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Entre los pocos amigos del coronel, lealtad y dinero

Las inversiones de Khadafy en Africa pueden brindarle seguridad

Miércoles 06 de abril de 2011

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Silvia BlancoEl País

MADRID.- El 19 de marzo de 2008, Muammar Khadafy viajó a Kampala, en Uganda, para inaugurar la mayor mezquita de Africa subsahariana, capaz de albergar a 30.000 fieles. La pagó Libia y se llama Mezquita Nacional Khadafy. El coronel organizó el acto a su manera. Pagó el viaje a docenas de jefes tribales y líderes religiosos de países tan lejanos como Paquistán o Malasia; fletó un vuelo especial para 80 periodistas egipcios, y habló una hora ante 10.000 personas.

Como en la mezquita, Khadafy diseminó dinero en los últimos 20 años por 21 países del continente para invertir en negocios y proyectos muy dispares mientras forjaba alianzas y ganaba notoriedad e influencia en Africa. También sembró recelos.

La Unión Africana (UA), en cuya creación hace una década Khadafy desempeñó un papel decisivo, es el marco político en el que desplegó su liderazgo, aunque con resultados ambivalentes. Tanto como la postura de la UA ante la decisión de la ONU de intervenir Libia.

Amenazado por la comunidad internacional y por los rebeldes, el coronel se encontró con una UA vacilante y dividida. La organización expresó su rechazo hacia la resolución 1973, pero los tres países de la UA que están en el Consejo de Seguridad de la ONU, Sudáfrica, Nigeria y Gabón, votaron a favor de la zona de exclusión aérea.

Ahora que Londres busca la salida de Khadafy, quizá la UA pueda prestar alguna ayuda para encontrar un país que acoja al coronel. La semana pasada, Uganda dijo que consideraría la petición de asilo de Khadafy.

El coronel solicitó ayuda a algunos países africanos; son sus últimos amigos. El viraje de su política exterior hacia el panafricanismo fue germinando en los noventa después de que los líderes árabes le dieran la espalda cuando la ONU sancionó a Libia por su responsabilidad en el atentado de Lockerbie.

Khadafy fue tejiendo sus ambiciones en el continente con la voluntad panafricanista de varios presidentes. De paso, era una manera de soltar el lastre de la poco operativa Organización para la Unión Africana (OUA), conocida como el "club de los dictadores".

El 9 de septiembre de 1999, el coronel organizó una reunión de los 53 países de la OUA en su ciudad natal, donde se firmó la Declaración de Sirte, el embrión de la actual UA.

Además, a través del fondo estatal Libyan Arab African Investment Company (Laaico), Khadafy invirtió dinero en 20 países. Tiene la mitad de las acciones en una empresa de minas de diamantes en la República Centroafricana; un complejo de villas de lujo en Zambia; una empresa de pozos de agua para la agricultura en Etiopía; inmuebles en Liberia; una planta de agua mineral, una empresa textil y un complejo comercial y residencial en Chad, y terrenos y el 40% de una cadena hotelera en Sudáfrica.

Para "contribuir al desarrollo de los países africanos", la Lap Green Network (del Libya-Africa Investment Portfolio), desde 2006, se expandió en las telecomunicaciones en Níger, Ruanda, Uganda, Costa de Marfil, Sierra Leona, Sudán, Chad y Togo.

Las inversiones también calaron en la calle. La semana pasada hubo manifestaciones a favor del coronel en Kampala, cuenta Frederick Golooba-Mutebi, del Makerere Institute of Social Research en Uganda. "Son puestos de trabajo. La gente ve a Khadafy como uno de los nuestros y rechaza la intervención extranjera", explica. Pero en su conversión al panafricanismo, Khadafy cometió un error que creó un fuerte recelo en pares de la UA. Se entusiasmó demasiado con la causa y buscó un papel hegemónico. En 2008, juntó a 200 jefes tribales de Africa y se hizo coronar "rey de reyes".

Dada la complejidad de las relaciones de Khadafy con los países de la Unión, no es difícil comprender el poco éxito de la UA, de momento, para adoptar una postura decidida y mediar ante la intervención en Libia.

© El País SL

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