda de músicos, cuyo vestuario propone un viaje al pasado, concretamente a los últimos años del siglo XIX. Luego, un actor interpreta a Carlos Thays, fundador y creador del Jardín Botánico porteño. Además de contar un poco su historia, propone un paseo por la historia. La excusa perfecta como para recorrer un pequeño circuito de los casi 70.000 metros cuadrados del lugar. El horario elegido es ideal: el atardecer. Eso se vuelve un marco espléndido y, por momentos, furioso para estos relatos.

En el primero, situado en 1898, un muchacho de clase baja se encuentra en una cita furtiva con la hija de su patrón, perteneciente a una clase más acomodada. Hay amor, pero ese amor puede ser casi imposible por aquellos años. El prejuicio de ella es tan fuerte, como la paciencia de él, que promete esperarla allí cuanto tiempo sea necesario.

El Jardín Botánico es célebre también por sus grupos escultóricos únicos. Por eso el siguiente personaje es una estatua parlanchina que se queja porque le tocó la peor posición y la peor mueca. Luego, pasando por los años 70, la autoridad, la represión y la prepotencia se hacen presentes en la figura de un militar, y luego, en la figura de una madre que aún busca una respuesta, un cuerpo para enterrar, el del hijo al que llevaba a jugar al jardín. Finalmente, todo termina como al principio, pero con dos personajes actuales en situación similar (tal vez, ésta sea la situación más floja). Los relatos son sencillos, sin rebusques dramatúrgicos, pero bien resueltos y funcionales a la propuesta. Hay un equilibrio de climas: se pasa desde lo pintoresco, al humor y al drama. Aunque, finalmente, la espléndida dirección de Ana Padilla brinda un final a toda orquesta y baile. El elenco es algo heterogéneo, pero se destacan los trabajos de Cecilia Lohrmann, una simpatiquísima estatua, y una escena conmovedora que lleva a cabo Ana Padilla, como la madre. Es una propuesta ideal para pasar un buen rato en el fin de semana, para disfrutar de la naturaleza y pasar un buen rato escuchando y viendo historias.

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